Inside Venezuela | En Venezuela el optimismo no llega al bolsillo: El 79 % cree que la situación económica sigue siendo mala

El cambio en el ánimo en Venezuela no se traduce aún en capacidad de compra, lo que obliga a leer el mercado con más precisión que entusiasmo.

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En Venezuela volvió algo que durante años escaseó tanto como los medicamentos y el crédito, y que se volvió casi inexistente: la certidumbre. Pero esa nueva sensación todavía no se traduce con la misma fuerza en mejores ingresos, más empleo o mayor capacidad de compra. Ese desfase es, quizá, el dato más importante del momento venezolano. No porque describa una contradicción, sino porque retrata una transición: cambió primero el ánimo, pero todavía no cambia el bolsillo.

Eso es lo que muestra el Latam Pulse Venezuela elaborado por AtlasIntel y Bloomberg. El país combina una percepción muy negativa sobre su situación económica actual con el mayor nivel de optimismo de la región hacia los próximos seis meses. Más que una economía recuperada, lo que muestra hoy Venezuela es una sociedad menos resignada frente a lo que viene. Y para cualquier empresa que quiera hacer negocios allí, esa diferencia no es menor ya que define el momento del mercado.

La lectura del presente en Venezuela sigue siendo crítica

Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.
Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.

El 79 % de los venezolanos califica como mala la economía del país y ese mismo porcentaje tiene una visión negativa del mercado laboral. A nivel del hogar, el 58 % dice que su situación económica también está mal.

Esa es la base sobre la que hay que leer cualquier expectativa de recuperación. No se trata de una mejora ya instalada en el consumo, ni de una normalización visible para la mayoría. Se trata, más bien, de una sociedad que empieza a salir del pesimismo, pero que todavía sigue viviendo con restricciones muy severas.

El Banco Central de Venezuela reportó que en los dos primeros meses de 2026 la inflación acumuló 51,9 %, equivalente a una tasa anualizada de 617 %. Como explicó el economista Aaron Olmos en conversación con Valora Analitik, «en estos meses, las condiciones macroeconómicas no han cambiado mucho» y el poder de compra del venezolano sigue siendo el mismo e insuficiente».

Lo que está mejorando hoy en Venezuela no es todavía el ingreso real de la mayoría, sino la disposición a creer que algo puede empezar a cambiar. Y en economías golpeadas por crisis largas, esa diferencia importa: una mejora en expectativas puede mover decisiones, pero no reemplaza ni el salario ni la capacidad de compra.

El futuro inmediato se lee de otra manera

Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.
Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.

El 64 % de los venezolanos cree que la economía del país mejorará en los próximos seis meses. El mismo porcentaje espera un mejor panorama para el mercado laboral y el 65 % proyecta una mejora en la economía de su hogar.

Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.
Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.

Ese optimismo no es solo alto, es el más alto de la región. El Índice de Expectativas de Venezuela llega a +45,2 puntos, muy por encima de Colombia (+18), Chile (+7,6) y Perú (+4,3). Venezuela aparece por encima del resto de los países medidos en expectativas económicas y, al mismo tiempo, entre los peores en evaluación del presente. Esa brecha es la que hace tan particular el caso venezolano: el deterioro de hoy convive con una expectativa de mejora que en ningún otro país es tan intensa.

Desde el sector privado venezolano esa sensación también se lee con claridad. «Si lo ponemos en orden de velocidad, tal vez el tema político va a velocidad uno, el tema económico va a velocidad dos y el tema de la gente y la expectativa de la gente va a velocidad tres», dijo Felipe Capozzolo, presidente de Fedecámaras Venezuela, gremio empresarial venezolano, en conversación con Valora Analitik.

La frase ayuda a entender bien el momento. La expectativa va delante de la economía real. Y eso, aunque abre oportunidades, también obliga a no confundir un cambio de ánimo con una recuperación consolidada.

Venezuela puede estar entrando en una fase en la que el inversionista se mueve antes que el consumidor

Es decir, antes de que exista una expansión masiva del mercado interno, puede empezar a haber decisiones empresariales orientadas a tomar posición, reconstruir redes, buscar socios, asegurar presencia y entender sectores.

Eso no significa que el mercado ya esté listo para una apuesta amplia e indiscriminada. Significa que puede estar entrando en una etapa temprana de reposicionamiento. Una donde el capital empieza a mirar antes de que el consumo termine de reaccionar.

