La reforma tributaria de Bogotá abrió una discusión que podría llegar al bolsillo de los ciudadanos: ¿pedir créditos en Bogotá, financiar un negocio o utilizar determinados servicios financieros será más costoso? El aumento del impuesto de Industria y Comercio (ICA) para varias actividades del sector financiero podría elevar los costos de operación de bancos y otras entidades, con la posibilidad de que una parte termine trasladándose a sus clientes.
El cambio quedó establecido en el Acuerdo 1084 del 8 de octubre de 2026, que reorganiza las tarifas tributarias de la capital y contempla un incremento progresivo del ICA para distintas actividades financieras. La tarifa llegará a 20 por mil en 2027, bajará a 19 por mil en 2028 y se ubicará en 18 por mil desde 2029.
Para Juan Díaz, senior counsel de Holland & Knight, el efecto no se limita a las cuentas de las entidades financieras. El mayor costo tributario podría influir en sus decisiones comerciales y, dependiendo de las condiciones del mercado, reflejarse en las tasas de interés, las comisiones o las condiciones que ofrecen a hogares y pequeñas empresas.
Sin embargo, el experto advierte que el incremento no significa que todos los créditos vayan a subir automáticamente. La magnitud del efecto dependerá de factores como la competencia entre las entidades, las tasas de referencia del Banco de la República y las condiciones de financiación de cada producto.
¿Por qué podrían subir los créditos en Bogotá?
El punto central de la discusión está en cómo se calcula el ICA. Este impuesto grava los ingresos derivados de las actividades económicas, bajo las reglas aplicables a cada sector, y no las utilidades que quedan después de descontar todos los costos y gastos del negocio.
De acuerdo con Díaz, esta característica puede presionar la rentabilidad de bancos y fintech, porque el impuesto representa un costo que deben incorporar a sus proyecciones financieras.

“El ICA se calcula sobre los ingresos brutos de bancos y fintech, es decir, sobre todo lo que facturan, sin descontar sus costos ni sus gastos operativos. Por eso afecta directamente la rentabilidad del negocio”, explicó el abogado.
Cuando una entidad enfrenta mayores costos, puede buscar distintas maneras de compensarlos: ajustar sus gastos, modificar los precios de algunos servicios o revisar las condiciones de financiación que ofrece. Si opta por trasladar una parte de la carga tributaria, los usuarios podrían terminar asumiendo una porción del incremento.
Díaz señaló que aumentos anteriores del ICA en otras ciudades han llevado a entidades financieras a revisar sus modelos de negocio y, en algunos casos, a elevar los precios de sus servicios o de la financiación. No obstante, aclaró que el traslado puede ser total, parcial o no producirse, dependiendo de lo que permitan la competencia y la regulación financiera.
Qué pasaría con las tasas de interés y las comisiones
Para quienes buscan un crédito de libre inversión, financiamiento para vivienda o recursos para impulsar un pequeño negocio, el efecto dependerá de las decisiones que adopten las entidades financieras.
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El aumento del ICA podría presionar las tasas de interés o las comisiones, pero no es el único factor que determina cuánto paga un usuario por un préstamo. También influyen el costo de conseguir los recursos que prestan los bancos, el riesgo de incumplimiento de cada cliente, las condiciones comerciales y las tasas de referencia del Banco de la República: “En la práctica, el aumento del ICA para bancos y fintech sí podría llevar a un alza gradual de las tasas de interés y de las comisiones”, afirmó Díaz.
El abogado agregó que el efecto real dependerá de las condiciones comerciales del momento y de las tasas que se observen en el mercado. Esto significa que no todos los productos necesariamente tendrán el mismo comportamiento ni que todas las entidades reaccionarán de la misma manera.
Para los hogares, una eventual subida en el costo de financiación podría traducirse en cuotas más altas o en una menor capacidad para endeudarse con el mismo ingreso. Para las pequeñas empresas, el efecto podría sentirse en el costo de financiar inventarios, comprar equipos o cubrir necesidades de capital de trabajo.
Por ahora, se trata de un riesgo señalado por el experto y no de un aumento confirmado en las tasas de los créditos. El comportamiento de los precios financieros dependerá de las decisiones que tomen las entidades y de la evolución de las demás variables económicas.
Fintech y pequeñas empresas también podrían sentir el efecto
La discusión no se limita a los bancos tradicionales. Las empresas de tecnología financiera, conocidas como fintech, también podrían enfrentar presiones sobre sus costos, especialmente aquellas que están en etapas de expansión y destinan buena parte de sus recursos a desarrollar productos, ampliar su operación o captar clientes.
Díaz explicó que estas compañías pueden registrar un volumen importante de operaciones sin haber alcanzado todavía una rentabilidad estable. En esos casos, el impuesto puede representar una carga incluso cuando la empresa registra pérdidas, pues los recursos reinvertidos no reducen por sí solos la base gravable del ICA: “El ICA se calcula sobre los ingresos brutos y no sobre las utilidades, es decir, no descuenta costos ni gastos”, señaló.
El efecto podría ser relevante para compañías que buscan crecer en un mercado competitivo. Si el costo tributario aumenta, algunas podrían verse obligadas a revisar sus precios, sus planes de inversión o el ritmo al que amplían sus operaciones.
¿Las empresas podrían salir de Bogotá por el aumento del ICA?
Otro de los puntos de discusión es la posibilidad de que algunas compañías trasladen determinadas operaciones a municipios cercanos con condiciones tributarias más favorables. Díaz sostuvo que en el pasado los incrementos del ICA en Bogotá llevaron a empresas de diferentes industrias a evaluar su ubicación y que algunos municipios buscaron atraer contribuyentes mediante beneficios tributarios y tarifas diferenciales.

“Hoy existe una competencia comprobada entre municipios por atraer inversión y, con ella, contribuyentes que paguen ICA y aumenten su recaudo”, afirmó el experto.
Para Díaz, Bogotá podría buscar un equilibrio entre el recaudo que necesita la ciudad y la competitividad de las empresas que generan empleo, desarrollan tecnología y ofrecen servicios financieros.
Su propuesta consiste en evaluar tarifas diferenciales de este impuesto que no dependan exclusivamente de la actividad económica registrada por cada contribuyente. También plantea considerar variables como el tamaño de la empresa, sus ingresos, la inversión que realice en Bogotá y los puestos de trabajo que genere.
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El Acuerdo 1084 contempla incentivos tributarios para determinadas inversiones, actividades y proyectos, pero el experto advierte que los beneficios no incluyen expresamente a todas las empresas financieras y fintech que podrían contribuir al desarrollo económico de la capital. “Independientemente de su sector o de su código CIIU, estas empresas pueden generar valor para la ciudad y podrían incluirse en este tipo de beneficios”, planteó Díaz.




