Colombia tiene una de las boletas de cine más baratas de la región, pero las salas siguen sin llenarse

En 2025, asistieron 49,55 millones de espectadores a los teatros, cifra que sigue marcando distancia con los niveles registrados antes de la pandemia.

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Si hay un ritual que no ha perdido vigencia, ese es el de ir al cine. Las luces apagadas, el olor a maíz pira, una gran pantalla y un grupo de personas que se reúnen para experimentar el mar de emociones que puede generar una película. 

Y si bien el consumo audiovisual ha comenzado a inclinar su balanza hacia las plataformas, los cinemas siguen ocupando un rol clave dentro de lo que encierra la experiencia cinematográfica. 

Pero, aquí aparece una paradoja. Aunque Colombia figura entre los países latinoamericanos con las boletas más económicas, la asistencia todavía no logra regresar a los niveles registrados antes de la pandemia, una señal de que el precio es solo una de las variables que hoy influyen en la decisión de ver un filme. 

“Una boleta, por favor”

De acuerdo con la base de datos de Numbeo sobre costo de vida, Colombia se ubica entre los países de la región con el precio de la boleta más barata. Al hacer una comparativa en dólares, el valor de una entrada se ubica en promedio en US$5,23 (COP$18.000).

De hecho, según el mapa anual de precios publicado por el Deutsche Bank, aun cuando el costo del ticket se ha incrementado ligeramente en los últimos cinco años (con un aumento del 22 %), la posición del territorio nacional en la tabla no se ha alterado significativamente respecto a sus pares latinoamericanos. 

La cifra, además, no contempla las fechas y horarios promocionales en los que las compañías exhibidoras rebajan los precios a la mitad, o las alternativas públicas, como las cinematecas, que buscan democratizar el acceso al cine tanto con la oferta como con tarifas más asequibles. En ese sentido, datos del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica (Proimágenes) muestran que, al considerar el precio promedio efectivamente pagado por los espectadores y descontar el efecto de la inflación, una entrada de cine en Colombia tuvo un valor real de COP$8.366 en 2025.

Colombia tiene una de las boletas de cine más baratas de la región, pero las salas siguen sin llenarse

Para tener un mejor mapeo del costo de asistir a cine en Latinoamérica, en países como Argentina, Ecuador y Brasil las boletas tienen un valor promedio de entre US$10,00 y US$6,89 (COP$34.000 y COP$24.000). A estos les siguen Chile, Perú y México, con costos que rondan los US$6,00 (COP$20.000).

Colombia, por su parte, se encuentra solo por encima de Venezuela y Cuba, en donde las tarifas se ubican en US$5,00 (COP$17.000) y US$1,00 (COP$3.400), respectivamente. 

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Entonces… ¿es falta de infraestructura?

El más reciente boletín de Cine en Cifras de Proimágenes muestra que en 2025 el país contaba con 1.262 salas de exhibición en 28 departamentos. Ese año se registraron 22 aperturas de nuevas pantallas y el cierre de 35 espacios de proyección.

El resultado muestra que el mapa de exhibición cinematográfica en Colombia se ha ampliado en 52 salas desde la pandemia y en 674 desde 2010, gracias a los incentivos a la infraestructura contemplados en la Ley 814 de 2003 (Ley de Cine). A ello se suman las salas alternas, de las que no existe un número exacto, pero cuyo papel en la circulación de películas sigue teniendo un peso importante, en especial en la difusión de cine colombiano. 

Pero aun cuando existen más pantallas para recibir espectadores, estas no necesariamente se traducen en mayor asistencia.

El año pasado, 49,55 millones de espectadores ocuparon las sillas plegables de estos teatros. Esta cifra es ligeramente inferior a la alcanzada en 2024 —en unos 76.000 asistentes— y marca aún más la distancia con los resultados previos a la pandemia, cuando se alcanzó un récord de asistencia de 73,11 millones. 

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La cartelera tampoco parece ser el detonante de un menor retorno del público a las salas. En 2025, se estrenaron 408 filmes en los cinemas del país, 77 de los cuales fueron títulos colombianos. En ambos casos, se trata del año con mayor cantidad de lanzamientos desde que se tiene registro. 

Entonces, si la ecuación no se cierra en la infraestructura, en la oferta ni en la calidad, lo que está en juego no es la capacidad del cine para exhibir, sino la decisión del público de volver.

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¿Ir o no ir?: un cambio de hábitos

El Estudio de Públicos de Cine y de Cine Colombiano desarrollado por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos (Dacmi) del Ministerio de Cultura sugiere que la decisión de asistir o no a ver una película en salas está atravesada por múltiples factores. 

Eso explica el porqué, aunque el país ha duplicado su circuito de exhibición en los últimos años, persisten brechas importantes en la calidad de la experiencia ofrecida al público que va más allá de la expansión de las plataformas digitales.

Según el análisis del Dacmi, esa elección suele moverse entre dos ejes: la vivencia en salas y los elementos que motivan más visitas. 

El primero está más relacionado con el espacio físico y los aspectos técnicos que permiten disfrutar de una atmósfera particular en el cine. Ahí aparecen determinantes como la calidad de la imagen, una amplia oferta de alimentos o asientos cómodos. 

Del otro lado están elementos como las ofertas en los combos de comida y bebida, estrenos exclusivos, tecnología más avanzada (salas IMAX o 3D), mejoras en la experiencia de compra o que las películas en cartelera se exhiban por más tiempo en las salas. 

También es clave tener en cuenta otro dato. Y es que, aunque los hábitos de consumo audiovisual se han visto impactados por el ‘streaming’, ese aumento se ha concentrado especialmente en series y no tanto en películas. 

La última Encuesta de Consumo Cultural del DANE evidenció que el consumo de videos en casa pasó del 58 % de la población en 2010 al 69 % en 2020. Ese repunte se vio impulsado en gran parte por el auge de formatos como las series y los tutoriales; mientras que el consumo de películas tendió a decrecer, alcanzando su nivel más bajo en 2016 con un mínimo del 40 %. 

Por esa misma línea, el Dacmi destacó que, al mismo tiempo, los géneros más producidos no coinciden con los más vistos, lo que revela una posible desalineación entre oferta y demanda.

Ir a cine sigue siendo un plan familiar, de amigos, de pareja o incluso sin compañía, una forma de salir de la rutina cotidiana. Sin embargo, entre nuevas formas de ver contenido y una propuesta cada vez más amplia desde casa, la decisión de volver a las salas ya no responde a un solo motivo. Y es en esa suma de cambios donde se entiende por qué los asientos siguen sin llenarse como antes.

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