Imagínese llegar al supermercado y encontrar que miles de kilos de carne, pollo, lácteos, frutas y otros alimentos que necesitan refrigeración tuvieron que ser desechados porque alguien logró manipular los sistemas que los mantienen a una temperatura segura. Ahora imagine que el problema se repite en cientos de supermercados y que reponer esos productos toma tiempo. ¿Podría pasar algo así en Colombia?
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El escenario dejó de ser una hipótesis lejana tras un ciberataque que afectó a cientos de supermercados en Francia durante la noche del 11 al 12 de octubre. Los atacantes intervinieron los sistemas de refrigeración de varias cadenas y provocaron que algunos equipos elevaran su temperatura hasta los 50 grados Celsius. El resultado fue la pérdida de alimentos frescos y congelados, daños en equipos y reportes de incendios en algunos establecimientos.
El episodio puso sobre la mesa una amenaza que va más allá del robo de datos o la filtración de información personal: un ataque informático puede afectar directamente la conservación de los alimentos y alterar las operaciones de un sector del que dependen millones de consumidores.
David Luna, exsenador y exministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), advirtió sobre el alcance que pueden tener estos ataques y la necesidad de que Colombia se prepare para proteger sus servicios esenciales. “Un ciberataque puede dejar a un país sin alimentos. Y lo que acaba de pasar en Europa demuestra que esta amenaza es mucho más real de lo que pensamos”, afirmó.
Ante este panorama, Luna insistió en la creación de una Agencia Nacional de Seguridad Digital que permita anticipar amenazas y coordinar la respuesta del Estado frente a posibles ataques contra infraestructuras críticas. “Llevo años insistiendo en la necesidad de crear una Agencia Nacional de Seguridad Digital que tenga la capacidad técnica de anticipar amenazas, coordinar respuestas y proteger nuestra infraestructura crítica”, señaló.
¿Qué pasó en los supermercados de Francia?
El ataque afectó a establecimientos de cadenas como Intermarché, Netto, Coopérative U, Carrefour, Monoprix y E.Leclerc. Los delincuentes manipularon sistemas conectados que permiten controlar de forma remota la refrigeración de las tiendas.
En condiciones normales, algunos equipos realizan ciclos de descongelación durante la noche, con aumentos controlados de temperatura. En este caso, los atacantes habrían alterado esos procesos para que los sistemas se calentaran durante varias horas, comprometiendo los alimentos almacenados.

Intermarché informó que algunos de sus equipos llegaron a los 50 °C durante seis horas y que los productos afectados fueron desechados para evitar riesgos sanitarios. Carrefour reportó afectaciones en 80 de sus tiendas, mientras que Monoprix indicó que el 5 % de sus más de 400 establecimientos se vio afectado. Las cifras divulgadas por las cadenas no permiten establecer un balance único y definitivo del alcance total del ataque.
La compañía danesa Danfoss, cuyos sistemas de control de refrigeración fueron señalados entre los afectados, indicó que algunos equipos comprometidos utilizaban versiones antiguas de software que ya no recibían actualizaciones de seguridad.
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El costo no se limita al valor de los alimentos que deben desecharse. Los establecimientos también enfrentan interrupciones operativas, retiro preventivo de productos, reposición de inventarios y reparaciones. Dos supermercados de la región francesa de Alsacia reportaron pérdidas conjuntas de 270.000 euros, mientras las estimaciones sobre el impacto nacional apuntan a millones de euros.
¿Qué tan expuestos están los supermercados en Colombia?
El caso francés demuestra que la tecnología que sostiene una operación comercial puede convertirse en un punto vulnerable cuando está conectada a internet y no cuenta con medidas de protección suficientes. En un supermercado, esa dependencia no se limita a las cajas registradoras, los sistemas de pago o las bases de datos: también abarca equipos que conservan alimentos y otros componentes operativos.
Un ataque contra esos sistemas podría obligar a retirar productos de la venta, generar pérdidas para los comercios y afectar temporalmente la disponibilidad de determinados alimentos en las zonas comprometidas. Si una interrupción alcanzara a varios establecimientos o se extendiera a otros eslabones de la cadena de abastecimiento, el impacto podría ser mayor.

Eso no significa que Colombia esté sufriendo un ataque de estas características ni que exista evidencia de que sus supermercados vayan a quedarse sin alimentos. Tampoco hay información suficiente para afirmar cuántos establecimientos del país utilizan sistemas vulnerables similares a los afectados en Francia. El caso, no obstante, plantea preguntas sobre la preparación de las empresas y las autoridades para responder a incidentes que comprometan infraestructura esencial.
La seguridad digital, en ese sentido, deja de ser un asunto exclusivo de los departamentos de tecnología. También involucra la continuidad de los negocios, la inocuidad de los alimentos, la protección de los consumidores y la capacidad de coordinar una respuesta ante una emergencia.
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“La ciberseguridad ya no se trata solamente de proteger información o evitar el robo de datos. Hoy un ataque digital puede interrumpir el suministro de alimentos, paralizar hospitales, afectar el sistema financiero o comprometer servicios esenciales para millones de personas. Y la pregunta es inevitable: ¿qué tan preparada está Colombia para enfrentar un ataque de esta magnitud?”, concluyó Luna.




