Barranquilla, Cali y Medellín: donde los micronegocios más solicitan créditos

Las microempresas son un componente crucial del aparato productivo colombiano. Al revisar las empresas más formales, es decir, las del Registro Único Empresarial y Social (Rues) de Confecámaras, de los 1,6 millones de firmas registradas en 2019, 97,5 % eran microempresas, mientras solo 1,9 % eran pequeñas empresas, 0,4 % medianas y 0,1 % grandes.

Pese a que existen matices a la hora de clasificar por nivel de formalidad empresarial, la alta informalidad es el factor común de este ecosistema. De hecho, cálculos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) indican que, aproximadamente, tres de cada cuatro microempresas no están registradas ni en el Rues ni en el Registro Único Tributario (RUT) de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian). Asimismo, menos 10 % realiza aportes a la seguridad social de sus trabajadores.

Adicionalmente, este tipo de organizaciones también se caracterizan por un reducido patrimonio; una baja adopción de herramientas tecnológicas; participación en mercados de poco tamaño; limitada asociatividad y un precario acceso a financiamiento formal. Este último punto, según el estudio de la Banca de Oportunidades ‘¿Qué factores inciden en la demanda de crédito de la microempresa en Colombia?’, es una barrera para su supervivencia, dado que limita oportunidades de inversión e impide la destinación de recursos que permitan generar innovación, incrementar productividad y fortalecer capital físico y humano. Estos datos se refieren a 2019 (antes del golpe de la pandemia).

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Es por eso que el estudio de la Banca de Oportunidades, en su labor de exponer el panorama real y actual de las microempresas colombianas, y sus decisiones financieras, reveló que, frente al acceso a servicios financieros, -en el caso de la Encuesta de Micronegocios del Dane- solo 18,8 % de los micronegocios en Colombia había solicitado un crédito en el último año.

De ese total, el 72,1 % lo había adquirido por medio del sistema financiero formal, y un 5,7 % lo obtuvo por medio de entidades microfinancieras. Pero el estudio revela algo preocupante, el restante 20,5 % ha recurrido a agentes informales para acceder a un crédito: de esos 14,2 % ha sido a prestamistas gota a gota y 6,3 % a familiares o amigos.

Entre tanto, 89,9 % de los créditos solicitados fueron aprobados, lo que reflejó la alta tasa de éxito de los requerimientos presentados. Entre los encuestados a quienes no les fue aprobado su préstamo, la mayoría argumentó razones relacionadas con los reportes negativos ante centrales de riesgo (35,2 %), la ausencia de garantías (31,1 %) y la falta de historial crediticio (17 %).

De acuerdo al estudio de la Banca de Oportunidades, la proporción de microempresarios que reportan haber accedido al crédito formal asciende a 16,9 % del total de entrevistados (entendido como el porcentaje de empresarios cuyas solicitudes fueron aprobadas). Es decir, se obtuvo un nivel de acceso inferior al consignado en las encuestas de Anif y Banca de las Oportunidades y Superintendencia Financiera en 2018, con una diferencia entre diez y 15 puntos porcentuales.

Valora Analitik, en entrevista con Freddy Castro, gerente de la Banca de Oportunidades, pudo conocer las cinco ciudades de Colombia en donde más se hacen solicitudes de préstamos en Colombia, con corte a 2019, fueron: Barranquilla con un porcentaje de solicitud de 24,23 %; seguida de Cali con 18,82 %; Medellín con 15,84 %; Bogotá 12,48 % y Bucaramanga con 12,23 %.

En estas regiones del país, la mayoría de los préstamos se solicitan para la adquisición de materias primas; seguido de compra de capital; gastos de emergencia; remodelaciones; mejoramiento de condiciones de otros créditos y gastos de nómina.

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Además, el estudio también expone que, del total de los micronegocios que solicitaron un crédito, 18,9 % lo hizo en las cabeceras municipales y un 18,7 % en los centros poblados y rural disperso.

En adición, el documento dio conocer que la principal razón para no acceder al crédito radicó en que los empresarios consideraron que no resulta una herramienta necesaria para el funcionamiento de su actividad económica, con un porcentaje de 41,3 %. Otro 32,5 % corresponde a más variables como la aversión a las deudas y el incumplimiento de los requisitos del crédito 13,4 %.

De acuerdo con la investigación de Banca de Oportunidades, estos resultados resultan similares a los hallados en otras mediciones, enfocados en empresas de mayor tamaño, como las Pymes, que también evidencian que las firmas no consideran el acceso a financiamiento como una condición necesaria para el desempeño de su actividad económica.

Freddy Castro, gerente de Banca de las Oportunidades, destacó que este estudio deja varias conclusiones importantes como que “las empresas informales están, de alguna manera, condenadas a la informalidad vía financiamiento. También que, aunque puede sonar obvio, hay que enfocarse en que las empresas lleven mejores registros de sus movimientos financieros; es decir, educación financiera desde la parte contable”.

Castro añadió que “cuando uno ve esas tasas de ahorro tan bajo en las empresas, se podría suponer cuál fue el desenlace durante la pandemia; o sea, si el 25 % de las empresas estaba ahorrando, no era el mejor panorama”.

Entre tanto, el gerente de la Banca de las Oportunidades sugirió que las empresas en Colombia deben recurrir, el 100 % de las veces, a uso de elementos como: educación financiera, el capital social empresarial, uso de tecnologías para hacer transacciones financieras y la formalidad se asocian con un aumento en la probabilidad de demandar crédito formal por parte de las firmas.

“Existe la necesidad de continuar y profundizar las iniciativas públicas y privadas actuales que están encaminadas a fomentar la educación financiera, la formalidad y la promoción de las transacciones electrónicas en el segmento microempresarial”, resaltó Castro.

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Otras de los grandes hallazgos del estudio es que, dentro de los empresarios que solicitaron crédito en Colombia durante 2019, el 64 % de los encuestados eran hombres y el restante 36 % mujeres. En cuanto a la antigüedad, las empresas que demandaron crédito formal tuvieron una edad promedio mayor que aquellas que recurrieron a prestamistas informales (12,8 y 11,1 años, respectivamente).

En este caso, vale mencionar que, si el propietario del micronegocio es hombre, tal condición se relaciona con una reducción en la probabilidad de demandar crédito en 4,4 puntos porcentuales frente a las mujeres. “Esto resulta interesante, puesto que las mediciones de la oferta para personas naturales revelan que las mujeres acceden en menor proporción a los productos del activo bancario que los hombres, condición que también aplica para los productos de depósito”, relata el informe.

Las mujeres dueñas de sus negocios tendrían una mayor disposición a demandar crédito formal, en por lo menos 6,2 puntos porcentuales. En prácticamente la misma magnitud, la probabilidad se reduce a la hora de buscar prestamistas informales.

Esta condición se explicaría por el hecho de que las mujeres tendrían una mayor aversión al riesgo y un manejo más responsable de las finanzas que los hombres, lo que revelaría que se dirigieran en menor proporción al mercado informal.

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