Analistas económicos y representantes del sector financiero trazaron el panorama que enfrenta Colombia de cara a 2026 y al cierre del gobierno del presidente Gustavo Petro.
El mensaje durante el Gran Foro de Semana fue: el país no es percibido como de “alto riesgo”, pero sí como uno de alta fricción, marcado por señales contradictorias, incertidumbre fiscal y dudas sobre la previsibilidad regulatoria.
Oliver Wack, gerente general de Control Risks para Colombia y la Región Andina, explicó que los inversionistas no toman decisiones guiados por titulares coyunturales, sino por un conjunto de señales institucionales, regulatorias y narrativas.
“Cuando la narrativa es confusa o contradictoria, se construye la idea de un país de alta fricción. No es necesariamente alto riesgo, pero sí complejo para invertir”, señaló.
Desde la perspectiva de los mercados internacionales, María Soledad Mosquera, directora sectorial de S&P Global Ratings para Colombia y Panamá, reconoció que el país sigue siendo atractivo por su abundancia de materias primas y sus necesidades de infraestructura. Sin embargo, advirtió que el entorno actual ha incrementado la incertidumbre.
“El inversionista ve con cautela la sostenibilidad fiscal, y eso ha hecho que el apetito se desplace más hacia inversión de portafolio que hacia inversión directa”, afirmó en el foro.
Por su parte, César Pabón, director ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, destacó que los perfiles de inversionistas han cambiado y que hoy la inversión pasiva gana mayor relevancia a nivel global. En ese contexto, Colombia pierde atractivo.
“En inversión pasiva, Colombia no es percibida como un activo seguro ni relevante. Cuando se mira nuestra bolsa en conjunto, es apenas comparable con la de México, pero sin el mismo peso”, explicó.
Reglas claras pesan más que las elecciones
Uno de los consensos del panel fue que, más allá del calendario electoral, lo que realmente condiciona las decisiones de inversión es la claridad y estabilidad de las reglas de juego.
Pabón advirtió que algunas decisiones recientes del Gobierno han enviado señales negativas al mercado, como el decreto del salario mínimo, el decreto pensional —que calificó como una forma de “inversión forzosa”— y el intento de decretar una emergencia económica.
“Ese tipo de medidas generan señales rojas y espantan la inversión”, afirmó.
Mosquera coincidió en que el foco de los inversionistas no está en las líneas ideológicas, sino en la previsibilidad de las políticas económicas. Resaltó el papel del Banco de la República como ancla de confianza:
“Un banco central con reglas claras y objetivos definidos, enfocado en proteger el poder adquisitivo y el crecimiento de largo plazo, genera confianza para la inversión local e internacional”. Wack fue enfático en que los inversionistas están dispuestos a trabajar con gobiernos de izquierda o de derecha, siempre que exista certeza regulatoria.
Crédito débil y transición económica
Desde la óptica financiera, S&P calificó 2025 como un año de transición, sin la recuperación esperada del crédito. Mosquera explicó que, aunque la economía mostró señales de mejora, el crecimiento del crédito fue modesto, alrededor del 2 %, muy por debajo de lo necesario para impulsar la inversión y la innovación.
Alarma fiscal: déficit histórico
El diagnóstico más crítico llegó desde Corficolombiana. César Pabón advirtió que Colombia enfrenta una “crónica de una crisis fiscal anunciada”.
“El gasto público ha crecido cinco veces más rápido que los ingresos y el costo de financiamiento se ha duplicado”, señaló.
“Actualmente, Colombia paga tasas cercanas al 13 % y 14 % por su deuda, casi el doble de lo que pagaba hace una década. Esto no solo encarece el crédito hipotecario y empresarial, sino que también presiona la política monetaria”.
Según las estimaciones presentadas, “el déficit fiscal de 2025 cerraría cerca del 6 % del PIB, el nivel más alto en los últimos 50 años, excluyendo la pandemia”, dijo Pabón.
Y agregó: “Esto no es un problema abstracto: afecta directamente a los hogares, a las empresas y al crecimiento del país”.
En consenso, sin una corrección fiscal creíble y reglas de juego estables, la confianza del mercado seguirá bajo presión, un desafío central para los candidatos y el próximo gobierno.
Y subrayaron la necesidad de un trabajo concertado entre el sector público y privado para destrabar cuellos de botella en infraestructura, vivienda y política fiscal, fortalecer la seguridad, recuperar la soberanía energética y mejorar la competitividad exportadora, como claves para reactivar la economía y atraer inversión hacia 2026.
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