El panorama crediticio global para el primer trimestre de 2026 se mantiene en una tensa calma, dado que las señales de alerta comienzan a multiplicarse. Un informe de Fitch Ratings advirtió una preocupación estructural creciente respecto a la sostenibilidad de las deudas soberanas y la capacidad de las principales economías para gestionar sus déficits.
A pesar de que las condiciones de financiamiento han sido relativamente flexibles gracias a los recortes de tasas de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, la agencia cree que persiste un problema estructural profundo: la falta de voluntad política para abordar la sostenibilidad fiscal en las economías desarrolladas tras años de crecimiento constante de la deuda.

Se proyecta que los déficits fiscales de potencias como Estados Unidos, Alemania y Japón se amplíen este año. Además, la volatilidad reciente en los bonos gubernamentales a 30 años de Japón, sumada a episodios previos en Francia y el Reino Unido, subraya la fragilidad de estos mercados ante cualquier cambio en las expectativas de inflación o incertidumbre política.
Una desaceleración económica en marcha
Las estimaciones para 2026 apuntan a una desaceleración económica global, lo que complica aún más el panorama de recaudación y pago de deuda.
De acuerdo con Fitch Ratings, el PIB global caerá del 2,7 % en 2025 al 2,4 % en 2026. Particularmente en la Eurozona el crecimiento se enfriará del 1,5 % al 1,3%, mientras en Estados Unidos se espera un descenso del 2,2 % al 2% y en China la expansión pasa del 5 % al 4,1 %.

Uno de los factores determinantes en este enfriamiento, según el análisis, es el debilitamiento de la demanda interna, particularmente en China. El gigante asiático enfrenta una contracción sin precedentes en la inversión de capital fijo y una crisis inmobiliaria persistente, lo que no solo afecta su economía doméstica, sino que reduce la demanda global de materias primas.
En Estados Unidos, la situación es distinta, pero igualmente preocupante. Se observa una bifurcación en el consumo, donde los prestatarios de menores ingresos (subprime) muestran signos de presión financiera, mientras que los sectores de mayores ingresos (prime) se mantienen gracias al auge del mercado de valores impulsado por la Inteligencia Artificial.
Tensiones geopolíticas aumentan el riesgo
La calificadora señaló que el entorno crediticio se ve amenazado por una geopolítica que se ha deteriorado recientemente. A los conflictos ya conocidos en Europa del Este y Medio Oriente, se suman nuevas tensiones.
Por un lado, han surgido tensiones inusuales entre EE. UU. y Europa por la soberanía de Groenlandia, lo que ha llevado a amenazas de aranceles y dudas sobre la cohesión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En el hemisferio occidental, la acción militar estadounidense en Venezuela y el arresto de Nicolás Maduro señalan un renovado enfoque estratégico de EE. UU. en su propia región.
Además, la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se perfila como un foco crítico de riesgo para las relaciones comerciales en América del Norte.
El impacto de estas condiciones no es uniforme. Mientras que países como Grecia han visto una mejora en su calificación (a BBB) debido a una reducción firme de su deuda y un desempeño presupuestario sólido, otros enfrentan dificultades. Colombia sufrió una baja en su calificación debido a déficits fiscales persistentes que elevarán su ratio deuda/PIB.
En Brasil, otro ejemplo de la región, empresas como Braskem y Raizen, así como algunas instituciones financieras, han enfrentado rebajas de calificación por una flexibilidad financiera débil y una baja liquidez en un entorno de tasas aún elevadas.
Para Fitch, aunque el sistema crediticio global ha mostrado resiliencia, el año 2026 pondrá a prueba la capacidad de los soberanos para equilibrar sus cuentas en un mundo de demanda debilitada, tensiones comerciales y una deuda que no deja de crecer.




