El superintendente financiero de Colombia, Pablo Andrés Rivas, señaló que el terremoto del 10 de agosto no afectó a la industria aseguradora, aunque reconoció que el sector debe afrontar grandes desafíos.
En particular el funcionario se refirió a la respuesta patrimonial ante emergencias naturales y al desafío que significan la baja penetración de los seguros en la economía y la sensación de insatisfacción en los beneficiarios al momento de tramitar sus reclamaciones.
Y es que el año 2026 ha estado marcado por eventos de gran impacto, como el sismo del 10 de agosto y el Fenómeno de El Niño. El superintendente señaló que estos sucesos pusieron a prueba la capacidad operativa y de respuesta de las aseguradoras en las regiones afectadas.
Según las cifras oficiales reveladas por el organismo de control, el terremoto generó 98.651 siniestros informados y requirió la constitución de reservas por $5,8 billones.
Pese a la magnitud del impacto, Rivas resaltó que la industria demostró una alta capacidad patrimonial, al punto que la gran mayoría de las entidades absorbieron la siniestralidad acumulada a través de sus esquemas de reaseguro sin necesidad de agotar sus reservas de riesgos catastróficos y únicamente tres compañías requirieron autorizaciones de liberación por $84.437 millones.
El funcionario anotó que a este choque de siniestralidad se sumó el efecto del incremento del salario mínimo a inicios de año, el cual presionó súbitamente la reserva matemática y de siniestros avisados en los ramos de vida, exigiendo un esfuerzo conjunto de capitalización y planes de ajuste con el supervisor.
Sin embargo, advirtió que la baja penetración del seguro sigue siendo una vulnerabilidad estructural del país, donde solo el 14,5 % de las pérdidas ocasionadas por desastres están cubiertas por una póliza.
«Colombia necesita aumentar el aseguramiento ante eventos de la naturaleza», dijo, al tiempo que llamó al sector a transformarse para ser más eficiente y cubrir el mayor número de personas y bienes.
Así mismo, señaló que persisten oportunidades de mejora en la atención al consumidor financiero, dado que se registraron quejas concentradas en demoras en el pago de indemnizaciones de seguros de hogar e incendio, así como en la gestión de prestaciones de riesgos laborales en las zonas afectadas.
Cronograma de implementación del sistema de Finanzas Abiertas
La Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) insistió en una ampliación de seis meses en los plazos regulatorios asignados al organismo de control para el despliegue del esquema de Finanzas Abiertas (Open Finance) en el país.
De acuerdo con el superintendente, la finalidad de este ajuste no es postergar el modelo ni frenar el intercambio de datos, sino fortalecer las capacidades institucionales de la entidad de supervisión, coordinar técnicamente con la industria y asegurar una implementación gradual, ordenada, segura e interoperable.
«Muchos sabrán que pedimos un ajuste de plazos para la implementación de finanzas abiertas, no para demorarnos más en la implementación de sistemas de finanzas abiertas, sino para organizarnos mejor, para articular mejor lo que queremos y lo que necesitamos, cuáles son realmente los casos de uso que podemos hacer escalables», enfatizó.
Recientemente, la SFC publicó el proyecto de Circular Externa 010 de 2026 para actualizar los estándares, así como un proyecto de Carta Circular enfocado en el cronograma para la expedición de estándares de intercambio de información, sobre el cual se recibieron cerca de 180 comentarios del sector.
Adicionalmente, entre junio y julio de 2026 se llevaron a cabo siete mesas técnicas con la participación de más de 157 entidades del ecosistema financiero y tecnológico, así como consultas de madurez y priorización que contaron con la respuesta de aproximadamente 140 participantes.
El pasado 24 de septiembre de 2026, la entidad realizó una mesa técnica con Asobancaria y Colombia Fintech para evaluar la priorización del cronograma. Tras analizar las observaciones, el supervisor identificó la necesidad de otorgar un margen adicional para robustecer la arquitectura técnica y evitar ajustes extemporáneos.
«A veces hay que tomar un paso atrás para organizarnos, para entendernos y recoger todo lo que ya está hecho, para establecer un cronograma que sea mucho mejor articulado, mucho más eficiente y efectivo», argumentó.
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