Con el decreto del Gobierno Petro que fijó el aumento del salario mínimo para el país, las pequeñas y medianas empresas deberán tomar decisiones financieras en el inicio de 2026 para mantenerse vigentes en un escenario de incertidumbre económica.
Y a este panorama se suma la declaratoria de emergencia económica, que ha generado expectativas y cautela en el sector empresarial frente a posibles cambios en impuestos, gasto público y condiciones financieras.
Esto resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que solo el 33,5 % de las empresas en Colombia sobrevive después de cinco años, según Confecámaras.
Pero, en la mayoría de los casos, los cierres no están asociados únicamente a una caída en las ventas, sino a problemas de liquidez, desajuste de caja y una gestión inadecuada del endeudamiento.
Además, el acceso al crédito formal sigue siendo limitado para una gran parte del tejido empresarial. Menos de una cuarta parte de las empresas logra acceder a financiamiento formal, de acuerdo con análisis del sistema financiero.

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Claves para que las pymes tomen mejores decisiones financieras
Dentro de ese contexto, Kapital Colombia destaca que, en un año marcado por el aumento del salario mínimo y un entorno económico incierto, tomar decisiones inteligentes de financiamiento implica considerar algunos principios básicos:
En primer lugar, entender el impacto real del aumento de los costos laborales, pues el ajuste en la nómina derivado del nuevo salario mínimo no es un gasto aislado, sino un compromiso mensual permanente que se acumula en la estructura de costos fijos del negocio.
Según Vivian Acuña, country manager de Kapital Colombia, muchas pymes no dimensionan cómo este aumento se refleja mes a mes, especialmente cuando la nómina representa una parte relevante de sus gastos.
Por eso, “incorporar este impacto en la planeación financiera, con proyecciones de ingresos, gastos y flujo de caja con anticipación, es clave para evitar tensiones de liquidez que suelen aparecer después del primer trimestre. Contar con visibilidad y control sobre las finanzas mediante herramientas que muestren el estado real del negocio, como los tableros inteligentes y análisis de datos, facilita la toma de decisiones”, explicó Acuña.
En segundo lugar, alinear el crédito con el ciclo de ingresos, ya que muchas pymes pagan salarios y obligaciones laborales de forma mensual, mientras que sus ingresos se reciben a 60 o 90 días.
“Este descalce entre egresos inmediatos e ingresos diferidos es una fuente constante de presión financiera. Por ello, el financiamiento debe cubrir desfases temporales de caja y acompañar el ritmo real del negocio, no generar nuevas obligaciones que compitan con los pagos operativos”, expuso la country manager.

Luego sigue evitar respuestas reactivas al entorno. Ante mayores costos laborales e incertidumbre económica, es común recurrir a deudas de corto plazo para cubrir gastos fijos como la nómina. Sin embargo, Acuña considera que es clave calcular la capacidad de endeudamiento ya que, sin una visión integral, el crédito puede dejar de ser solución y convertirse en un riesgo.
Por último, diferenciar entre financiar la operación e invertir para crecer. No todos los ajustes de costos justifican el mismo tipo de endeudamiento ni los mismos plazos. Cubrir gastos operativos recurrentes requiere soluciones distintas a las inversiones productivas que generan retorno en el tiempo. Mezclar ambos usos suele derivar en plazos inadecuados, mayores cargas financieras y presión innecesaria sobre el flujo de caja.
Así las cosas, de cara a 2026, el desafío para las pymes colombianas no será solo acceder a recursos, “sino utilizarlos con inteligencia, fortalecer su planeación financiera y tomar decisiones que les permitan construir negocios más sólidos, resilientes y sostenibles en el tiempo”, concluyó Vivian Acuña, country manager de Kapital Colombia.




