El presidente Gustavo Petro aprovechó su presencia en Barcelona para conceder una entrevista conjunta a RTVE y EFE en la que trazó un panorama de sus vínculos internacionales, su visión del orden global y su lectura sobre la crisis venezolana.
El mandatario mencionó su afiliación a la Internacional Progresista —iniciativa impulsada por el senador estadounidense Bernie Sanders— como punto de partida de un trabajo sostenido con sectores de izquierda del Partido Demócrata, orientado a articular, más que a unificar, los progresismos latinoamericanos con sus contrapartes norteamericanas.
Petro sostuvo que su voz en escenarios internacionales ha estado marcada por lo que denomina “injusticias intolerables”, entre ellas lo que califica como el genocidio en Gaza.
En ese contexto, situó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu como el verdadero articulador de un bloque que considera «profundamente destructivo para la humanidad», con aliados que, a su juicio, tienen más influencia dentro del gobierno de Donald Trump que el propio mandatario estadounidense. Agregó que Estados Unidos busca «destruir la ONU» para imponer poderes unilaterales, en detrimento del multilateralismo.
La mirada de Petro a Venezuela y su próximo viaje
El presidente dijo que una fórmula viable para el país vecino sería establecer un Gobierno unitario o una «cogobernanza» entre la actual presidenta interina Delcy Rodríguez y la oposición durante aproximadamente dos años y así «generar confianzas» para convocar unas elecciones libres.

Petro, además, ha anunciado que el próximo viernes 24 de abril viajará a Venezuela, pero sin confirmar si se verá con Delcy Rodríguez. «El 24 de abril voy a Caracas. Si Mahoma no viene a mí, yo voy a la montaña», ha bromeado, aún sin concretar si mantendrá una cita con la presidenta interina del país.
Asimismo, trazó un paralelo con la violencia bipartidista colombiana de mediados del siglo XX, que dejó cerca de 300.000 muertos, señalando que muchos venezolanos —incluyendo familias colombianas exiliadas allí— conocen de cerca ese legado y temen que un escenario de transición derive en una «vendetta política» similar. En ese marco, planteó que una salida viable para Venezuela requeriría garantías creíbles que eviten ese tipo de retaliaciones.
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