Deutsche Bank revisa su pronóstico del dólar en Colombia: advierte que el mercado está sobrerreaccionando

Deutsche Bank actualizó su pronóstico de cierre de año para el peso colombiano (USD/COP) y lo llevó a $3.600.

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El banco alemán recortó su proyección de tasa de cambio para el cierre de 2026 y mantiene una postura neutral sobre el peso colombiano (COP). Su mensaje de fondo no es optimista: el mercado estaría descontando un escenario fiscal que Colombia todavía no ha construido.

 

Informe Deustche Bank sobre el peso colombiano en agosto 2026, publicado por Valora Analitik

 

Deutsche Bank actualizó su pronóstico de cierre de año para el peso colombiano (USD/COP) y lo llevó a $3.600, una revisión a la baja frente a los $3.700–$3.800 que manejaba en febrero de este año.

En apariencia, se trata de un ajuste que reconoce la fortaleza del peso colombiano. En la práctica, la lectura del banco va en dirección contraria al entusiasmo que domina hoy el mercado cambiario local.

Con la tasa de cambio operando alrededor de $3.200, niveles que no se veían desde 2019, la nueva proyección de Deutsche Bank implica una corrección al alza cercana al 15 % en los cinco meses que restan del año. Es decir, el banco no está validando el rally del peso: está diciendo que fue demasiado lejos.

 

Informe Deustche Bank sobre el peso colombiano en agosto 2026, publicado por Valora Analitik

 

 

«El mercado luce demasiado optimista sobre el panorama fiscal»

Ese es el eje del análisis. Deutsche Bank sostiene que, si bien el contexto político mejoró tras las elecciones presidenciales, los fundamentales no acompañan esa mejoría con la misma velocidad.

El banco identifica tres frentes que limitan el espacio para nuevas ganancias del peso: el deterioro de la balanza básica, un comportamiento comercial que empeora y unas valoraciones que ya lucen caras.

La balanza básica —la suma de la cuenta corriente y la inversión extranjera directa— es un indicador que los inversionistas internacionales siguen de cerca porque mide la capacidad estructural de un país para financiarse sin depender de capitales de corto plazo.

Cuando ese dato se deteriora al mismo tiempo que la moneda se aprecia, la señal es clara: la revaluación está soportada en flujos financieros y en expectativas, no en la generación de divisas de la economía real.

A eso se suma una advertencia política concreta. Deutsche Bank interpreta la elección del nuevo líder del Senado colombiano como indicio de que la administración entrante de Abelardo De la Espriella deberá negociar y hacer concesiones para sacar adelante sus reformas en el Congreso. Es una lectura que matiza el llamado «efecto De la Espriella»: el giro de mercado que celebró la victoria electoral asumió una capacidad de ejecución que la aritmética legislativa todavía no garantiza.

La conclusión operativa del banco es directa: resulta difícil ver mayor fortaleza del peso a menos que las métricas fiscales mejoren de forma sustancial.

 

El ajuste fiscal que Colombia aún no ha hecho

Es en la sección de renta fija donde el diagnóstico se endurece. Deutsche Bank afirma que el país requiere medidas fiscales drásticas para estabilizar la dinámica de la deuda y va más allá: considera que la postura fiscal actual es más riesgosa que la de antes de 2022.

La comparación no es menor. Significa que, en la lectura del banco, el punto de partida fiscal del nuevo gobierno es peor que el que heredó la administración saliente, y que buena parte de la compresión de primas de riesgo observada tras las elecciones fue excesiva frente a lo que los fundamentales justifican.

Al mismo tiempo, el banco cree que el mercado está subestimando el ciclo de recortes de tasas que eventualmente vendrá. Su argumento es técnico pero contundente: con una tasa terminal implícita por encima del 10 % y unas expectativas de inflación de largo plazo del 3,4 % según la encuesta del Banco de la República, la tasa real ex ante terminal quedaría por encima del 6 %, un nivel históricamente demasiado restrictivo y muy superior al 3,4 % que el propio emisor estima como tasa real neutral.

De esa doble convicción —recortes más profundos de lo previsto y riesgo fiscal subestimado— surge su recomendación de posicionarse en la curva de IBR, con un sesgo moderadamente subponderado en deuda pública local.