El 43,4 % de las mujeres en Colombia están en alta dirección, pero solo el 13,2 % lidera como CEO: U. de San Buenaventura

Colombia ha logrado la entrada a cargos estratégicos, pero todavía no rompe del todo el cerco en presidencias ejecutivas y órganos de gobierno corporativo.

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De acuerdo con un informe de la vicerrectoría académica de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, Colombia llega al 8 de marzo con una paradoja que hoy merece más atención en el mundo empresarial. El país registra 43,4 % de participación femenina en puestos de alta dirección, una cifra que lo ubica por encima del promedio global de 32,9 % y del promedio de Suramérica de 37 %. Sin embargo, ese avance no se refleja con la misma fuerza en los espacios donde se concentra la máxima capacidad de decisión dentro de las compañías.

Ese contraste revela cómo se está redistribuyendo, o no, la capacidad de mando dentro de las organizaciones. En otras palabras, Colombia ha logrado ensanchar la entrada a los cargos estratégicos, pero todavía no rompe del todo el cerco en presidencias ejecutivas y órganos de gobierno corporativo.

Para Viviana Marín, vicerrectora académica de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, autora del informe, una parte de la explicación está en el cambio de enfoque dentro del sector privado. “En muchas empresas la conversación dejó de ser únicamente reputacional y empezó a verse como una decisión de competitividad”.

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Mujeres. Foto: tomada de Freepik

Esa lectura coincide con la encuesta de diversidad, equidad e inclusión de la ANDI, según la cual la participación femenina en cargos de primer nivel pasó de 33 % en 2019 a 39 % en 2026, mientras en juntas subió de 25 % a 38 %. Además, 80,4 % de las empresas consultadas reportó contar con estrategias en esta materia.

También pesa la estructura del mercado laboral. En el país, una parte importante del empleo femenino se concentra en comercio, educación, salud, administración pública y otros servicios, sectores que suelen alimentar la cantera de liderazgo en muchas organizaciones. Esa base más amplia ha permitido que más mujeres acumulen experiencia y trayectoria suficientes para disputar posiciones de mando. En cambio, ramas como minería, construcción, transporte, energía y varias actividades industriales siguen mostrando menores ritmos de avance, en parte porque históricamente han tenido menor presencia femenina desde la base.

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Donde el liderazgo femenino aún encuentra más resistencia

La vicerrectora académica explicó que, “cuando empiezan a existir referentes femeninos visibles, el liderazgo deja de verse como una excepción y empieza a consolidarse como una ruta real de carrera para muchas más mujeres”.

El punto es clave porque ayuda a leer el fenómeno más allá del dato aislado. No se trata solo de cuántas profesionales ya llegaron, sino del efecto que esa presencia tiene sobre las trayectorias de quienes vienen detrás.

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El país registra 43,4 % de participación femenina en puestos de alta dirección. Foto: Pexels

En esa línea, el informe Women in Business 2026, de Grant Thornton, destaca que Colombia ya no registra, entre las empresas encuestadas, equipos directivos completamente masculinos. Eso no significa que la brecha haya desaparecido, pero sí que la visibilidad dejó de ser excepcional.

De hecho, el informe mostró que la participación femenina en juntas directivas de emisores de valores llegó a 25,6 % en 2025, el mayor nivel observado hasta ahora. Aun así, 24 emisores, equivalentes a 18,6 %, seguían sin una sola mujer en esos órganos. Más diciente todavía es el dato sobre presidencias ejecutivas: solo 17 emisores, es decir 13,2 %, tenían una mujer como CEO.

“El país ha mostrado avances en la participación femenina en juntas, pero no al mismo ritmo en las posiciones de máxima dirección”, advierte Marín.

La base del mercado laboral también recuerda que el punto de partida sigue siendo desigual. Según el DANE, en 2025 la tasa de ocupación fue de 46,7 % para las mujeres, frente a 71,4 % para los hombres. En desocupación, la brecha también persistió: 11,4 % para ellas y 7 % para ellos. Eso implica que el problema no empieza en la junta directiva, sino mucho antes. Si la entrada al empleo ya es más estrecha, el flujo de talento que llega a la cima termina siendo también más reducido.

Frente a ese panorama, Marín insiste en que los mayores resultados aparecen cuando el tema deja de ser discurso y se convierte en gestión. “Las políticas que mejor funcionan son aquellas que dejan de tratar el tema únicamente como un discurso y lo convierten en gestión concreta”.