Los análisis previos sobre la conformación del próximo Congreso, que se definirá en las urnas el 8 de marzo, muestran que dos partidos serían los protagonistas de la contienda legislativa.
Se trata del Pacto Histórico, fuerza política del presidente Gustavo Petro, y el Centro Democrático, principal partido de oposición.
De acuerdo con un informe elaborado por la firma Orza, agencia especializada en relacionamiento y asuntos públicos, el Pacto Histórico se mantendría como una de las principales fuerzas del Senado, con una proyección de 19 curules. Esto implicaría la pérdida de un puesto frente al número que ocupa actualmente.
“Predomina la reelección apoyada en fuertes bloques regionales, especialmente en Bolívar y Córdoba, donde las maquinarias consolidadas aseguran votaciones altas y estabilidad para el partido”, señala el documento.
Centro Democrático crecería impulsado por lista cerrada y figuras clave
Por su parte, el Centro Democrático aparecería como uno de los partidos con mayor crecimiento, al pasar de 13 a 19 curules proyectadas, impulsado por una lista cerrada y la tracción política de figuras como el expresidente Álvaro Uribe y el empresario Mario Hernández.

“Los perfiles ubicados en opción media-alta dependen de que el partido alcance una votación total robusta, mientras que los renglones finales —incluido el cierre simbólico de Álvaro Uribe— cumplen principalmente un papel movilizador, con escasas probabilidades reales de llegar al Senado”, agrega Orza.
Eso sí, estas dos figuras podrían no alcanzar un escaño en la cámara alta, sobre todo por las posiciones que ocupan en la lista. El expresidente está en el puesto 25 y el empresario en el 37.

Listas cerradas: una estrategia para concentrar votos y fortalecer al partido
Tanto el Pacto Histórico como el Centro Democrático apostaron en estas elecciones por el mecanismo de listas cerradas, una modalidad que cambia la lógica tradicional de competencia interna dentro de los partidos.
En una lista cerrada, los ciudadanos no votan por un candidato en particular, sino por el partido como bloque. Esto significa que los votos se suman a una sola bolsa y las curules se asignan según el orden previamente definido por la colectividad.
Este método tiene un objetivo estratégico: concentrar la votación en una sola marca política, evitando que los candidatos compitan entre sí por el voto preferente y fortaleciendo la capacidad del partido para alcanzar un mayor número de escaños.
Además, permite que figuras de alto reconocimiento —como el expresidente Álvaro Uribe en el caso del Centro Democrático, o líderes nacionales del oficialismo en el Pacto Histórico— funcionen como “jalonadores” de votos, impulsando el respaldo general a la lista, incluso si su ubicación en el orden no garantiza necesariamente una curul directa.
En términos políticos, la lista cerrada también busca generar mayor claridad ante la ciudadanía: el voto se interpreta como un respaldo más directo a un proyecto colectivo, y no solo a una candidatura individual.
Por eso, en esta contienda legislativa, el desempeño de estas listas cerradas será clave para medir no solo la fuerza electoral de los partidos, sino también su capacidad de movilización territorial y cohesión interna rumbo al nuevo Congreso que se instalará en 2026.

El papel simbólico de Uribe y el “número 25” como meta estratégica
Un punto relevante dentro de la lista cerrada del Centro Democrático es que el expresidente Uribe aparece en la posición número 25, un lugar que no le garantiza de forma directa una curul, pero que busca movilizar votos y reforzar la votación total del partido.
En el análisis político, alcanzar ese umbral de 25 escaños se ha convertido en un objetivo estratégico: sería el número necesario para bloquear reformas clave impulsadas desde sectores progresistas, en caso de que mantengan el poder en 2026.
Con esa fuerza parlamentaria, el uribismo quedaría cerca de incidir en debates como una eventual convocatoria a una Constituyente, reformas al sistema de salud o nuevas iniciativas del Gobierno.
En el escenario contrario, si la Presidencia llegara a manos de un sector de derecha, el Centro Democrático también podría respaldar contrarreformas y propuestas alineadas con su agenda política.




