Desde comienzos de 2026 se venía pronosticando una oleada de calor que golpearía a Colombia en el segundo semestre del año. Si este evento climático se materializa con toda intensidad durante un año, la economía colombiana perdería recursos por un monto superior al de la última reforma tributaria que el Gobierno Petro intentó tramitar en el Congreso de la República en 2025, que ascendía a cerca de $16,3 billones.
Lo anterior se daría porque, con base en lo mencionado por los analistas y entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), una ola de calor fuerte le restaría entre 0,6 y 0,9 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB. Esto significa que, si la economía tuviera un crecimiento potencial en un determinado año de 2,5 % y se presentara un fenómeno de El Niño de alta intensidad y larga duración, el crecimiento disminuiría a 1,6 %.

Si a lo anterior se suman cálculos del Banco de Bogotá, según los cuales un punto porcentual del PIB equivale aproximadamente a entre $19 billones y $20 billones, una pérdida de 0,9 puntos porcentuales representaría un impacto cercano a $17,1 billones, cifra superior a la reforma tributaria que el Gobierno Petro y el Ministerio de Hacienda, dirigido por Germán Ávila, intentaron sacar adelante en el Congreso en 2025.
Según explicó Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence y exdirector de Fedesarrollo, este fenómeno implica menos lluvias, menores niveles en los embalses y una mayor dependencia de la generación térmica, lo que abriría la puerta a un doble racionamiento: de energía eléctrica, por falta de energía firme disponible, y de gas para abastecer a las plantas térmicas.

Lo anterior ocurriría porque los embalses son una de las principales fuentes para la generación de electricidad en Colombia. Sin embargo, durante una ola de calor sus niveles disminuyen, reduciendo así su capacidad de generación. En ese escenario entrarían a respaldar el sistema las plantas térmicas que operan con combustibles fósiles, entre ellos el gas. No obstante, la coyuntura se agrava porque Colombia enfrenta un déficit de gas y actualmente debe importar cerca de 25 % del energético para atender la demanda de hogares, pequeños comercios y gas vehicular.
“En ese escenario, el racionamiento equivaldría a cerca de 5 % de la demanda y le restaría hasta 0,6 puntos porcentuales al crecimiento durante el episodio 2026-2027. Como el riesgo se concentra entre diciembre de 2026 y febrero de 2027, buena parte del golpe se sentiría ya entrando en 2027”, expresó.
Como se mencionó anteriormente, el BID estimó que una superola de calor reduciría el PIB total en 0,9 puntos porcentuales. Esto significa que el impacto sería transversal sobre toda la economía y no únicamente sobre sectores específicos. De esta manera, si el PIB fuera a crecer 2,5% en un año determinado, y en ese mismo período se registrara una ola de calor intensa y prolongada, el crecimiento se limitaría a 1,6 %.
Adicionalmente, Fabián Osorio, director de análisis sectorial y sostenibilidad de Corficolombiana, indicó que si llegara a materializarse un racionamiento de energía, escenario que no puede descartarse debido a la estrechez entre la oferta firme y la demanda, el costo directo ascendería a $5.600 millones por cada hora de interrupción, sin contar los efectos sobre la inversión, dado que las iniciativas en materia productiva difícilmente prosperan en mercados donde existen riesgos de restricción en el suministro energético.

“Las menores lluvias y las mayores temperaturas impactarían directamente el desempeño del sector agropecuario con un rezago de uno a tres trimestres. En este ciclo, el crecimiento del sector durante pasados episodios de El Niño ha sido 0,9 puntos porcentuales menor que el registrado en períodos de clima neutro. Esto presionaría a un sector que ya viene en números rojos. En el primer trimestre de 2026, el valor agregado agropecuario se contrajo 1,4 %”, dijo.
Mejía agregó que los sectores más afectados serían aquellos con mayor consumo energético y dependencia del gas, particularmente la industria. Según indicó, el crecimiento de este sector podría reducirse hasta 1,4 puntos porcentuales por el doble efecto del encarecimiento del gas y un eventual racionamiento de energía.
Asimismo, señaló que el sector de electricidad, gas y agua podría desacelerarse 0,7 puntos porcentuales, la minería (0,5 puntos porcentuales) y el comercio (0,3 puntos porcentuales).
“Ese choque arrastra el PIB y se traduce en pérdida de empleo y un aumento de la pobreza moderada y extrema”, expresó.
También manifestó que los sectores que soportarían mejor el impacto de El Niño serían la administración pública, los servicios financieros, las telecomunicaciones, los servicios profesionales y las actividades inmobiliarias, los cuales continuarían creciendo cerca de su tendencia histórica. Sin embargo, aclaró que no serían ganadores, sino simplemente los sectores con mayor capacidad de resistencia.
“El episodio no crea beneficiarios netos, sino que redistribuye el costo hacia los sectores que más energía consumen. La agricultura, en cambio, no entra en este grupo. La sequía asociada a El Niño tiende a golpearla por la vía de menores rendimientos”, agregó.

Por su parte, José Ignacio López, presidente del centro de pensamiento Anif, expresó que, producto de este fenómeno climático, habría menores cosechas de yuca, papa y arroz, lo que generaría una reducción en la oferta; esto se traduciría en 50 puntos básicos adicionales de inflación.
“El otro sector es la energía, donde hay una necesidad de sustituir la generación hídrica por térmica, y eso también tiene efectos inflacionarios de hasta 20 puntos básicos”, puntualizó.
Adicionó que el efecto transversal no se limitaría a la inflación y a la desaceleración económica, sino que también podría tener repercusiones sobre las tasas de interés (a causa de la inflación) y también en el equilibrio general de la economía. No obstante, precisó que sectores como el comercio, las actividades de entretenimiento y los servicios no se verían afectados de manera directa, aunque sí experimentarían consecuencias derivadas de los efectos indirectos una eventual oleada de calor de alta intensidad.




