Una nueva reconfiguración del Senado pone a calcular apoyos para la izquierda y la derecha, además del respaldo a los planes de gobierno y a las reformas que ya están en la conversación política.
Los resultados de este 8 de marzo de 2026 dejaron claro que ni la izquierda ni la derecha tienen mayoría absoluta para aprobar las leyes que propongan sus bancadas en el Congreso. Aunque el Pacto Histórico consiguió el mayor número de curules, tendrá que acudir a los partidos bisagra para sacar adelante su agenda legislativa.
Si se mira más atrás, una comparación entre 2018, 2022 y 2026 muestra que el Senado ha venido dejando atrás una estructura de predominio claro de la derecha para avanzar hacia un equilibrio más competitivo entre los tres grandes bloques ideológicos.
¿El desgaste de la derecha?
La lectura de Orza sugiere que en 2018 la derecha dominaba ampliamente el Senado con 55 curules, frente a un centro de 37 y una izquierda de apenas 16.
Ese reparto reflejaba un Senado inclinado a la continuidad institucional, con un centro relevante pero todavía funcional al bloque predominante y una izquierda con capacidad limitada para incidir de manera estructural en la agenda.
En 2022 se produjo el primer reacomodo importante. La izquierda creció hasta 24 curules, mientras el centro se redujo a 31 y la derecha se mantuvo prácticamente intacta, con 54.
“Más que una ruptura del equilibrio previo, ese resultado mostró una mayor polarización del sistema y una reducción del espacio intermedio “, sostiene Orza. Aun así, la derecha siguió siendo el bloque principal y el centro conservó capacidad de arbitraje, lo que mantuvo la lógica de mayorías negociadas y evitó que una sola corriente pudiera ordenar por sí sola la agenda del Senado.

Un 2026 más atomizado y competido
Para 2026, el cambio es más visible: la derecha cae a 38 curules, el centro sube a 34 y la izquierda alcanza 30.
Orza señala que el dato más relevante no es solo el retroceso de la derecha, sino el cierre de la distancia entre los tres bloques, que deja una plenaria mucho más competida y sin una fuerza claramente dominante. María Jimena Escandón, socia de Orza, señaló que «Tenemos un Congreso atomizado y que el próximo presidente, de donde provenga, va a tener un aliado difícil al no tener mayorías absolutas; va a ser casi al menudeo».
En términos políticos, esto sugiere un Senado menos estructurado por la hegemonía de un solo sector y más condicionado por acuerdos transversales, donde el centro recupera valor estratégico y donde tanto la derecha como la izquierda necesitarán construir alianzas para convertir su peso electoral en capacidad real de decisión.




