El balance del Índice Bravo – Valora Analitik para 2025 muestra que, aunque el endeudamiento de los hogares colombianos se moderó ligeramente hacia el cierre del año, la carga financiera sigue siendo elevada y la mora permanece como uno de los principales focos de riesgo. El comportamiento contrasta con otros países analizados, donde la corrección fue más clara y sostenida.
Un año marcado por el aumento de la deuda y una estabilización tardía
Durante 2025, la deuda promedio de los colombianos mostró una tendencia claramente ascendente en el primer semestre del año. El indicador pasó de niveles cercanos a los $29,5 millones en enero a superar los $33 millones entre julio y septiembre, reflejando un entorno de alta dependencia del crédito para sostener el consumo y cubrir obligaciones corrientes.

Aunque en el último trimestre se observó una desaceleración del crecimiento y una leve estabilización, el cierre de diciembre en torno a los $36 millones confirma que el ajuste fue insuficiente para revertir el aumento acumulado durante el año.
En términos reales, los hogares terminaron 2025 más endeudados que como lo iniciaron, incluso en un contexto de menor dinamismo del crédito nuevo.
Este comportamiento sugiere que el endeudamiento no respondió únicamente a decisiones discrecionales de consumo, sino a una necesidad estructural de liquidez, en un entorno donde los ingresos no crecieron al mismo ritmo que las obligaciones financieras.
Mora estructuralmente alta: el principal desafío del sistema
Más allá del nivel de deuda, el indicador que más preocupa en el balance anual es la persistencia de la mora. A lo largo de todo 2025, la mora promedio en Colombia se mantuvo cercana a los ocho y nueve meses, sin mostrar una reducción sostenida ni siquiera en los meses de menor crecimiento del endeudamiento.
De forma consistente, entre el 55 % y el 60 % de los deudores presentaron mora de hasta seis meses, lo que evidencia una alta concentración de retrasos recientes. Este patrón indica que el problema no se limita a deudas antiguas o casos aislados, sino que continúa alimentándose con nuevos incumplimientos mes a mes.
Desde una perspectiva de riesgo crediticio, este comportamiento sugiere que los hogares colombianos están operando con márgenes financieros muy estrechos, donde cualquier choque adicional —como aumentos en tasas, inflación persistente o pérdida de ingresos— puede deteriorar rápidamente su capacidad de pago.
Más deudas, pero sin diversificación del riesgo
Otro rasgo relevante del año fue la estabilidad en el número promedio de deudas por persona, que se mantuvo alrededor de 3,4 obligaciones durante la mayor parte de 2025. Esto indica que el aumento del endeudamiento no se explicó por una mayor atomización del crédito, sino por mayores montos promedio por obligación.
Este dato es clave porque limita la capacidad de los hogares para redistribuir o refinanciar su carga financiera. En lugar de múltiples créditos pequeños y flexibles, los colombianos enfrentan compromisos más grandes, que reducen su margen de maniobra ante escenarios adversos.
Colombia frente a otros mercados: un ajuste más lento
El contraste con otros países incluidos en el Índice Bravo refuerza la lectura de un ajuste incompleto en Colombia. Mientras mercados como Brasil, España e Italia mostraron durante 2025 una reducción más clara en la mora promedio y una estabilización más temprana del endeudamiento, Colombia cerró el año con niveles de riesgo relativamente más altos.

México, por su parte, mantuvo un endeudamiento elevado, pero con una mora significativamente menor que la observada en Colombia, lo que sugiere una mejor capacidad de absorción del crédito por parte de los hogares.
En Europa, aunque los montos de deuda son sustancialmente más altos en términos nominales, los indicadores de mora y la estabilidad en el número de obligaciones reflejan estructuras de crédito más consolidadas y una mayor capacidad de pago relativa.
Un cierre de año sin alivio estructural
El balance del Índice Bravo – Valora Analitik para 2025 deja un mensaje claro: la leve moderación observada en el segundo semestre no constituye una mejora estructural. Los hogares colombianos cerraron el año con una carga de deuda elevada, una mora persistente y un margen de ajuste limitado.
De cara a 2026, el principal reto será lograr una reducción efectiva del riesgo crediticio sin frenar de forma abrupta el acceso al financiamiento. Mientras esto no ocurra, los datos sugieren que el sobreendeudamiento seguirá siendo una de las principales vulnerabilidades financieras de los hogares en Colombia.
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