López Obrador, el petróleo y la promesa de la “soberanía” de México

López Obrador, el petróleo y la promesa de la “soberanía” de México
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. FOTO: Twitter @GobiernoMX

México vive una fase de transformación en el sector del petróleo impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien propone alcanzar la “soberanía” en materia energética y de hidrocarburos, planteando cambios en Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

López Obrador trazó una reforma al sector de hidrocarburos que fue aprobada por el Congreso, pero cuya implementación está detenida por una figura de amparo (tutela) interpuesta por empresas privadas que alegan que se afectará su negocio.

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Cuando llegó al poder, el país contaba con seis refinerías de carácter público, la meta es terminar el sexenio con ocho y también avanza en la construcción de una planta coquizadora. El mandatario prevé que, gracias a los cambios en la política energética, no habrá aumentos de impuestos en términos reales a los precios de los combustibles (gasolinas, diésel, gas y luz).

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El impulso de Amlo

México fue un gran exportador de crudo, pero su economía no es petrolera. El país tiene una economía robusta que consume el carburante en forma de gasolina e insumos para las industrias y cuyo ingreso fiscal tiene una dependencia de alrededor del 30 % de la renta de ese recurso.

“La fiscalidad estaba más petrolizada que toda la economía. Esa era la fragilidad de Pemex”, explicó a Valora Analitik Alicia Puyana Mutis, profesora investigadora de Flacso y PhD en Economía de la Universidad de Oxford.

Mutis dice que, como se consume tanto petróleo, este irriga toda la economía, por lo que ve necesario cuidar el recurso para que no suban mucho los precios, no se impacte la inflación y que se produzca lo suficiente para que no tenga que exportarse: esa es la estrategia del mandatario.

“Lo que quiere Amlo es que ese producto no esté a los avatares del mercado, sino que se abarate la producción y se extraiga lo necesario”, concluyó la profesora de Flacso.

Othon Partido, académico de la Universidad Iberoamérica León, comentó que la idea que plantea el Gobierno es que, considerando que el país tiene el crudo, puede ser más eficiente producirlo en el territorio nacional para no depender del exterior.

Futuro del petróleo de México

Hacer realidad esa premisa se ha traducido en una serie de acciones como la construcción de la refinería de Dos Bocas en Veracruz, de Pemex. Igualmente, en mayo esa empresa cerró un acuerdo para comprar la participación de Shell en la refinería de Deer Park.

“Con esta refinería tenemos las plantas suficientes para procesar toda nuestra materia prima, el petróleo crudo, y no tendremos necesidad de comprar gasolinas”, ha dicho López Obrador.

México tendrá capacidad para procesar 1,8 millones de barriles diarios, el rango que necesita para la demanda del mercado interno de gasolinas, diésel y otros petrolíferos y el crudo extraído no superará los dos millones de barriles diarios. En línea con ese objetivo, dejará de comprar combustibles importados en 2023. Actualmente, el país importa el 60 % de los productos que necesita para su demanda.

La fórmula de López Obrador operará así: extraer petróleo para responder solo a la demanda del país, refinarlo priorizando las plantas de Pemex y venderlo a “precios justos” en el mercado interno. No ha descartado la inversión extranjera o privada, pero sí se enfatizará en la propiedad del Estado.

El Gobierno también revisará todos los contratos que surgieron después de 2013, cuando se implementó la reforma energética del exmandatario Enrique Peña Nieto, una iniciativa salpicada por escándalos de corrupción que son materia de investigación.

La propuesta está en salvar financieramente a Pemex y a la CFE porque el proceso privatizador que hubo afectó sus capacidades”, apuntó Othon Partido. En sus discursos, López Obrador habla de “soberanía”, un supuesto que impulsa las reformas de su administración y marca las directrices que espera implementar en los tres años que le quedan de Gobierno.

En medio de críticas del sector privado, el izquierdista ha esbozado una motivación a largo plazo para la economía de México: que haya petróleo para las futuras generaciones del país.

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