La lesión que nadie reporta y termina costando meses de incapacidad a las empresas 

Una lesión que nadie reporta puede disparar incapacidades y costos ocultos en empresas colombianas ¿Por qué el riesgo está creciendo? 

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En oficinas, plantas industriales, bodegas y obras civiles de Colombia hay una lesión que casi nunca aparece en los informes gerenciales, pero que termina impactando balances, productividad y continuidad operativa.  

Se trata de la lesión que nadie reporta: golpes, torceduras, cortaduras o sobresfuerzos que parecen menores, pero que semanas después se convierten en incapacidades prolongadas y sobrecostos empresariales. 

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En un momento en que las compañías enfrentan mayores exigencias de eficiencia, cumplimiento normativo y control de riesgos, este fenómeno silencioso empieza a adquirir una dimensión estratégica. No solo compromete la salud de los trabajadores, sino que puede traducirse en ausentismo prolongado, reemplazos no previstos, pérdida de experiencia acumulada y mayores primas en el sistema de riesgos laborales. 

Las cifras oficiales del Sistema General de Riesgos Laborales evidencian la magnitud del desafío. En Colombia se registran más de 1.400 accidentes de trabajo al día, además de miles de enfermedades laborales calificadas y decenas de fallecimientos asociados a actividades productivas. 

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Sin embargo, el problema puede ser aún mayor si se considera el subregistro. Actualmente, el sistema cubre cerca del 55 % de la población ocupada, lo que implica que millones de trabajadores —especialmente independientes o informales— quedan por fuera de la protección integral frente a incidentes laborales. 

Por esos motivos, las lesiones clasificadas como “leves” suelen quedar fuera del radar estadístico inicial. No generan incapacidad inmediata ni detienen la operación en el momento del evento, pero sí pueden evolucionar hacia complicaciones médicas que terminan afectando tanto al trabajador como a la empresa. 

Por qué las lesiones “leves” no son realmente leves y causan incapacidades 

Un golpe sin dolor intenso, una torcedura aparentemente controlada o un esfuerzo repetitivo sin consecuencias inmediatas pueden desencadenar inflamaciones crónicas, microdesgarros musculares o lesiones de tendones y ligamentos que limitan la movilidad. También pueden aparecer infecciones derivadas de heridas pequeñas que no fueron tratadas oportunamente. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido que el subregistro de incidentes laborales no solo compromete la salud del trabajador, sino que impacta la productividad, incrementa los costos operativos y debilita la sostenibilidad de las organizaciones. Cuando un evento no se reporta, la empresa pierde la oportunidad de corregir condiciones de riesgo, ajustar procesos o reforzar protocolos preventivos. 

El efecto acumulado puede ser significativo: incapacidades de varias semanas o meses, tratamientos médicos complejos e incluso cirugías que no habrían sido necesarias si el evento se hubiera atendido a tiempo. 

¿Cómo reportar estas lesiones leves ante la ARL? 

En Colombia, la normativa establece que todo incidente laboral debe reportarse dentro de las primeras 48 horas. Si este plazo no se cumple, la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) puede objetar el origen del evento, lo que limita el acceso a atención, tratamientos y prestaciones económicas. 

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Desde Areandina, Heydy González, directora del programa virtual de Seguridad y Salud en el Trabajo, advierte: “Muchas personas creen que un golpe o un tirón sin dolor intenso no amerita reporte. Ese es el primer error que abre la puerta a complicaciones serias”. 

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Para las empresas, el no reporte oportuno puede traducirse en contingencias legales, disputas sobre el origen de la lesión y mayores costos directos e indirectos. Además, impacta indicadores internos de seguridad y puede afectar la reputación corporativa frente a auditorías o procesos de certificación. 

El subregistro tiende a concentrarse en sectores de alta exigencia física como construcción, manufactura y logística, donde las cargas operativas se intensifican en determinados periodos del año. Jornadas extendidas, presión por cumplimiento de metas y rotación de personal pueden aumentar la probabilidad de incidentes no reportados. 

También existe una barrera cultural: el temor a afectar indicadores de desempeño, perder incentivos o ser percibido como “poco productivo”. Este silencio, sin embargo, termina siendo más costoso que el reporte. 

Qué deberían observar las empresas ante este tipo de lesiones 

La gestión moderna de riesgos laborales no se limita al cumplimiento formal de la norma. Implica fomentar una cultura de reporte temprano, fortalecer brigadas de primeros auxilios y garantizar que cada incidente quede documentado y analizado. 

Detener la tarea tras un golpe o sobresfuerzo, solicitar evaluación inmediata y formalizar el reporte son pasos que pueden evitar incapacidades prolongadas. La automedicación o la minimización del dolor suelen retrasar diagnósticos y agravar lesiones. 

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De cara a 2026, el reto para las organizaciones será reducir el subregistro y entender que cada incidente informado es una oportunidad para prevenir un evento mayor.