Nuevas proyecciones apuntaron a que el déficit de gas en Colombia se ampliaría hasta 39 % de la demanda nacional en 2026. Esta tendencia se agudizaría hasta 2029. Como se ha mencionado en la industria, este panorama se revertiría con la entrada en operación del proyecto Sirius, perteneciente a Ecopetrol y operado por la brasileña Petrobras. Sin embargo, se prevé que el gas proveniente de este yacimiento entre al mercado a partir de 2030.
Estas previsiones son de la calificadora Moody’s, que señaló que el equilibrio entre la oferta y la demanda de gas en el país se ha deteriorado de manera importante. La organización indicó que las reservas probadas disminuyeron 13 % en 2024, lo que equivale a 5,9 años de suministro con la tasa actual de consumo. A esto añadió que el Gobierno Petro no ha firmado nuevos contratos de exploración y que la producción cayó a 695 millones de pies cúbicos diarios en febrero de 2026, el nivel más bajo registrado para ese mes.

En tan solo tres años, la demanda de gas natural licuado (GNL), es decir, del gas transportado por vía marítima en estado líquido, pasó de representar menos de 3 % del suministro total en 2023 a cubrir 23 % de la demanda. Lo anterior también está generando cambios en el mercado, puesto que cerca de 16 % de los grandes consumidores industriales dejaron de utilizar este energético a comienzos de 2026 y lo sustituyeron por otras fuentes, debido a los mayores costos asociados al gas importado.
Adicionalmente, el energético se está importando a través de la única planta de regasificación con la que actualmente cuenta Colombia: SPEC, la Sociedad Portuaria El Cayao, propiedad en 51 % de Promigas (Grupo Aval) y en 49 % de Royal Vopak. Mientras tanto, Ecopetrol avanza en otros proyectos de regasificación en Buenaventura (Valle del Cauca), Puerto Bahía (Cartagena) y Coveñas (Sucre).

La calificadora también señaló que Ecopetrol, que representa cerca de 85 % de la producción interna, incrementó el precio del gas en 34 % durante 2026. A la vez, habría renovado cerca de 30 % de los contratos que vencían, lo que, según Moody’s, refleja las limitaciones de suministro que enfrenta el sector y aumentará la demanda de GNL a través de SPEC.
“A medida que se incremente el déficit de oferta doméstica de gas, aumentará en la misma proporción el volumen importado, siendo este mucho más costoso, sobre todo por el encarecimiento derivado del conflicto en Medio Oriente. Se estima que a partir de junio de 2026 se observarán alzas cercanas a 34 %, debido a que la mayoría de los contratos de los comercializadores vencieron en mayo y su renovación se realiza a mayores precios”, señaló el exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta.
El exfuncionario también indicó que esta situación incidirá en las tarifas de energía. Según explicó, las previsiones de un fenómeno de El Niño para el segundo semestre de 2026 obligarán a una mayor participación de la generación térmica para respaldar la demanda de electricidad. Lo anterior es relevante porque la generación térmica utiliza gas como principal insumo, por lo que el aumento en sus costos se traduciría en mayores precios de generación, incrementos en el valor de la energía en bolsa, y finalmente, mayores tarifas para los usuarios, dependiendo de la exposición de las compañías en los precios de bolsa.
A lo anterior se suma la situación crítica de Canacol, que es una de las compañías más relevantes de la industria gasífera colombiana, al ser el segundo mayor productor de gas del país. En 2025 solicitó en Canadá un proceso de insolvencia con el fin de protegerse de sus acreedores, luego de enfrentar una crisis de liquidez.

La empresa pidió cancelar 19 contratos de suministro con 12 contrapartes en Colombia. No obstante, la Superintendencia de Sociedades confirmó a este medio que la solicitud no prosperó, dado que la compañía busca fortalecer sus activos, posiblemente, para una eventual desinversión.
Canacol mantiene contratos con varias distribuidoras del país, entre ellas Promigas, Surtigas, Gases del Caribe y Gases de La Guajira. Además, suministra cerca de la mitad de la demanda de gas de la región Caribe y alrededor de 17 % del consumo nacional. Sin embargo, su producción ha disminuido en aproximadamente 75 millones de pies cúbicos diarios, al pasar de cerca de 200 millones de pies cúbicos diarios en julio de 2023.
Todo lo anterior podría convertirse en un cóctel que presione aún más a la industria, pues el país depende cada vez más de las importaciones y la segunda compañía privada con mayor producción de gas se encuentra en un proceso de reorganización.
El fenómeno de El Niño
Por si el déficit de gas fuera poco, entidades como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) han advertido que una intensa ola de calor podría impactar la zona ecuatorial durante el segundo semestre de 2026. De materializarse, este escenario sería particularmente complejo para Colombia, dada su sensibilidad a los cambios climáticos.
En el sector energético, esto se explica porque la generación hidroeléctrica representa cerca de 63 % de la electricidad producida en el país. Precisamente, esta fuente es una de las más afectadas por una ola de calor, ya que la disminución de las lluvias reduce el nivel de los embalses.
“La concentración de energía hidroeléctrica implica que, cuando El Niño reduce las lluvias, el sistema debe depender de plantas térmicas que queman gas cada vez más escaso y diésel costoso para cubrir la brecha. Durante el evento de El Niño de 2023-2024, el año más seco para el sistema interconectado en 25 años, los embalses cayeron por debajo del mínimo de 20 años y descendieron hasta 32 % a finales de marzo de 2024, desde cerca de 70 % el 1 de enero”, señaló la calificadora.

Lo anterior quiere decir que, aunque el país ya ha enfrentado este tipo de fenómenos y los ha superado, las condiciones actuales son más ajustadas que las de 2023 y 2024, según Moody’s. Esto se debe a que Ecopetrol aumentó 34 % el precio del gas en 2026 y renovó solo 30 % de los contratos que estaban venciendo. A ello se suma que SPEC programó un mantenimiento anual entre el 30 de julio y el 3 de agosto de 2026, justamente en el periodo en el que la demanda de generación térmica comienza a incrementarse.
Pero el impacto no se limita al mercado en general. También afecta a compañías específicas. Una de ellas es Empresas Públicas de Medellín (EPM), que según Moody’s es una de las más expuestas, dado que la energía hidroeléctrica representa cerca de 87 % de su capacidad instalada. No obstante, la calificadora destacó que la empresa cuenta con embalses propios cuyos niveles se encuentran por encima del promedio nacional y que prácticamente 100 % de su energía para 2026 ya se encuentra contratada.
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De esta manera, la llegada de una ola de calor en un sistema altamente sensible a los cambios climáticos, sumada a los problemas de pago entre los agentes de la cadena energética y a la falta de autoabastecimiento de gas, serían los factores que generarían el mayor estrés sobre el sistema eléctrico colombiano desde la década de 1990.
Sin embargo, la calificadora concluyó que la naturaleza de ese estrés sería distinta a la de entonces. Mientras que la crisis de los años noventa tuvo su origen en problemas de deuda soberana, crisis monetaria y debilidades regulatorias, los problemas actuales estarían asociados principalmente a disrupciones regulatorias, dificultades en la cadena de pagos y restricciones en el suministro energético.




