Colombia usa cada vez menos efectivo para pagar, pero tiene más billetes en circulación

El uso de billeteras digitales y transferencias crece, mientras el dinero físico conserva un papel relevante en los hogares de menores ingresos.

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Si hay un sector que ha evolucionado de la mano de la tecnología, ese es el financiero. La expansión de las billeteras digitales, los códigos QR, los pagos sin contacto y las transferencias inmediatas ha transformado la manera en que las personas realizan sus transacciones y ha llevado al efectivo a ceder terreno.

¿Pero esta transformación del ecosistema de pagos podría estar augurando la desaparición de las monedas y los billetes? La respuesta corta es no. Aunque su uso ha perdido protagonismo frente a las alternativas digitales, el efectivo sigue ocupando un lugar importante en la economía.

La dicotomía del efectivo 

Más que desaparecer, el dinero en efectivo está atravesando una transición gradual impulsada tanto por factores tecnológicos como por los hábitos de consumo. 

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De acuerdo con el reporte de infraestructura financiera e instrumentos de pago realizado por el Banco de la República, el efectivo sigue siendo la principal forma de pago para la mayoría de las personas en sus compras y gastos cotidianos, como alimentación, transporte, entre otros. 

En particular, el 66 % de la población señaló al efectivo como su instrumento principal en número de pagos habituales de bajo monto y el 65 % en valor de pagos, es decir, que también es el principal canal para cubrir la mayor parte de sus gastos. 

No obstante, estos porcentajes han disminuido frente a 2014, cuando se ubicaban en 89 % en número y 91 % en valor. Esta tendencia también se refleja en las principales ciudades, donde entre 2023 y 2026 el efectivo perdió participación como medio de pago, siendo Bogotá (-23 p.p.), Barranquilla (-14 p.p.) y Cali (-11 p.p.) los territorios que registraron las mayores caídas.

Este comportamiento contrasta con el crecimiento del valor de los billetes en circulación, el cual alcanzó los $170,2 billones en 2025, es decir, un 6,6 % más que lo reportado en 2024 y con una alta concentración en denominaciones de $100.000 (51 %) y $50.000 (41 %). 

Y, aunque el efectivo ha perdido participación en las transacciones cotidianas, esto no significa que haya menos dinero físico en manos de personas y empresas. De hecho, este representó el equivalente al 8,4 % del PIB colombiano en 2025. Esto muestra que una menor utilización del efectivo para realizar pagos puede coexistir con un aumento del dinero físico en circulación.

La permanencia y la preferencia de la población por este instrumento también están ligadas a factores socioeconómicos. 

De acuerdo con el reporte, en Colombia, el efectivo como medio de pago alcanza un 81 % en valor y 80 % en número en el estrato 1, mientras que en los estratos más altos desciende al 31 % en valor y 27 % en número. Asimismo, predomina en zonas rurales, adultos mayores y poblaciones de menores ingresos o menor nivel educativo.

Eso sumado a que las preocupaciones de ciberseguridad, la baja alfabetización digital y las comisiones de retiro o infraestructura de cajeros continúan frenando la migración completa hacia los pagos 100% digitales en los hogares vulnerables y no bancarizados.

Así, el panorama evidencia que el efectivo conserva funciones clave que van más allá del pago diario, sirviendo como depósito de liquidez precautoria, reserva de valor, activo ante emergencias o fallas operativas. 

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Dinero en efectivo Foto: ©anamejia18 de Getty Images a través de Canva.com

El crecimiento de los pagos digitales 

Ahora bien, para dimensionar mejor qué tanto se han acelerado los pagos digitales, hay que ampliar un poco más el espectro. 

De acuerdo con un informe realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre 2011 y 2021, el porcentaje de adultos en la región que utiliza billeteras digitales o cuentas de transacciones electrónicas para hacer pagos pasó del 2,5 % al 37,9 %. Además, entre 2019 y 2023, el promedio de transacciones digitales por cada 1.000 adultos en la región se multiplicó 3,3 veces.

Colombia no es ajena a ese crecimiento del ecosistema digital. El análisis del BanRep muestra que la transferencia electrónica se ha consolidado como el principal instrumento de pago electrónico en el país. De hecho, la tasa de adopción pasó de ocho transferencias per cápita en 2016 a 76 en 2024 y alcanzó las 120 transferencias per cápita en 2025.

Ese mismo año, las transferencias inmediatas gestionaron en promedio diario $377.236 millones y 2,83 millones de operaciones, registrando un crecimiento anual del 164 % en valor y del 152 % en número de transacciones respecto a 2024.

En ese escenario hay que incorporar el auge que ha tenido el sistema de pagos inmediatos Bre-B. Los datos muestran que durante su primer año en operación, el número mensual de operaciones pasó de cerca de 65 millones en octubre de 2025 a alrededor de 230 millones en septiembre de 2026, mientras que el valor transado aumentó de $9 billones a más de $30 billones durante el mismo periodo.

Según ha explicado el centro de estudios Anif, este crecimiento es importante porque demuestra que Bre-B no solo ha avanzado en el registro de llaves, sino también en su uso cotidiano. De hecho, el aumento constante de las operaciones muestra que cada vez más personas recurren a esta herramienta para hacer pagos y transferencias.

“Este fenómeno adquiere especial importancia en un contexto en el que, aunque el efectivo continúa siendo el medio de pago predominante en Colombia, su participación ha disminuido de manera significativa durante la última década, pasando de cerca de nueve de cada diez pagos en 2012 a alrededor de seis de cada diez en la actualidad”, destacó el centro. 

Ante este panorama, mientras las transferencias electrónicas y los pagos inmediatos ganan terreno en el país, el efectivo continúa ocupando un lugar importante en las transacciones cotidianas de buena parte de la población. Más que una sustitución de un medio por otro, las cifras muestran una transformación gradual en la forma de mover el dinero, en la que los instrumentos digitales avanzan sin desplazar por completo a los billetes y las monedas.