El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, comenzó su presentación ante el Congreso de este 22 de abril con una defensa de la meta de inflación, también conocida como esquema de inflación objetivo.
En su declaración ante el Congreso, afirmó que este “no fue un invento de Colombia”, sino que comenzó con países como Nueva Zelanda e Inglaterra, pero se replicó en decenas más de naciones en Europa, África, Asia y América Latina.
De hecho, sobre este último grupo, señaló que las tienen prácticamente todos los países grandes y medianos, como México, Brasil, Colombia, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, entre otros.
Y añadió: “Algunos no (…), por ejemplo, Venezuela no sigue esta estrategia. Venezuela tiene un banco central que depende totalmente del Gobierno, que no sigue una estrategia de inflación objetivo y tiene hoy una inflación muy muy alta”.
Así mismo, citó el caso de Argentina, que “llegó a tener una inflación enormemente alta y en este momento está en un proceso de ajuste difícil, en el cual (…) el proceso de la reducción de la inflación no se puede hacer con una estrategia de inflación objetivo, porque el núcleo de esta es la credibilidad”.
Meta de inflación, salario mínimo y guerra en Irán
De otro lado, el gerente del emisor afirmó que a finales de 2025, las expectativas de inflación para 2026 «empezaron a elevarse y presentaron un aumento particularmente fuerte (…) cuando se anunció el aumento del salario mínimo de las dimensiones que ustedes conocen«.
En cuanto a las cifras de IPC de marzo de este año -las más recientes- Villar anotó que al revisar el dato sin bienes o servicios regulados, se encontró que ha aumentado desde 4,8 % a noviembre del 2025 a 5,8 % en la actualidad.
En el reporte ante el Congreso, el gerente del BanRep también señaló que la guerra en Irán genera varios coletazos en la economía colombiana. Por un lado, le podría generar mayores rentas petroleras y fiscales, debido al alza del precio internacional del crudo a niveles de entre US$90 – US$100.
No obstante, también dijo que habría un impacto en precios de la gasolina y en los alimentos, especialmente a través de lo que pueda pasar con los valores de los fertilizantes.
«Esto es una mala noticia y, por supuesto, la política monetaria no puede cambiar este hecho (…), pero lo que sí nos pone es en una alerta mayor», anotó.




