Alerta en el campo: el error que puede hacer perder hasta 40 % de la cosecha en Colombia 

Se prenden las alarmas en el campo por una práctica común que impactaría la productividad agrícola en plena temporada de siembras. 

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 En plena temporada de siembras del primer semestre de 2026, un problema silencioso vuelve a prender las alarmas en el campo colombiano. Mientras miles de agricultores se preparan para cultivar productos clave como maíz, arroz, algodón y sorgo, autoridades y gremios advierten sobre un error recurrente que podría comprometer seriamente los resultados de las cosechas y la rentabilidad del sector. 

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La advertencia no es menor: detrás de decisiones aparentemente simples en la compra de insumos se esconden riesgos que afectan directamente la productividad, la calidad de los cultivos y la sostenibilidad económica de las familias agricultoras. En un contexto de transformación del agro, este factor se convierte en un punto crítico para entender el desempeño del sector. 

El error que pone en riesgo las cosechas del campo colombiano

El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas) hicieron un llamado urgente a productores y comercializadores para evitar el uso de semillas no autorizadas, una práctica que sigue siendo frecuente en distintas regiones del país.  

El impacto de esta decisión puede ser significativo. De acuerdo con el ICA, el uso de semillas autorizadas puede representar incrementos de hasta 40% en el rendimiento por hectárea frente a materiales no certificados, lo que evidencia la magnitud de la pérdida potencial al optar por insumos informales. 

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“El uso de semillas autorizadas por el ICA asegura que el productor reciba un elemento de calidad sanitaria, genética, física y fitosanitaria”, afirmó Paula Andrea Cepeda Rodríguez, gerente general del ICA, al explicar que esta decisión incide directamente en la productividad del cultivo.  

El problema no se limita a menores rendimientos. El uso de semillas no certificadas también implica riesgos fitosanitarios que pueden afectar no solo un cultivo específico, sino la estabilidad del sistema agrícola en su conjunto. 

Las semillas autorizadas pasan por controles rigurosos que garantizan su sanidad, pureza genética y adaptación a condiciones climáticas específicas. En contraste, los materiales informales pueden introducir plagas, enfermedades o fallas en la germinación, lo que incrementa los costos y reduce la eficiencia del proceso productivo. 

“La semilla es el primer eslabón de la cadena alimentaria. Al elegir semillas autorizadas, el agricultor no solo protege su inversión inmediata, sino que accede a tecnologías desarrolladas específicamente para enfrentar plagas y los efectos del cambio climático”, explicó Leonardo Ariza Ramírez, gerente general de Acosemillas.  

La advertencia se da en un momento en el que algunos cultivos muestran señales de crecimiento. Datos de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) indican que en 2025 el maíz registró un aumento de 14,3 % en su producción, mientras que el arroz creció 3,0 %.  

Estos resultados reflejan un potencial importante para el sector, pero también aumentan la presión sobre los productores para mantener o mejorar los rendimientos en medio de desafíos como el cambio climático, la volatilidad de precios y los costos de producción. 

En este escenario, decisiones como la selección de semillas adquieren un peso estratégico, ya que pueden marcar la diferencia entre una cosecha rentable y una pérdida significativa. 

Agricultura

Además del impacto productivo, el uso de semillas no autorizadas también puede acarrear sanciones para productores y comercializadores. Las autoridades han reiterado la importancia de cumplir con la normativa vigente, especialmente la Resolución ICA 15141 de 2024, que regula la comercialización y uso de estos insumos. 

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El llamado es claro: adquirir semillas únicamente en establecimientos registrados ante el ICA, verificar el estado del empaque, revisar la información técnica y exigir factura de compra como respaldo ante cualquier eventualidad. 

El uso de semillas autorizadas no solo incide en la productividad individual, sino también en la economía del país. Un mayor rendimiento por hectárea se traduce en mayor oferta de alimentos, estabilidad de precios y fortalecimiento de la seguridad alimentaria. 

Además, la formalización del mercado de semillas impulsa la investigación y el desarrollo tecnológico en el sector, lo que permite contar con variedades más resistentes y adaptadas a las condiciones locales. En contraste, la informalidad limita estos avances y pone en riesgo la competitividad del agro colombiano frente a otros mercados.