La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) redujo los pronósticos de la demanda mundial de petróleo en 2026. El organismo señaló que este sería de 970.000 barriles diarios, lo que significa una segunda baja consecutiva en su informe mensual.
Lo anterior se da a causa de la guerra en Irán, ya que, además de que este conflicto se desarrolla en una de las zonas con mayor potencial energético del mundo, también se presentan bloqueos en el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para la industria petrolera, gasífera y de derivados, por el que transita entre 20 % y 25 % del crudo mundial. Sin embargo, la OPEP manifestó que habría un alza en la demanda petrolera para 2027.

Por otro lado, pese a las negociaciones que llevó a cabo EE. UU. con Irán, nuevamente el país persa bloqueó el estrecho de Ormuz, con lo cual las señales de tregua se diluyen y regresan las acciones y la retórica de un conflicto que ya se extiende por cerca de cuatro meses desde la muerte del líder supremo, Alí Jamenei, a manos de EE. UU. e Israel.
Medios como Reuters manifestaron que una reapertura del estrecho de Ormuz podría ocasionar consecuencias sobre la OPEP, ya que, si el mercado registra un aumento en la oferta petrolera, se erosionaría aún más el ya debilitado control de la organización sobre la oferta y el precio del crudo en el mundo.
También se dijo que la guerra en Irán, además de sus consecuencias sociales, ocasionaría un debilitamiento de la región como epicentro de la industria energética. Entre los países impactados por el conflicto y limítrofes con Irán se encuentran Arabia Saudita, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Irak, que buscarían potenciar sus exportaciones de crudo con la finalidad de sanear unas finanzas golpeadas por la guerra.

Adicionalmente, también está la pérdida de exportaciones de crudo desde el inicio del conflicto. Según cálculos publicados por Reuters, esta se ubica en cerca de 13 millones de barriles diarios, lo que significaría más de US$80.000 millones en ingresos perdidos.
A esto se suman los ataques contra la infraestructura energética, tales como refinerías, plantas petroleras y de gas licuado de petróleo, así como plataformas de almacenamiento, cuyos costos ya ascienden a miles de millones de dólares. Por si lo anterior fuera poco, varios Estados asiáticos que eran los principales clientes de los campos petroleros de Medio Oriente redujeron su consumo. Es posible que estén apuntando a otros mercados o incluso a fortalecer sus propias reservas para evitar una dependencia energética.
Frente a la participación que la OPEP ha tenido a lo largo de la historia, esta disminuyó hasta un mínimo histórico cercano a 22 %, a lo que se añade que Emiratos Árabes Unidos abandonó el cartel petrolero con la finalidad de alcanzar objetivos individuales en materia energética.
—




