El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el principal responsable del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Es el único órgano de la ONU cuyas decisiones son jurídicamente vinculantes para todos los Estados miembros, lo que lo convierte en el centro real de poder del multilateralismo.
Entender qué es el Consejo, cómo funciona y por qué enfrenta tantas críticas permite leer mejor los grandes conflictos internacionales y los límites del orden global actual.
¿Qué es el Consejo de Seguridad?
El Consejo de Seguridad fue creado en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, como respuesta al fracaso de la Sociedad de las Naciones. El objetivo era evitar nuevas guerras a gran escala mediante un sistema de seguridad colectiva, en el que la comunidad internacional pudiera reaccionar de forma coordinada ante amenazas a la paz.
La Carta de la ONU le asigna la responsabilidad de “mantener la paz y la seguridad internacionales” y establece que el Consejo actúa en nombre de todos los Estados miembros.
A diferencia de la Asamblea General, donde todos los Estados tienen un voto y las resoluciones no son vinculantes, el Consejo fue diseñado para decidir y ejecutar.
Composición del Consejo de Seguridad
El Consejo está integrado por 15 Estados:
- Cinco miembros permanentes: China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos.
- Diez miembros no permanentes, elegidos por la Asamblea General por periodos de dos años (Bahréin, Colombia, Dinamarca, Grecia, Letonia, Liberia, Pakistán, Panamá, República Democrática del Congo, Somalia).
La diferencia clave no es solo la duración del mandato, sino el derecho de veto. Los cinco miembros permanentes pueden bloquear cualquier decisión del Consejo con un solo voto negativo.

Este privilegio refleja el equilibrio de poder de 1945 y fue la condición política que permitió crear la ONU. Sin el veto, las grandes potencias no habrían aceptado someter sus decisiones de seguridad a un espacio multilateral.
Votaciones, resoluciones y veto
Cada miembro del Consejo tiene un voto.
- En cuestiones de procedimiento, se requieren nueve votos afirmativos.
- En decisiones sobre todas las demás cuestiones, como sanciones, misiones de paz o uso de la fuerza, se necesitan nueve votos afirmativos, incluidos los de los cinco miembros permanentes.
Si uno de ellos vota en contra, la resolución no se adopta, incluso si existe mayoría. En la práctica, esto significa que el Consejo solo puede actuar cuando existe consenso.
El Consejo cuenta con varias herramientas:
- Mediación y diplomacia.
- Sanciones económicas y políticas.
- Operaciones de mantenimiento de la paz.
- Autorización del uso de la fuerza.
Estas decisiones no son simbólicas: los Estados miembros están obligados a cumplirlas.
Casos que muestran cómo funciona en la práctica
Guerra del Golfo (1991):
En agosto de 1990, Irak invadió y ocupó Kuwait, en una acción que fue considerada por la comunidad internacional como una violación directa de la soberanía de un Estado. El Consejo de Seguridad reaccionó de manera escalonada: primero impuso sanciones económicas y, al no lograrse la retirada de Irak, autorizó el uso de la fuerza para restaurar la soberanía de Kuwait.
Existió consenso entre los miembros permanentes en que la invasión alteraba la estabilidad regional y sentaba un precedente inaceptable. Ninguno de ellos utilizó el veto, lo que permitió una acción colectiva rápida.
La Guerra del Golfo es citada con frecuencia como uno de los ejemplos más claros de seguridad colectiva efectiva, precisamente porque coincidieron tres elementos poco comunes: claridad sobre la violación del derecho internacional, alineamiento político entre las grandes potencias y un mandato preciso del Consejo.
Libia (2011):
En 2011, en el contexto de la Primavera Árabe, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución que autorizó “todas las medidas necesarias” para proteger a la población civil frente a la represión del régimen de Muamar Gadafi. La resolución permitió una intervención internacional con el objetivo explícito de evitar ataques contra civiles y establecer una zona de exclusión aérea.
El caso se volvió controvertido porque la operación derivó en la caída del régimen y, posteriormente, en el colapso del Estado libio. Aunque ese desenlace no estaba contemplado por el Consejo, abrió un debate sobre el alcance de un mandato de protección de civiles y en qué momento una intervención deja de ser limitada para convertirse en un factor de reconfiguración política interna.

Siria (2011):
La guerra en Siria derivó en un conflicto armado interno de gran escala, con múltiples actores locales, regionales e internacionales involucrados. Desde las primeras etapas del conflicto, el Consejo de Seguridad fue convocado para abordar la situación, ante el deterioro humanitario y las denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Sin embargo, a diferencia de otros casos, el Consejo se encontró desde el inicio con un choque directo de intereses entre sus miembros permanentes. Rusia, aliado del gobierno sirio, utilizó el veto para bloquear resoluciones que contemplaban sanciones más duras, mecanismos de presión política o una posible escalada de medidas coercitivas contra el régimen de Bashar al-Assad.
Como resultado, el Consejo solo logró avanzar en acuerdos limitados, centrados principalmente en asistencia humanitaria y alto al fuego parciales, sin capacidad real para influir en la dinámica central del conflicto.
Ucrania (2022):
El conflicto que inició tras la invasión rusa, expuso con claridad una de las principales contradicciones del Consejo de Seguridad. Rusia, como miembro permanente y actor directo del conflicto, participa en las deliberaciones del órgano que está llamado a responder ante amenazas a la paz internacional.
Rusia ha utilizado su derecho de veto para bloquear resoluciones que buscaban condenar la invasión o habilitar medidas coercitivas en su contra. Aunque la Carta de la ONU prevé que las partes en una controversia se abstengan de votar en determinadas circunstancias, esa limitación no aplica a las decisiones más duras del Consejo.
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Venezuela, Trump y Maduro:
El episodio reciente en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, volvió a poner a prueba las limitaciones del Consejo de Seguridad.
En un escenario donde una potencia está directamente involucrada, el Consejo mostró nuevamente su mayor restricción: funciona como un espacio de debate, pero tiene poco margen de acción si no existe consenso entre los miembros permanentes.
En este caso, cuando los intereses de las grandes potencias están en juego, el Consejo deja de ser un órgano de acción y se convierte, en un foro de confrontación diplomática.
El Consejo de Seguridad sigue siendo indispensable porque es el único órgano internacional con poder real para imponer decisiones en seguridad internacional. Pero también es insuficiente para responder a un mundo más multipolar y fragmentado.




