Los partidos en la cuerda floja: estas colectividades también arriesgan su personería jurídica el 8 de marzo

El umbral del 3 % no es solo un requisito técnico: es un mecanismo de depuración del sistema político que cada cuatro años redistribuye el peso.

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Este domingo no solo se define quiénes llegan al Congreso. Para once partidos políticos, la jornada electoral del 8 de marzo es una prueba de supervivencia: o superan el umbral mínimo de votación o pierden su personería jurídica y quedan, en la práctica, fuera del sistema político colombiano.

A los casos más conocidos de Comunes, Dignidad y Compromiso y La Fuerza de la Paz, se suman ocho colectividades más que enfrentan el mismo riesgo: Salvación Nacional, Partido Oxígeno, Fuerza Ciudadana, Creemos, Patriotas, Con Toda por Colombia, Colombia Segura y Próspera, y Frente Amplio y Unitario.

La barrera: 630.000 votos para no desaparecer

El artículo 108 de la Constitución establece que los partidos y movimientos políticos deben obtener al menos el 3 % de los votos válidos a nivel nacional en las elecciones al Congreso para conservar su personería jurídica.

Con base en la participación histórica, las proyecciones indican que ese umbral podría ubicarse alrededor de los 630.000 votos válidos para el Senado, aunque el número definitivo solo se conocerá con los resultados de la jornada.

Lo que está en juego va mucho más allá de un trámite administrativo. La personería jurídica es la llave que permite a un partido inscribir candidatos con aval propio, acceder a financiación estatal, recibir reposición de votos por cada sufragio obtenido y mantener representación institucional ante el Consejo Nacional Electoral.

Perderla significa quedar reducido a un movimiento sin derechos plenos, obligado a recolectar firmas para poder volver a competir en futuras elecciones. Para muchas de estas organizaciones, ese camino equivale a la extinción política.

Tarjetón del Senado y Cámara de Representantes
Tarjetón del Senado y Cámara de Representantes. Foto: Registraduría.

Los casos más críticos

El partido Comunes, surgido de la desmovilización de las antiguas Farc, enfrenta el escenario más complejo de su historia reciente. Hasta ahora había contado con un esquema excepcional de curules garantizadas establecido en el Acuerdo de Paz, pero ese blindaje desaparece en 2026 y la colectividad deberá competir en igualdad de condiciones con el resto de fuerzas políticas. Si no alcanza el 3 % de la votación nacional, no solo perdería representación parlamentaria sino también su personería, lo que pondría en entredicho su viabilidad como actor político en el posconflicto.

Dignidad y Compromiso, colectividad que agrupa sectores de izquierda y centro, también aparece en zona de riesgo. Aunque cuenta con figuras reconocidas, su representación parlamentaria es reducida y su caudal electoral no garantiza cruzar la barrera sin el respaldo de una coalición sólida.

La Fuerza de la Paz, el partido impulsado por el exsenador Roy Barreras y ahora candidato presidencial, suma al reto del umbral una historia de disputas jurídicas sobre su propia personería. También está en peligro Fuerza Ciudadana, del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Además de otras colectividades como: Creemos, Patriotas, Con Toda por Colombia, Colombia Segura y Próspera, y Frente Amplio y Unitario.

Otras colectividades

Por otro lado, está Salvación Nacional, relanzado por Enrique Gómez Martínez con un discurso de nueva derecha, es el que mejores opciones tiene del grupo. El Partido Oxígeno, de Ingrid Betancourt, llega golpeado por diferencias internas.

Un filtro que reorganiza el tablero cada cuatro años

El umbral del 3 % no es solo un requisito técnico: es un mecanismo de depuración del sistema político que cada cuatro años redistribuye el peso de las fuerzas y presiona a los partidos más pequeños a fusionarse, buscar alianzas o desaparecer.

El umbral también opera de una manera que muchos partidos pequeños consideran inequitativa: no solo define el acceso a curules mediante la cifra repartidora, sino que concentra progresivamente el poder en las organizaciones con mayor músculo electoral, reduciendo el espacio para las minorías políticas y los movimientos emergentes.