Venezuela se encuentra en un punto de inflexión histórico tras años de aislamiento financiero y crisis profunda. Sin embargo, su economía es extremadamente frágil, de acuerdo con analistas, lo que contrasta con su enorme potencial de transformación.
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Un informe del Banco de Occidente señala que la salida de Nicolás Maduro del poder abre la puerta a un reordenamiento económico sustentado en el petróleo, la renegociación de la deuda y la normalización de relaciones internacionales.
El análisis insiste en que, a pesar de que el país ha mostrado una expansión moderada recientemente, el tamaño de su economía sigue siendo una fracción de lo que fue.
Para 2024, el crecimiento se ubicó en torno al 5% según el FMI, impulsado por la actividad petrolera. Sin embargo, la brecha histórica es alarmante: el PIB estimado para 2025 es de US$83.000 millones, una cifra 83 % menor a los US$482.000 millones registrados en 2014.

Por otra parte, la inflación, que alcanzó un pico de 130.000 % en 2018, ha cedido terreno, pero se mantiene en niveles críticos, proyectándose un 549 % para 2025.
Este costo de vida contrasta drásticamente con el poder adquisitivo. Desde 2022, el salario mínimo se mantiene estancado en 130 bolívares, apenas unos US$3 mensuales.
Ante la erosión de la moneda local, los ciudadanos han volcado su confianza hacia lo digital. El Banco de Occidente destacó que Venezuela alcanzó el puesto 18 a nivel mundial en adopción de criptomonedas en 2025, movilizando cerca de US$44.000 millones, principalmente en stablecoins como USDT.
El desafío de la deuda y el motor petrolero
El reordenamiento financiero del país enfrenta el obstáculo de una deuda externa de US$160.000 millones (incluyendo obligaciones de PDVSA), lo que representa el 200 % del PIB. El banco de Occidente recordó que Venezuela permanece en default desde 2017 y cualquier reestructuración depende de la autorización del Tesoro estadounidense.
En este escenario, el petróleo sería la clave. Venezuela posee las mayores reservas del mundo, con 303.000 millones de barriles, valoradas en unos US$17,3 billones. Tras tocar un mínimo de 400.000 barriles por día (bpd) en 2020, la producción actual oscila entre 900.000 y 1,1 millones de bpd.

Las proyecciones para una Venezuela en transición son ambiciosas, con estimaciones de 4 a 1,5 millones de bpd de aquí a 2027, que pasarían a entre 2,3 y 2,5 millones de bpd en el largo plazo, es decir, en un plazo de cinco años.
Para lograrlo, se estima que la reconstrucción de la infraestructura energética requerirá una inversión de entre US$10.000 y US$12.000 millones.
El informe destaca que Venezuela no solo es petróleo. El país se posiciona estratégicamente en el tablero global con abundantes minerales estratégicos, como el oro, siendo el país con las mayores reservas en Latinoamérica (161 toneladas). Además, cuenta con importantes reservas de gas natural (200 billones de pies cúbicos), carbón (731.000 toneladas) e incluso recursos hídricos abundantes (1.325 km³/año en agua dulce).
Oportunidades para Colombia
Colombia se perfila como uno de los mayores beneficiarios de esta estabilización, aunque, según el Banco de Occidente, toda la región observa con atención las oportunidades y desafíos que el proceso en Venezuela traerá consigo.
Históricamente, el mercado venezolano fue vital para el país. En 2008, las exportaciones colombianas hacia el vecino país alcanzaron un récord de US$6.071 millones, cifra que se desplomó a solo US$200 millones en 2019 y que para octubre de 2025 se situó en US$900 millones.
La entidad financiera fue enfática en que una transición ordenada abre ventanas inmediatas en reactivación de ventas en alimentos, textiles y bienes de consumo, así como en apoyo durante la modernización del sistema financiero y energético.

Además, Colombia alberga alrededor de 2,8 millones de migrantes venezolanos, lo que implica un gasto público de entre $3,4 billones y $7,2 billones anuales. Un retorno gradual o una normalización económica en Venezuela reduciría estas presiones fiscales y transformaría el reto migratorio en una oportunidad de integración laboral y crecimiento regional.




