En 2024, el presidente del Grupo Energía Bogotá (GEB), Juan Ricardo Ortega, fue uno de los primeros en advertir que Colombia había perdido su soberanía energética en gas natural. Dos años después, en 2026, el país confirmó ese diagnóstico: el Gobierno le apuesta cada vez más a la importación del energético para abastecer la demanda de hogares, pequeños comercios y del sector vehicular.
Incluso una de las filiales de GEB, la Transportadora de Gas Internacional (TGI), avanza en el desarrollo de un punto de regasificación en Ballena (La Guajira), con el objetivo de traer el energético desde el exterior. En esta conversación, Ortega analizó no solo la estrategia de importación de gas desde Ballena, sino también la urgencia de revitalizar la industria gasífera para recuperar el autoabastecimiento y avanzar hacia una estabilización de las tarifas en Colombia.

¿Colombia podrá recuperar su capacidad de autoabastecimiento de gas?
Para el usuario colombiano lo mejor que puede suceder es que el país recupere su autonomía energética, pero eso se va a demorar por lo menos ocho o 10 años.
¿En pozos como Komodo todavía se puede producir el gas que necesita Colombia para recuperar su autoabastecimiento?
Si los volúmenes de esos pozos son grandes pueden ser una solución. Si no lo son, las inversiones son grandes. Es decir, la inversión en Sirius supera US$3.000 millones y eso que no es profundo, está como 800 metros bajo el nivel del mar; ese gas tiene que poder pagar todas las inversiones y va a estar en cifras de por lo menos US$8,5 o US$9 el millón de BTU.
El gas en tierra siempre va a ser mucho más competitivo, pero todo depende del tamaño del yacimiento, si este es inmenso la misma infraestructura la pagan muchos BTU. Si el pozo es pequeño pues la infraestructura la pagan pocos BTU y sale más caro cada uno que es la unidad de capacidad calorífica que tiene ese gas.
Si en el mejor de los pronósticos en ocho años se recuperara la soberanía energética, ¿qué debe hacerse desde este momento?
Hay que tomar decisiones grandes de exploración.
¿En dónde?
Dicen que en el Piedemonte hay oportunidades. Colombia tiene gas y hay gente que dice que hay en el Magdalena Medio y en Córdoba, pero todo eso requiere inversiones grandes.
Además, el gas es el energético más limpio y que mucha gente en la industria está sufriendo, 40 % de la demanda en el interior se ha perdido en el sector industrial. Muchas de ellas se están moviendo al carbón, que es un retroceso en la agenda de transición energética inmenso.