El informe Latam Pulse Venezuela da varias pistas de eso. El 46,4 % de los venezolanos dice que espera hacer más compras de bienes durables en los próximos seis meses. El 58 % cree que los inversores venezolanos y extranjeros están más dispuestos a invertir en el país tras la captura de Maduro. Y el 89,8 % tiene amigos o familiares que dejaron Venezuela durante el régimen de Maduro, de los cuales el 51,3 % ya ha expresado planes de regresar. Esa diáspora, si regresa, no llega con las manos vacías: trae capital, contactos y experiencia acumulada afuera.

Ese conjunto de señales muestra que hay disposición a volver a apostar por Venezuela, pero no necesariamente margen real para hacerlo de forma sostenida todavía. Hay hogares que quisieran recomponer consumo si sienten algo más de estabilidad, pero la intención de compra y la capacidad de compra siguen siendo dos cosas distintas.

Por eso, más que hablar de una reapertura plena del mercado venezolano, hoy conviene hablar de un mercado que empieza a dar señales de reactivación, aunque bajo condiciones muy desiguales. Esa es la razón por la que una empresa necesita menos entusiasmo y más lectura fina del país: categoría, ticket promedio, región, sensibilidad al precio y socio local siguen pesando más que el simple relato de apertura.

El riesgo no es solo macroeconómico: también es de ejecución

El reto de Venezuela no es únicamente crecer, sino lograr que una eventual mejora atraviese los cuellos de botella que el sector privado sigue señalando desde hace meses: inflación, financiamiento limitado, estrechez del mercado, fallas de infraestructura y debilidad institucional.

Eso quiere decir que incluso si el clima general mejora, la traducción de ese mejor ánimo en actividad económica más amplia puede tardar. Y en esa demora se juega buena parte del éxito o del desencanto del nuevo momento venezolano.

Por eso también cobra sentido la advertencia del economista y profesor venezolano, Aaron Olmos, quien en conversación con Valora Analitik ha dicho que cualquier empresario debe mirar Venezuela con «lentes de certeza y prudencia», y no moverse por la narrativa sino por los datos.

En mercados como el venezolano, el riesgo no está solo en entrar tarde, también está en entrar leyendo mal la velocidad del cambio.

La política todavía no capitaliza del todo el mejor ánimo

Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.
Latam Pulse Venezuela, marzo 2026. Gráfico: AtlasIntel y Bloomberg.

Delcy Rodríguez registra una aprobación de 34,6 % y una desaprobación de 44,8 %. Además, el 43,2 % califica su gobierno como regular, mientras apenas el 20,2 % lo considera excelente o bueno. Ambos números empeoraron frente a febrero, cuando la aprobación llegaba al 37 % y la evaluación positiva al 23,4 %.

En perspectiva regional, Rodríguez tiene el segundo nivel de aprobación más bajo de los siete mandatarios medidos por el Latam Pulse, solo por encima de José Balcázar en Perú (22%), y por debajo de Gustavo Petro en Colombia (42%), Lula en Brasil (46%), Claudia Sheinbaum en México (54%) y José Antonio Kast en Chile (55%).

Eso sugiere que el optimismo económico hoy es más fuerte que el respaldo político al gobierno. Y esa diferencia importa porque muestra que una parte importante del país no necesariamente está premiando una gestión, sino apostando a que el nuevo contexto pueda producir resultados.

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La clave está en cuánto tiempo puede sostenerse esa espera

El informe retrata un país que volvió a mirar hacia adelante, pero que todavía no logra dejar atrás las restricciones del presente. Ese matiz cambia por completo la lectura. Porque la expectativa puede abrir la puerta, pero no puede sostenerse indefinidamente si no encuentra validación en el ingreso, el empleo y el consumo.

Hoy Venezuela combina tres cosas al mismo tiempo: una economía mal evaluada por la mayoría, un horizonte que genera más esperanza que en cualquier otro país de la muestra y una capacidad de compra que todavía no acompaña plenamente ese cambio de ánimo.

La oportunidad puede estar apareciendo, sí. Pero todavía no está completa. Y en la Venezuela de hoy, entender esa distancia entre expectativa y bolsillo puede ser más importante que cualquier proyección optimista.