Cuando vuelven las lluvias, muchas personas pueden pensar que el riesgo asociado con el fenómeno de El Niño quedó atrás. Sin embargo, tener días lluviosos no significa que las condiciones secas hayan desaparecido ni que las regiones estén fuera de peligro. El comportamiento del clima en los próximos meses será clave para evitar problemas de abastecimiento de agua y emergencias por incendios forestales.
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La advertencia está dirigida a varias zonas de Colombia. La Región Administrativa y de Planeación Especial (RAP-E) Región Central señaló que las precipitaciones por debajo de los niveles habituales y las temperaturas superiores a lo normal en distintos sectores mantienen la necesidad de prepararse ante posibles emergencias.
El llamado cobra relevancia porque, aunque durante octubre y noviembre se presenten lluvias, desde diciembre comienza una temporada de menos precipitaciones que podría intensificar las condiciones secas por efecto de El Niño. Por eso, las autoridades y las comunidades deben anticiparse y no esperar a que se presenten afectaciones para tomar medidas.
La advertencia está contenida en el Boletín Regional N.º 23 de la RAP-E, elaborado por su Eje de Sustentabilidad Ecosistémica y Manejo de Riesgos con información de fuentes oficiales. El análisis comprende Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Huila y Meta.
¿Por qué las lluvias no eliminan el riesgo del fenómeno de El Niño?
El fenómeno de El Niño puede reducir las precipitaciones, pero eso no significa que deje de llover por completo. De hecho, octubre y noviembre coinciden con la segunda temporada de lluvias en buena parte de la región Andina.

Esto significa que pueden presentarse precipitaciones y, al mismo tiempo, mantenerse condiciones que exigen preparación frente a una posible sequía. El comportamiento del clima puede variar entre territorios y meses, por lo que las medidas deben ajustarse a las características de cada zona y a la disponibilidad de sus fuentes hídricas.
La RAP-E también advierte que la preparación no debe concentrarse únicamente en la falta de agua. Durante los periodos lluviosos es necesario mantener la vigilancia ante emergencias como inundaciones y movimientos en masa, que pueden afectar a las comunidades y la infraestructura.
En otras palabras, las lluvias no son una razón para bajar la guardia. La recomendación es mantener la prevención frente a los escenarios de sequía y, al mismo tiempo, atender los riesgos propios de las precipitaciones.
La preocupación por la disponibilidad de agua tiene antecedentes en la Región Central. El boletín recoge información del Estudio Nacional del Agua de 2022, que identificó 51 municipios de la región con afectaciones por desabastecimiento durante temporadas secas entre 2017 y 2021.
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De ese total, 27 municipios estaban en Cundinamarca, 21 en Boyacá y tres en Tolima. Estas cifras corresponden a afectaciones históricas y no significan que los 51 municipios estén actualmente en emergencia. Sin embargo, sirven como referencia para identificar territorios que deben fortalecer su preparación ante periodos de menores precipitaciones.
La disponibilidad de agua es fundamental para los hogares, los acueductos, las actividades productivas y los ecosistemas. Por eso, anticiparse permite identificar posibles dificultades de suministro y evaluar alternativas antes de que una reducción de las lluvias tenga consecuencias más graves.
La RAP-E señala que las medidas de preparación deben prestar especial atención a las fuentes hídricas y a las actividades económicas que dependen del agua. También insiste en que cada territorio debe responder de acuerdo con sus condiciones climáticas y necesidades particulares.
¿Qué recomiendan las autoridades para prepararse?
La RAP-E plantea varias acciones para fortalecer la capacidad de respuesta de los territorios ante una posible reducción de las lluvias y los problemas de abastecimiento.

Entre las principales recomendaciones están:
- Actualizar los planes de emergencia y contingencia: los prestadores de los servicios de acueducto deben revisar sus planes de acuerdo con el Decreto 2157 de 2017.
- Identificar fuentes alternativas de abastecimiento: contar con opciones adicionales puede ayudar a responder ante eventuales dificultades de suministro.
- Monitorear las fuentes hídricas: hacer seguimiento a su comportamiento permite identificar cambios y anticipar posibles afectaciones.
- Promover el uso eficiente del agua: el ahorro y el consumo responsable son parte de las medidas preventivas.
- Reforzar la vigilancia frente a incendios: es necesario prestar atención a las zonas vulnerables, evitar las quemas abiertas y coordinar la respuesta con las autoridades.
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Así, aunque las lluvias continúen en algunas zonas, la preparación frente al fenómeno de El Niño sigue siendo necesaria. La prevención busca reducir los riesgos de incendios y escasez de agua antes de que las condiciones climáticas puedan traducirse en afectaciones para los hogares y las actividades productivas.




