Día sin IVA o menos ICA: ¿qué medida le ayudaría más la economía y el comercio en Colombia?

Día sin IVA o menos ICA: las dos alternativas generarían efectos diferentes para consumidores y empresas en Colombia.

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Para un colombiano que está pensando en comprar un televisor, un computador o algún electrodoméstico, una reducción de impuestos puede representar un ahorro inmediato de cientos de miles de pesos. Para el dueño de un restaurante, una tienda o una empresa, en cambio, el alivio puede estar en reducir los costos tributarios que debe asumir durante todo el año.

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Esa diferencia es precisamente la que permite entender el debate que comienza a tomar fuerza en Colombia sobre Día sin IVA o menos ICA. Ambas alternativas buscan darle un impulso a la economía y al comercio, pero actúan sobre actores diferentes y generan efectos distintos.

El análisis parte de un ejercicio financiero realizado por Crowe Co., que puso frente a frente las dos posibilidades para establecer cuánto podría representar el alivio en pesos y cómo podría trasladarse posteriormente a la actividad económica. El punto de partida es sencillo: una medida busca estimular las compras de los hogares durante una jornada, mientras la otra pretende reducir una carga tributaria recurrente para las empresas.

El debate tomó fuerza después de que algunos empresarios del Valle del Cauca plantearan al Gobierno evaluar un Día sin IVA y una reducción del Impuesto de Industria y Comercio (ICA) como alternativas dentro de una agenda de reactivación económica.

A esto se suma que en el Congreso avanza el Proyecto de Ley 133 de 2026, radicado el 29 de julio, que busca facultar al Gobierno para decretar hasta tres jornadas de Día sin IVA al año. El pasado primero de octubre fueron designados los ponentes para su primer debate en la Comisión Tercera de la Cámara.

Día sin IVA: ¿cuánto podría ahorrar un colombiano?

La primera parte del ejercicio permite aterrizar el debate al bolsillo. Si un consumidor compra un producto cuyo precio final es de $1 millón y está gravado con la tarifa general del IVA del 19 %, el impuesto incluido en ese valor es de aproximadamente $159.664.

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Por eso, si se elimina el IVA bajo las condiciones de una eventual jornada, el artículo no pasaría a costar $810.000. El precio sería cercano a $840.336, lo que representa un ahorro aproximado de $159.664 para el comprador.

El efecto puede crecer cuando se trata de compras de mayor valor. Una canasta de bienes que normalmente cueste $3 millones podría representar un ahorro cercano a $478.992, siempre que los productos estén gravados con la tarifa general y cumplan las condiciones establecidas para la jornada.

El proyecto que se encuentra en discusión también establece límites dependiendo del tipo de producto. Para electrodomésticos, computadores, equipos de comunicaciones, elementos deportivos y determinados bienes e insumos agropecuarios, el tope sería de 80 UVT antes de IVA.

Como la UVT de 2026 está fijada en $52.374, ese límite equivale a $4.189.920. Un producto ubicado exactamente en ese valor tendría un IVA cercano a $796.085, que sería el monto que dejaría de pagar el consumidor durante la jornada si cumple las condiciones.

Para vestuario y complementos, el límite sería de 20 UVT, equivalentes a $1.047.480. En juguetes y juegos llegaría a $523.740 y en útiles escolares a $261.870. Además, cada persona podría adquirir hasta tres unidades del mismo bien al mismo vendedor.

La propuesta no parte de cero. Colombia ya aplicó jornadas sin IVA durante el periodo de reactivación económica posterior a la pandemia de la COVID-19. El mecanismo buscaba estimular temporalmente la compra de determinadas categorías, reducir el precio final para los consumidores y generar mayor movimiento en el comercio formal.

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Entre los bienes que podían beneficiarse estaban electrodomésticos, computadores y equipos de comunicaciones, prendas de vestir, juguetes, útiles escolares, bienes e insumos agropecuarios y equipos deportivos, bajo las condiciones y topes establecidos para cada categoría.

Pero el aumento de las ventas durante una jornada no necesariamente significa que los hogares estén gastando más dinero en términos estructurales.

El Banco de la República encontró que las experiencias anteriores elevaron temporalmente entre 9 % y 17 % el consumo de los bienes favorecidos frente a los no exentos y redujeron entre 3 % y 6 % sus precios relativos. Al mismo tiempo, identificó menores compras de esos productos en meses cercanos a las jornadas.

En otras palabras, una parte de los consumidores pudo haber adelantado compras para aprovechar el beneficio, en lugar de generar un gasto completamente nuevo.

Para Oscar Villarruel, socio de Auditoría de Crowe Co., este punto es determinante para medir el verdadero efecto económico de la medida: “Una jornada puede mostrar cifras extraordinarias de facturación y, aun así, tener un efecto económico más limitado de lo que sugieren las ventas de ese día. La pregunta relevante es cuánto consumo realmente nuevo se generó, cuánto simplemente cambió de fecha y, sobre todo, si el ahorro que obtuvo el hogar terminó circulando nuevamente en la economía. Ese segundo efecto es el que determina si el estímulo trasciende el comercio de una sola jornada”, señala.

