El centro de estudios económicos ANIF alertó sobre un incremento significativo en los costos laborales en Colombia, ahora que el salario por hora trabajada crecerá un 34,7 % en un periodo de poco más de un año.
De acuerdo con el informe, el pago por hora pasará de $7.736 en el primer semestre de 2025 a $10.422 para el segundo semestre de 2026.

Este salto en el costo unitario del trabajo se explica por la convergencia del ajuste del salario mínimo, que para el primer semestre de 2026 representa el 80 % del aumento total observado, y la reducción progresiva de la jornada laboral de 48 a 42 horas semanales sin tocar la remuneración, en respuesta a una ley de 2021.
De acuerdo con ANIF, “al mantenerse constante el ingreso mensual mientras disminuye el número de horas trabajadas, el costo unitario del trabajo aumenta de forma automática, generando un cambio estructural en la relación entre remuneración y tiempo laborado que incide directamente sobre los costos laborales empresariales”.
Micro y pequeñas empresas: las más vulnerables
El informe de ANIF enfatiza que el impacto de estas medidas no será homogéneo, recayendo con mayor intensidad sobre las micro y pequeñas empresas.
En estas organizaciones, una proporción considerable de la nómina devenga el salario mínimo, lo que las deja con un margen de maniobra muy limitado frente al alza de costos.
De acuerdo con las cifras de ANIF, la concentración de asalariados con un salario mínimo es crítica en los segmentos menores.
En firmas de 1 a 5 trabajadores, el 63 % de los empleados gana el mínimo y en empresas de 6 a 10 trabajadores, esta cifra es del 58,2 %. “Vale resaltar que, para empresas de menos de 20 empleados, los asalariados con el mínimo representan al menos la mitad de la planta total”, señaló el centro de pensamiento.
La preocupación de ANIF radica en que este aumento en la carga laboral no viene acompañado de mejoras proporcionales en la productividad. Por eso señaló que ante la incapacidad de muchas empresas para trasladar estos mayores costos a los precios finales o compensarlos con eficiencia, podrían generarse efectos no deseados.
Entre los riesgos identificados se encuentran posibles retrocesos en la generación de empleo formal, amenazas a la sostenibilidad empresarial y la creación de desincentivos para la formalización de los trabajadores.
Además, en ausencia de ganancias de productividad que equilibren la balanza, el fortalecimiento del ingreso real de los hogares podría verse contrarrestado por un mercado laboral más restrictivo y costoso.
—




