En Colombia, las cesantías son uno de los principales ahorros de los trabajadores formales. Este beneficio, obligatorio por ley, funciona como un respaldo económico en caso de desempleo, pero también puede utilizarse —bajo condiciones específicas— para educación o adquisición de vivienda.
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Para miles de familias, este recurso es clave para avanzar en proyectos como la compra de casa o lote, lo que lo convierte en un instrumento fundamental dentro de la economía del hogar.
Sin embargo, en la práctica, acceder a estos recursos no siempre es automático. Muchos trabajadores enfrentan obstáculos cuando solicitan retiros parciales, especialmente cuando las empresas interpretan de forma restrictiva las normas.
En ese escenario, un reciente fallo del Tribunal Superior de Medellín pone claridad sobre hasta dónde pueden llegar los empleadores y qué pueden hacer los trabajadores cuando se les niega este derecho.
El caso analizado por la Sala Séptima de Decisión Laboral gira en torno a un trabajador de Postobón que solicitó el retiro parcial de sus cesantías —por un saldo de $6.116.845— para la compra de un lote en Santander, dentro de un negocio valorado en $60 millones.

La empresa negó la autorización argumentando que el inmueble no sería destinado a vivienda, debido a su ubicación en un departamento distinto al lugar de residencia y trabajo del empleado.
El Tribunal fue claro en su análisis: aunque el empleador tiene la facultad de verificar la documentación, no puede ir más allá de lo que establece la ley.
De hecho, la sentencia enfatiza que “el empleador no puede supeditar la autorización de la cesantía a que se verifique una ocupación inmediata del inmueble” ni exigir coincidencia geográfica entre el lugar de trabajo y la propiedad a adquirir.
En ese sentido, el fallo establece un límite relevante: la verificación empresarial debe ser objetiva y documental, no basada en suposiciones o valoraciones sobre el proyecto de vida del trabajador.
El alcance legal: qué sí puede y qué no puede hacer la empresa sobre las cesantías
La decisión se apoya en normas clave como la Ley 50 de 1990 y el Decreto 1072 de 2015, que permiten el retiro parcial de cesantías para fines como educación o vivienda, incluyendo la compra de lote. Bajo este marco, el empleador tiene un deber de verificación, pero limitado a revisar que la documentación sea suficiente y pertinente.
El Tribunal advierte que ir más allá de ese control constituye una extralimitación. En palabras de la providencia, restringir el acceso al auxilio con base en “argumentos preventivos” o suposiciones sobre el uso futuro del bien es improcedente.
Este punto es especialmente relevante para el mercado laboral, donde muchas empresas adoptan criterios internos más estrictos de los previstos en la norma. El fallo deja claro que esas prácticas pueden vulnerar derechos laborales si no se ajustan al marco legal.
A pesar de que el Tribunal concluyó que la empresa excedió sus funciones al negar el retiro, la decisión final no fue favorable al trabajador en términos económicos. El demandante solicitaba una indemnización de $20 millones, correspondiente a una cláusula penal derivada del incumplimiento del negocio inmobiliario.
Sin embargo, la Sala determinó que no existía un nexo causal entre la negativa de la empresa y el daño alegado. El punto clave fue financiero: el negocio requería un pago de $40 millones, mientras que las cesantías representaban poco más de $6 millones, lo que no resultaba determinante para cumplir la obligación.
Además, el trabajador no logró demostrar que contaba con los recursos restantes ni que el retiro de las cesantías fuera el factor decisivo para concretar la compra. Por eso, el Tribunal concluyó que “el pago de la cláusula penal no establece, por sí solo, la prueba del nexo causal”.
El precedente en materia de cesantías: qué cambia para otros trabajadores
Más allá del resultado individual, el fallo tiene un impacto relevante como precedente. Establece con claridad que el empleador no puede imponer condiciones adicionales a las previstas por la ley ni basar sus decisiones en interpretaciones subjetivas.
También refuerza el principio de buena fe en las relaciones laborales, recordando que las cesantías son una prestación social irrenunciable y que su acceso no puede ser restringido arbitrariamente.
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Para los trabajadores, esto significa que una negativa basada en criterios no previstos en la norma puede ser cuestionada. Y para las empresas, implica la necesidad de ajustar sus procesos internos de verificación para evitar riesgos legales.
El fallo deja una hoja de ruta clara: al solicitar el retiro de cesantías, lo fundamental es cumplir con los requisitos documentales exigidos por la ley, como promesas de compraventa o certificados. Si estos se presentan correctamente, el empleador no debería negar la autorización por razones adicionales.
Sin embargo, también evidencia un punto crítico: en caso de disputa judicial, no basta con demostrar una actuación incorrecta del empleador. Es necesario probar el daño y, sobre todo, el nexo causal entre esa actuación y el perjuicio económico. Lea el fallo completo haciendo clic en este enlace.