¿Cómo avanzan los procesos de regasificación, particularmente en Ballena (La Guajira)?
El contrato con el barco está. Se están terminando las negociaciones de la sociedad que va a prestar los servicios de regasificación con los distribuidores, y eso debe estar listo antes de terminar febrero. De ahí se arrancan los contratos de ingeniería para los anclajes y deben estar listos en ocho meses y los noruegos están viendo cuánto tiempo tienen que llevar el barco a lo que llaman ‘dry dock’, que es toda la parte de ponerlo a punto en un barco temporal, mientras que el barco ya totalmente listo está para poder tener los servicios de regasificación en Ballena.
¿Hay una competencia con Ecopetrol sobre el nuevo mercado para importar gas desde el Caribe?
Es muy difícil tener competencia. Solamente hay una conexión entre Promigas y TGI (Transportadora de Gas Internacional) en Ballena, pero que no aguanta más de 100 millones de pies cúbicos diarios. Entonces no se tiene cómo resolver los problemas del interior desde el Caribe y tampoco se puede desde el interior abastecer al Caribe.
¿Qué están haciendo para manejar la bidireccionalidad en los gasoductos y en qué puntos clave se concentrarán para facilitar el transporte de gas?
Nosotros facilitamos todo lo que necesite cualquier actor de la demanda. En este momento la bidireccionalidad importante es en La Mami-Ballena-Barrancas, que es la unión de Promigas con TGI, pero por el tamaño de tubos y la falta de compresión no se puede mover más que el volumen que menciono.
Tocaría cambiar la infraestructura y construir tubos más grandes para que la UPME (Unidad de Planeación Minero-Energética) y la CREG (Comisión de Regulación de Energía y Gas) reconozcan esas inversiones como prioritarias. Hasta que eso no se dé, no se pueden hacer estas cosas a riesgo porque no se remuneran. En la parte de Buenaventura, el grupo siempre planteó la importancia de la regasificadora.
Buenaventura es estratégico, pero no hay un tubo hasta allí. Y eso con camiones, 100 diarios por esa vía, con todos los retos que tiene en seguridad y logística, es difícil pensar que eso va a tener precios que de verdad solucionen el problema.
¿Sería compleja la construcción de un gasoducto en Buenaventura dado el relieve de esa zona?
No, no por la geografía, sino por la conflictividad social. Y la pregunta es: si a uno lo bloquea la comunidad, ¿la responsabilidad es del que construye o es del Estado? Nosotros siempre dijimos que, como en el sector eléctrico, en Colombia, cuando se permite que oposiciones bloqueen proyectos por 10, 13, 14 años, pues nadie va a tomar ese riesgo contra su patrimonio. Si el Estado lo asume, uno lo hace. Pero nunca se logró un acuerdo en cuanto a las asignaciones de riesgos. Hasta que eso no se decida, no va a ser viable hacer esa infraestructura. La vía por Loboguerrero lleva ya casi 20 años y no se ha podido terminar.
Con Ballena, Coveñas, Buenaventura, SPEC o Puerto Bahía, ¿se gestó en definitiva una política energética de importar gas a largo plazo?
Sí, el país va a necesitar un montón de gas licuado porque cualquier solución de exploración se va a demorar, probablemente ocho a 10 años. Si hay infraestructura de gas licuado, se puede conseguir a precios razonables y buenísimo que haya diferentes alternativas para que Colombia tenga más competencia que eso es lo que va a beneficiar a los consumidores.

¿Cómo ve la infraestructura de regasificación y licuefacción en América Latina?
Hay países que licúan el gas y que tienen equipos de licuefaccion que son costosos, una planta de licuefacción cuesta US$5.000 millones en Latinoamérica. Que yo sepa, está el de Melchorita, en Perú, que tiene capacidad de vender gas licuado a US$6 o US$7, pero tendría que traerse por Buenaventura en volúmenes altos y por bastantes años.
Es decir, esos contratos solo tienen buenos precios si uno compra mínimo 10 años, por la cantidad de infraestructura que hay. La gran infraestructura de licuefacción está en EE. UU., particularmente en Luciana, y también la de México. Creo que Trinidad y Tobago también tiene. Esos son los únicos sitios en el Caribe que venden gas licuado. Eso es una oferta importante y ahí se consigue para el que quiera.
Ese gas licuado se trae en unos barcos congeladores a menos 160 grados, eso es muy intensivo en energía y se tiene que tener algo que lo vuelva a calentar y eso es lo que es una planta de gasificación. Colombia solo tiene SPEC, y esta tiene que abastecer las termoeléctricas del Caribe y no tiene cómo abastecer el interior por falta de tubos.
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Es por eso que TGI, con el inmenso apoyo de Ecopetrol, que agradecemos, va a estar construyendo el de Ballena y esperamos que esté listo a más tarde, a final de 2026. Eso le garantiza al país que va a tener abastecimiento de gas licuado. Obviamente siempre va a ser más caro que el gas natural del territorio colombiano porque se está pagando por lo menos US$4,5 por la licuefacción, ya que toca enfriarlo y esas son unas infraestructuras gigantes y también hay que transportarlo en un buque que lo tiene que traer frío y porque después se debe tener otro buque que vale US$130.000 diarios hay parqueado para poderlo regasificar más toda la operación que eso requiere.
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