El 2025 fue un año brillante, al menos para los commodities. El oro, la plata y el cobre fueron testigos de una ‘fiebre’ por los metales que se mantuvo activa por cuenta de las tensiones geopolíticas y la alta demanda.
Ese rendimiento, que ha superado máximos históricos, esconde detrás una serie de factores financieros, industriales y políticos que ayudan a entender por qué estas materias primas se convirtieron en una de las grandes protagonistas de estos últimos doce meses.
En el podio del mercado
Empecemos por el oro. Más allá de su uso en diversas industrias, este metal tiene el atributo de ser el principal activo refugio de los inversionistas.
En tiempos de incertidumbre, el oro conserva su valor y actúa como un respaldo para la economía. Por eso, en escenarios de crisis, la demanda de este commodity suele aumentar, impulsada por la búsqueda de inversiones seguras.
Este año en particular, su precio se ha visto impulsado en un contexto en el que el dólar ha experimentado una desaceleración, el rumbo de las tasas de interés, la guerra comercial del presidente Donald Trump incentivó la agitación económica y se han intensificado los bloqueos de petróleo contra Venezuela.
Para hacerse una idea, según datos del mercado, el metal amarillo acumula un ascenso anual superior al 71 %. En diciembre, el oro también alcanzó su valor máximo al superar la barrera de los US$4.400.

La plata también brilla
De acuerdo con datos de Bloomberg, la plata inició el año en US$28 la onza y al cierre de este 2025 ese valor ya ha escalado a los US$80, lo que representa un aumento de casi el 70 %. De hecho, esto pone al metal en camino a tener su mayor año de ganancías desde 1979.
El precio de esta materia prima ha visto un empuje por cuenta de los recortes de las tasas de interés federales, la demanda de plata en los centros de datos de inteligencia artificial (IA), la oferta limitada de este material y la incertidumbre arancelaria.
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¿Y el cobre?
Tan solo esta semana, el cobre también alcanzó un precio récord de US$12.159,50 la tonelada y en lo que va del año acumula alzas cercanas al 40 % tanto en los mercados de Londres como Nueva York.
Los expertos atribuyen su alza a la demanda estructurada vinculada con la electrificación, así como las restricciones en la oferta minera e inventarios más ajustados. En este punto es importante tener en cuenta que este material se utiliza para fabricar paneles solares, baterías para autos eléctricos y centros de datos, lo que ha reforzado su papel como metal esencial.
Lo anterior también está ligado a que el aumento en la demanda del metal rojo podría limitar el suministro en los próximos años, alcanzando, según las expectativas, un déficit cercano a los seis millones de toneladas en el 2035.