Menos Impuesto de Industria y Comercio: ¿cuánto dinero podría conservar un negocio?

La segunda alternativa funciona de una manera diferente. El Impuesto de Industria y Comercio (ICA) grava las actividades económicas y tiene carácter territorial. Por eso, una reducción de este impuesto no significa automáticamente que todos los comercios del país paguen menos: las tarifas dependen de cada municipio o distrito dentro del marco legal.

Bogotá ofrece un ejemplo concreto. El Concejo aprobó una reorganización del ICA que contempla reducciones para 275 actividades, aunque otras 169 tendrían incrementos. Varias de las nuevas disposiciones comenzarían a operar desde 2027, una vez se complete el proceso de sanción y publicación del acuerdo.

Día sin IVA o menos ICA: ¿qué medida le ayudaría más la economía y el comercio en Colombia?

Entre las actividades que tendrían una reducción están los restaurantes, cuya tarifa pasaría de 13,8 a 12 por mil; los bares, de 13,8 a 11 por mil; y la edición y publicación de libros, de 8 a 4 por mil. La nueva estructura implicaría una reducción para cerca del 82,9 % de las actividades comerciales y el 89,6 % de las industriales.

El efecto puede verse con mayor claridad al llevar las tarifas a pesos. Para un restaurante con una base gravable anual de $1.000 millones, la reducción permitiría conservar alrededor de $1,8 millones adicionales. En un bar, el alivio sería de unos $2,8 millones, mientras que una empresa dedicada a la edición y publicación de libros conservaría aproximadamente $4 millones.

Si la base gravable anual de un restaurante fuera de $5.000 millones, la diferencia llegaría a unos $9 millones durante el año. Crowe Co. aclara que estos son cálculos realizados con las tarifas aprobadas y no corresponden a proyecciones oficiales de recaudo.

¿Cuál de las dos medidas mueve más dinero?

Aquí aparece uno de los datos más llamativos del ejercicio. Sobre una compra de $1 millón, un consumidor podría ahorrar aproximadamente $159.664 si el producto está gravado con el 19 % y cumple las condiciones de una eventual exención. En el caso de un restaurante, una reducción del ICA de 13,8 a 12 por mil significa $1.800 menos por cada $1 millón de base gravable.

En esa comparación puntual, el ahorro del consumidor es casi 89 veces superior al alivio empresarial por cada millón. Pero las dos cifras no pueden interpretarse como si fueran equivalentes, porque se aplican sobre bases y periodos diferentes.

La jornada sin IVA concentra el beneficio en una compra y en un periodo de 24 horas. El menor ICA, en cambio, puede representar un alivio acumulado sobre los ingresos gravables durante todo el año.

Además, una empresa no necesariamente trasladará automáticamente ese menor impuesto al precio final. Los recursos que conserve pueden utilizarse para pagar nómina, comprar inventario, cubrir arriendos, reducir deuda, invertir en tecnología o ampliar su operación.

Por eso, para Villarruel, el efecto de ambas herramientas debe medirse más allá del ahorro inmediato: “El Día sin IVA actúa principalmente sobre la decisión de compra del hogar, mientras una reducción del ICA modifica la estructura de costos de las empresas. Una puede acelerar la demanda en cuestión de horas; la otra puede fortalecer liquidez, capacidad de inversión y sostenibilidad financiera durante un periodo mucho más largo. El impacto económico, por tanto, debe medirse no solo por cuánto se ahorra, sino por qué decisiones adicionales genera ese dinero en consumidores y compañías”, explica.

La discusión, entonces, no se limita a determinar cuál genera el mayor descuento en pesos. Un Día sin IVA puede producir rápidamente mayor tráfico en los establecimientos, aumentar la facturación y acelerar la rotación de inventarios. Sin embargo, parte de esas compras puede corresponder a decisiones que los consumidores simplemente adelantaron.

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Una reducción del ICA tiene un efecto menos visible para el ciudadano en el momento de la compra, pero puede liberar recursos empresariales durante un periodo más prolongado. La manera en que cada compañía utilice ese dinero determinará cuánto de ese beneficio termina llegando nuevamente a la economía.

Villarruel considera que incluso existe la posibilidad de que ambas herramientas sean analizadas como complementarias: “Cuando una empresa reduce una carga recurrente, el beneficio puede convertirse en capital de trabajo, menor endeudamiento, inversión o capacidad para sostener empleo. Eso no genera el mismo impacto mediático de un descuento inmediato en una compra, pero sí puede mejorar la resistencia financiera del negocio. Una política bien diseñada debería observar toda la cadena: cuánto gana el consumidor, cuánto recupera la empresa y cuánto de ese alivio termina convertido en nueva actividad económica”, concluye.