Esta semana se cerró el capítulo de las elecciones presidenciales, las campañas y los alegatos por los resultados de la segunda vuelta, que dejaron a Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030. Pero también se abrió otro capítulo, quizás más importante: el de lo que está por venir.
Los primeros movimientos del presidente electo estuvieron marcados por el respaldo de líderes de la derecha internacional. Recibió mensajes de felicitación del presidente Donald Trump, de congresistas estadounidenses y del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, con quien además anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Pero, mientras avanza la agenda internacional, en el círculo interno empieza a tomar forma el gabinete ministerial.
El movimiento político de Abelardo de la Espriella, conocido como «los nunca», fue presentado inicialmente como una apuesta independiente y outsider. El concepto central de su narrativa consistía en agrupar a ciudadanos cansados de la corrupción tradicional —»los nunca»— y evitar alianzas con la llamada clase política tradicional. Sin embargo, pese a ese discurso de independencia, el gobierno de los «nunca» terminó con los de «siempre» y recibe el respaldo de clanes políticos regionales y de maquinarias tradicionales como la casa Char.
También comenzaron a alinearse los partidos. El Centro Democrático y las bancadas de Senado y Cámara de Cambio Radical se declararon partidos de Gobierno y anunciaron su respaldo al presidente electo.
Además, anticiparon la presentación de varios proyectos legislativos en materia de salud, economía, mujeres y empleo.

Foto: Valora Analitik.
«Los congresistas de Cambio Radical acompañarán las reformas y proyectos que permitan avanzar en seguridad, crecimiento económico y bienestar social, trabajando de manera articulada con el nuevo Gobierno para responder a las necesidades de los colombianos», indicó el partido.
Se espera que otras colectividades también se sumen. Entre ellas, buena parte del Partido Liberal, que tiene a una de sus principales figuras, Mauricio Gómez Amín, dentro de la primera línea del nuevo gobierno.
El nuevo presidente designó a Rodrigo Lara como nuevo ministro del Interior y durante esta semana comenzaron a sonar varios nombres para terminar de integrar el gabinete ministerial.
Uno de los pocos nombres prácticamente confirmados es el de Mauricio Gómez Amín. El propio De la Espriella lo mencionó públicamente como un integrante seguro de su equipo. Fue su jefe de debate y cuenta con una amplia trayectoria en el Congreso por el Partido Liberal: fue edil, concejal, representante a la Cámara y es senador desde 2018.
Aunque inicialmente fue mencionado para el Ministerio del Interior, habría manifestado su preferencia por la cartera de Comercio, Industria y Turismo.
Para el Ministerio de Defensa también suena con fuerza María Fernanda Cabal, recién salida del Senado y una de las figuras más representativas del Centro Democrático. Su perfil de línea dura en materia de seguridad encaja con una de las principales promesas de campaña de De la Espriella.
El presidente electo también cuenta con un círculo cercano de abogados penalistas que lo acompañaron durante la campaña y conocen el funcionamiento del sistema judicial desde dentro. Entre ellos figuran Germán Calderón España, Iván Cancino, el exviceministro de Justicia Camilo Rojas, Carlos Alonso Lucio y Viviane Morales.
Además, tendrá que reservar algunos nombres para cuando llegue el momento de presentar la terna para fiscal general de la Nación.
En su círculo político más cercano también aparecen Elsa Noguera, Efraín Cepeda, el exgobernador de Cundinamarca Nicolás García, entre otros.
Sin embargo, la conformación del gabinete es apenas una parte del rompecabezas. La verdadera gobernabilidad de Abelardo de la Espriella dependerá de dos frentes: las mayorías que logre consolidar en el Congreso y la capacidad de los contrapesos institucionales.
El Congreso, el primer examen
Buena parte de las propuestas del nuevo presidente dependerán del respaldo legislativo. El Pacto Histórico, con 25 senadores, fue la primera fuerza política en declararse en oposición. A ellos se suma la curul del senador Iván Cepeda y en la Cámara de Representantes, Aida Quilcúe.
La representante Jennifer Pedraza hizo un cálculo preliminar sobre la correlación de fuerzas en el Legislativo. Según sus cuentas, la oposición partiría con cerca del 26 % del Congreso entre Senado y Cámara, mientras que la mayoría de los partidos tendrían representantes o aliados dentro de la campaña de De la Espriella.
Pedraza sostiene que, al sumar los congresistas del Centro Democrático, los del Partido Liberal —que, según ella, probablemente se declarará de Gobierno por la cercanía de Mauricio Gómez Amín con el presidente electo—, los conservadores, el Partido de la U y Cambio Radical, el nuevo mandatario tendría una mayoría suficiente para impulsar buena parte de su agenda.
Los contrapesos institucionales
Un muro de contención para todo presidente que llegue a la Casa de Nariño en Colombia es la institucionalidad, en la que las altas cortes, el Congreso, Consejo de Estado y el Banco de la República han servido históricamente como contrapeso.
La Corte Constitucional seguirá siendo uno de los principales frentes a cualquier intento de concentración de poder.
Durante su mandato, el nuevo presidente podrá nominar dos de los nueve magistrados de la corporación. El periodo de Paola Meneses, nominada por Iván Duque, vence en diciembre de 2028. También dejará el tribunal Héctor Carvajal, nominado por Gustavo Petro, al cumplir la edad de retiro forzoso.
Allí el presidente electo podrá poner a dos figuras que le ayuden en su visión de país. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que los magistrados nominados por un presidente no necesariamente terminan actuando como fichas del gobierno que los postuló.
Si De la Espriella logra completar esos nombramientos, también podría contar con el respaldo de Carlos Camargo e influir posteriormente en el reemplazo de Jorge Enrique Ibáñez y, más adelante, en el de Natalia Ángel Cabo, cuyo periodo termina en diciembre de 2029.

Aun así, incluso si lograra que las cortes y el Senado eligieran magistrados cercanos a su visión, una mayoría claramente favorable solo se consolidaría hacia los últimos meses de su mandato.
Ese equilibrio institucional será determinante para revisar la constitucionalidad de los estados de excepción, los decretos, las reformas a la justicia, las políticas de seguridad, la JEP, la consulta previa, el fracking y otras propuestas.
Ahora bien, el presidente ya movió su tablero. Justo después de recibir la credencial del Consejo Nacional Electoral, el nuevo mandatario tuvo una reunión “informal” con los presidentes de las altas cortes.
“Durante el diálogo reiteró su compromiso con una justicia independiente, instituciones fuertes y el respeto irrestricto por la Constitución y la ley”, señaló el equipo del abogado.





