Dos barras, una pelota y una pantalla en blanco y negro. Solo eso bastó para empezar a escribir la historia de una industria que revolucionó la forma en que las personas juegan y se entretienen. Pero ese es solo el primer nivel de esta travesía.
Así como en todo gran videojuego, este relato tiene un prólogo. La época: la década de los setenta. Los héroes: Nolan Bushnell y Ted Dabney, dos ingenieros que sentaron los cimientos del mercado moderno del gaming.
La aventura comenzó en 1971, cuando Bushnell y Dabney desarrollaron ‘Computer Space’, el primer videojuego arcade que se vendió en masa. Si bien el título no derivó en un éxito comercial, las ganancias sirvieron para dar forma al año siguiente a una empresa que apuntaba a reinventar la experiencia de los juegos que funcionaban con monedas. La bautizaron Atari, un término tomado del japonés que se traduce como «dar en el blanco».
El primer acierto llegó apenas cinco meses después de su fundación con el lanzamiento de Pong, una máquina que simulaba un partido de tenis de mesa mediante dos barras verticales, que hacían las veces de raquetas, y un pequeño cuadrado blanco que representaba la pelota sobre un fondo negro. Su mecánica era tan sencilla que convirtió a los arcades en un fenómeno global presente en bares, centros comerciales y salones recreativos.
La compañía no tardó en lanzar otros juegos de monedas, entre ellos ‘Breakout’, un proyecto que contó con la participación de Steve Jobs y Steve Wozniak, mucho antes de que ambos cambiaran la informática con la creación de Apple. Con esa fase completada, la siguiente misión apuntaba a un objetivo aún más grande: llevar los videojuegos a las pantallas de los hogares.
Subir de nivel
Para 1976, Atari ya era sinónimo de las máquinas de arcade, pero tras su adquisición por Warner Communications, la marca terminó convirtiéndose en la consola clásica por excelencia para toda una generación.
Con un nuevo aliado en su aventura, se lanzó la VCS, posteriormente conocida como Atari 2600. La consola salió a las vitrinas con nueve juegos y, con cerca de 400.000 unidades vendidas en su primer año, agotó su producción inicial y fue un éxito rotundo durante las ventas navideñas.
Colombia no quedó exenta de esta ‘fiebre’. La Atari 2600 aterrizó en el país en 1979, importada por los almacenes J. Glottman S.A. Su costo era muy alto, por lo que pocas familias podían comprarla, dando pie a negocios locales que alquilaban sesiones por $10 en tiendas de barrio.
Para finales de la década, Bushnell y Dabney decidieron abandonar la partida y delegar la tarea a un nuevo equipo de ingenieros sin abandonar del todo el mercado que los convirtió en leyendas. De hecho, la siguiente idea de Bushnell fue combinar videojuegos con pizza, un concepto que dio origen a la famosa cadena Chuck E. Cheese.
Sin sus dos personajes principales, Atari inició una temporada en la que las rocas espaciales, los alienígenas, las ranas y los fantasmas allanarían el camino de lo que se conoció como la edad dorada de los videojuegos de arcade.
La experiencia de jugar con amigos y aspectos como la clasificación por puntuaciones se pueden atribuir a la influencia perdurable de la marca con títulos como ‘Asteroids’, ‘Space Invaders’, ‘Pac-Man’, ‘Frogger’ y ‘Centipede’. Pero, como ocurre en muchos videojuegos, ninguna racha perfecta dura para siempre. Tras alcanzar su máxima puntuación, la empresa inició un rápido descenso.
Destacado: UNO, el juego de cartas que nació en una barbería y conquistó el mundo

El ‘Game Over’ de Atari
Los puntos sumados con la VCS derivaron en el lanzamiento de otras consolas, tanto de Atari como de otras empresas. Si bien cada nuevo aparato tenía su propio repertorio de juegos producidos por el desarrollador, Atari tenía la peculiaridad de contar con una selección que incluía títulos exclusivos y externos.
Los problemas comenzaron a aparecer cuando esa amplitud en la oferta provocó una saturación en el mercado. La falta de patentes estrictas permitió que terceros abarrotaran los estantes con juegos mediocres, lo que repercutió en la relación que tenían los consumidores con la marca.
La misión también se vio amenazada por otro factor. La necesidad de mantener su lugar en la carrera llevó a la compañía a desarrollar y lanzar títulos en cortos periodos de tiempo, lo que comprometía su calidad. Nombres como ‘E.T. The Extra-Terrestrial’ y una versión deficiente de ‘Pac-Man’ decepcionaron masivamente a los compradores.

A eso se suma el exceso de ‘stock’. Atari fabricó millones de cartuchos que nunca se vendieron, lo que obligó a la empresa a realizar un entierro masivo de estas piezas en un vertedero de Nuevo México en septiembre de 1983. Pero esa es otra historia.
El último clavo en el ataúd de la marca agrupa un conjunto de elementos. El enfado de sus trabajadores por las malas condiciones laborales, la impaciencia de sus directivos y la intrascendencia de su producto culminaron en que la marca que sentó los precedentes de una industria agotara su última vida.
Sin embargo, Atari nunca desapareció del todo. Su partida terminó mucho antes que la de sus competidores, pero dejó el mapa sobre el que toda la industria seguiría jugando.
Hablar de videojuegos es, inevitablemente, volver a la pionera que transformó para siempre la manera en que nos entretenemos, porque cada consola, cada partida y cada nueva generación de jugadores conserva algo de aquella empresa que, con dos barras y una pelota, enseñó al mundo que los juegos digitales podían convertirse en una forma de entretenimiento universal.
Destacado: Netflix enfrenta el reto de mantener el éxito de sus series más allá de la primera temporada




