La elección de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia le garantiza el control del Ejecutivo, pero no el del Congreso. En el marco de la posesión del nuevo Legislativo, el panorama político muestra que el futuro Gobierno necesitará mucho más que el respaldo de sus aliados naturales para sacar adelante su agenda económica, tributaria e institucional.
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Las cuentas son claras: aun con el apoyo confirmado del Centro Democrático, pese a las recientes controversias por las presidencias de Cámara y Senado; el Partido Conservador, Cambio Radical, Salvación Nacional y Creemos, el bloque oficialista no alcanza las mayorías requeridas ni en el Senado ni en la Cámara de Representantes.
En ese escenario, tres partidos se perfilan como los verdaderos árbitros de la gobernabilidad durante el cuatrienio: el Partido Liberal, el Partido de La U y la Alianza Verde.
Su decisión de declararse partidos de gobierno, independientes o de oposición, como lo establece el Estatuto de la Oposición (Ley 1909 de 2018), será determinante para definir si el nuevo presidente podrá convertir en leyes las principales iniciativas de su administración.
El bloque oficialista todavía está lejos de las mayorías
El Congreso que comenzará funciones para el periodo 2026-2030 estará integrado por 108 senadores y 188 representantes a la Cámara, además de las dos curules que, por mandato del Estatuto de la Oposición, corresponden a la fórmula presidencial que ocupó el segundo lugar en las elecciones.
Para aprobar la mayoría de los proyectos de ley ordinarios, el Gobierno deberá reunir 55 votos en el Senado y 94 en la Cámara de Representantes, umbral que hoy está lejos de alcanzar únicamente con los partidos que ya expresaron su respaldo al presidente electo.

En el Senado, la coalición inicial suma 38 curules: 17 del Centro Democrático, 10 del Partido Conservador, siete de Cambio Radical, tres de Salvación Nacional y una de Creemos. Esto significa que el Ejecutivo arrancará 17 votos por debajo de la mayoría absoluta.
La situación es similar en la Cámara de Representantes. Allí, las colectividades que respaldan a De la Espriella reúnen 60 curules: 28 del Centro Democrático, 19 del Partido Conservador, 10 de Cambio Radical, dos de Creemos y una de Salvación Nacional. Para controlar esa corporación aún deberá conseguir 34 apoyos adicionales.
Estas cifras muestran que la gobernabilidad del próximo Gobierno dependerá de la capacidad para construir una coalición mucho más amplia que la conformada durante la campaña presidencial.
Los tres partidos que definirán el éxito del Gobierno
Con ese panorama, el peso político recae sobre tres colectividades que todavía no han oficializado su posición frente al nuevo Ejecutivo.
El Partido Liberal aparece como la primera pieza clave. Con 13 senadores y 28 representantes, es la bancada que más acercaría al Gobierno a las mayorías legislativas si decide integrar la coalición oficialista.
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Sin embargo, incluso ese escenario no sería suficiente. Si los liberales se declaran partido de gobierno, el Ejecutivo alcanzaría 51 senadores, todavía cuatro menos de los necesarios para controlar esa corporación. En la Cámara, el bloque oficialista llegaría a 88 representantes, seis por debajo de la mayoría requerida.
Por eso el segundo actor decisivo será el Partido de La U. La colectividad cuenta con nueve senadores y 12 representantes, números suficientes para inclinar la balanza en votaciones clave relacionadas con el presupuesto nacional, reformas tributarias o proyectos económicos.

El tercer partido con capacidad para modificar el mapa político será la Alianza Verde. Aunque dispone de 11 senadores y siete representantes, su verdadera relevancia radica en que mantiene distintas corrientes internas, lo que podría llevarla a declararse independiente y permitir que sus congresistas voten con mayor libertad en cada iniciativa.
Ese escenario convertiría a la Alianza Verde en una bancada determinante durante toda la legislatura, especialmente en debates donde las diferencias entre oficialismo y oposición sean reducidas.
Todas las organizaciones políticas deberán definir oficialmente cuál será su relación con el nuevo Gobierno hasta un mes después de la posesión de De la Espriella. La Ley 1909 de 2018, conocida como Estatuto de la Oposición, obliga a los partidos a declararse como de gobierno, independientes o de oposición.
Esa decisión no solo tiene implicaciones políticas, sino también institucionales, pues determina derechos de participación, acceso a mesas directivas, espacios en medios públicos y mecanismos para ejercer control político durante el cuatrienio.
Por esa razón, las definiciones que adopten los partidos en las próximas semanas serán observadas con especial atención por los mercados, los gremios económicos y los inversionistas, ya que permitirán medir el margen real que tendrá el Gobierno para impulsar sus principales reformas.
Mientras el oficialismo busca ampliar su coalición, la oposición iniciará el nuevo periodo legislativo con una presencia significativa. El Pacto Histórico será la principal fuerza opositora del Congreso al contar con 25 senadores y 40 representantes.
A esas cifras se sumarán las curules de Iván Cepeda y Aída Quilcué, quienes ingresarán al Congreso en virtud del Estatuto de la Oposición tras integrar la fórmula que obtuvo el segundo lugar en las elecciones presidenciales.
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Con ello, el bloque opositor arrancará con 26 senadores y 41 representantes, una bancada con capacidad para ejercer control político y liderar el debate legislativo, aunque insuficiente para bloquear por sí sola las iniciativas del Gobierno, por lo que también están a la espera de la posición de otros partidos.




