En junio de 2026, los flujos de capital hacia los mercados emergentes continuaron mostrando un comportamiento negativo, aunque con una marcada divergencia entre las clases de activos, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).
El total de flujos de cartera hacia estos mercados al sexto mes del año se situó en un valor de -$17.800 millones, una cifra que, si bien representa una mejora frente a los -$25.200 millones de mayo, refleja una continua presión sobre los activos emergentes.

Además, la dinámica de junio se caracterizó por un fenómeno de compensación: mientras la renta variable sufrió fuertes salidas, la deuda actuó como un amortiguador.
Los flujos de deuda (renta fija) hacia los mercados emergentes se aceleraron significativamente, alcanzando $28.300 millones, frente a los $10.000 millones registrados en mayo.
Los inversores mostraron una disposición continua a prestar a los mercados emergentes donde el carry trade, la calidad crediticia y la resiliencia externa fueron evaluado como adecuados.
De hecho, la emisión soberana fue robusta, alcanzando aproximadamente $170.000 millones en el primer semestre, con cerca de $20.000 millones emitidos solo en junio por países como México, China, Letonia y Bahréin.

Por el contrario, las salidas de capital en renta variable se profundizaron hasta los $46.100 millones, frente a los $35.200 millones de mayo. Este fue el segundo mes consecutivo de grandes desinversiones en acciones, presionadas por tasas de descuento globales más altas, la incertidumbre sobre China y una menor confianza en las ganancias corporativas.
Principal foco de debilidad se vio en Asia; América Latina fue resiliente
El comportamiento geográfico fue desigual, con Asia y particularmente China ejerciendo la mayor presión a la baja sobre el agregado de los mercados emergentes.
Asia emergente fue el principal foco de debilidad, registrando salidas totales de $27.000 millones. Aunque la región captó $13.500 millones en deuda, esto fue totalmente eclipsado por salidas masivas en renta variable de $40.500 millones.
Particularmente China experimentó un cambio drástico, pasando de ser un apoyo en mayo a un lastre en junio. Las acciones chinas sufrieron salidas de $14.000 millones (un giro de $22.100 millones respecto al flujo positivo de mayo), mientras que su deuda continuó en terreno negativo con $3.700 millones.
Por su parte, América Latina se mantuvo comparativamente resiliente con entradas totales de $2.700 millones. La región se benefició de una combinación atractiva de carry, exposición a materias primas e historias de tasas reales altas, atrayendo $5.100 millones hacia su deuda, a pesar de salidas moderadas en renta variable de $2.400 millones.
Finalmente, Europa emergente y la región del Medio Oriente y norte de África) registraron flujos positivos de $3.700 millones y $2.900 millones, respectivamente. Al igual que en otras zonas, la demanda de deuda compensó la debilidad de las acciones.
De acuerdo con el Instituto de Finanzas Internacionales, la resiliencia de la deuda se explica porque la renta fija de los mercados emergentes sigue ofreciendo rendimientos atractivos (carry) en un momento en que muchos inversores aún tienen una baja asignación a este activo.
Los mercados locales continúan atrayendo demanda donde las tasas reales son altas y la credibilidad de la política monetaria está intacta.

Sin embargo, para la entidad esta estabilidad es frágil, pues la reciente volatilidad en los precios del petróleo, que mostró picos a principios de julio, junto con la posibilidad de una política monetaria más restrictiva por parte de una Reserva Federal más inclinada al aumento de tasas de interés, podrían comprometer los flujos futuros.
Dado que el aumento de los precios del crudo eleva la inflación y la carga externa para los importadores, y una FED más agresiva eleva el umbral de rentabilidad exigido para el riesgo emergente, la liquidez del dólar podría endurecerse y testear la resistencia de la deuda en los próximos meses, según el IIF.
—




