El Consejo Gremial Nacional llamó la atención sobre los desafíos que enfrenta Colombia para avanzar en la transición energética, luego de que el país descendiera ocho posiciones en el Energy Transition Index 2026 del Foro Económico Mundial.
Su presidenta, Natalia Gutiérrez, señaló que Colombia pasó del puesto 35 al 43 entre 120 economías evaluadas entre 2022 y 2026, pese a mantener fortalezas derivadas de una matriz eléctrica con alta participación de fuentes limpias.
La dirigente gremial afirmó que el informe identifica señales que el país no debería pasar por alto, entre ellas una menor estabilidad regulatoria, mayores dificultades para ejecutar proyectos y riesgos crecientes para la seguridad energética.
En ese contexto, aseguró que el principal desafío ya no es demostrar el potencial del país en energías limpias, sino avanzar en la construcción de infraestructura y garantizar que la transición se desarrolle sin afectar la confiabilidad del sistema eléctrico.

Colombia conserva ventajas, pero enfrenta retos en regulación e inversiones
Gutiérrez destacó que una de las principales fortalezas del país sigue siendo contar con una de las matrices eléctricas más limpias del mundo, gracias al aporte de la hidroelectricidad y otras tecnologías de bajas emisiones.
Sin embargo, advirtió que el crecimiento de la demanda de energía y los retrasos en proyectos estratégicos hacen necesario acelerar inversiones en generación, transmisión, almacenamiento y mecanismos de respaldo para mantener la disponibilidad del servicio.
La presidenta del Consejo Gremial agregó que la confianza en las reglas de juego es determinante para atraer capital y desarrollar las obras que requiere el sistema energético colombiano.
El Energy Transition Index 2026 también evidenció que las dificultades no son exclusivas de Colombia. Según el reporte, apenas el 24 % de los países evaluados logró mejorar simultáneamente en seguridad energética, sostenibilidad y equidad.
Asimismo, la preparación global para la transición energética retrocedió 0,8 %, siendo la primera caída registrada en más de una década, impulsada por la incertidumbre regulatoria, las restricciones de financiamiento, los rezagos en infraestructura y los problemas para sacar adelante proyectos.

La seguridad energética fue la única dimensión que mostró un deterioro a nivel global, afectada por una reducción del 3 % en la confiabilidad de los sistemas eléctricos.
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En el caso de América Latina, el puntaje promedio disminuyó 0,5 %, reflejando desafíos asociados con una mayor variabilidad climática, el incremento de la demanda y la necesidad de acelerar inversiones en infraestructura energética.
Para Gutiérrez, estos resultados dejan una conclusión clara para Colombia: la discusión sobre transición energética debe concentrarse en convertir el potencial del país en proyectos construidos y conectados a la red, fortalecer la seguridad energética y generar confianza entre los inversionistas.
A su juicio, uno de los principales retos del próximo Gobierno será trabajar junto con la industria, los gremios y las comunidades para agilizar la infraestructura necesaria que permita avanzar hacia una transición energética sostenible, competitiva y confiable.




