Salir a almorzar en Colombia ya no es una decisión automática: es un cálculo. En enero de 2026, la inflación anual se ubicó en 5,35 %, y los alimentos volvieron a ser uno de los principales factores de presión sobre el gasto diario.
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La carne de res y sus derivados registraron una variación de 11,73 %, siendo la subclase que más aportó al grupo de alimentos, con 28 puntos básicos. El plátano, un acompañante infaltable del corrientazo, subió 23,79 % anual y contribuyó con 0,09 puntos porcentuales.
Ese encarecimiento tiene una traducción directa en los menús más cotidianos y conocidos del país: el almuerzo ejecutivo y el corrientazo. Lo que durante años fue el indicador más claro del costo de vida urbano hoy se mueve en nuevos rangos.
En Bogotá, por ejemplo, el promedio del corrientazo está entre $14.000 y $18.000, según le reveló Acodres Bogotá Región a Valora Analitik, pero en zonas empresariales y comerciales ya se están viendo precios que tocan los $26.000. Incluso, según explica la agremiación, el precio del llamado corrientazo, prácticamente se unificó con el del ‘ejecutivo’, que históricamente siempre fue levemente más costoso.
El panorama en Medellín no es muy distinto, particularmente en El Poblado, una de las zonas más exclusivas de la capital antioqueña, donde la franja de precios se desplaza aún más arriba. Para comienzos de 2026, un menú ejecutivo estándar —con sopa, plato fuerte, bebida y, en algunos casos, postre— ronda entre $25.900 y $30.000, con establecimientos que superan los $35.000 en zonas de mayor valorización.
Ahí es donde la comparación con restaurantes de cadena que siempre se consideraron más costosos, se vuelve inevitable.
El menú ejecutivo, al mismo nivel de precio de Crepes & Waffles
Crepes & Waffles, fundada en Bogotá en 1980, se consolidó como una de las cadenas gastronómicas más reconocidas del país, con más de 130 restaurantes en Colombia y presencia en ciudades como Bogotá y Medellín. Durante años, fue percibida como una opción “por encima” del almuerzo ejecutivo tradicional, tanto en experiencia como en precio.

Sin embargo, un ejercicio realizado por Valora Analitik con un Crepes de la capital antioqueña evidencia que el rango de precios con los menús tradicionales de otros restaurantes ya están en una franja similar.
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Por ejemplo, a los precios de hoy un crepe de boloñesa y queso, tiene un valor de $22.300, sumándole una Coca-Cola Zero por $6.200 da en total $28.500. Es decir, prácticamente el mismo valor que hoy cuesta un menú ejecutivo promedio en El Poblado.
No se trata de afirmar que comer en una cadena es más barato que el corrientazo, sino de reconocer que el diferencial histórico se está diluyendo. Cuando un almuerzo ejecutivo alcanza los $28.000 o $30.000, el consumidor empieza a comparar marca, experiencia, ambiente y estandarización. La decisión ya no es únicamente de precio.
¿Por qué los menús ejecutivos y el corrientazo están tan costosos?
El ajuste en restaurantes no es arbitrario. Los datos oficiales respaldan la presión desde el lado de los insumos. Al revisar los ingredientes típicos de un corrientazo, el aumento es evidente.
El plátano, que en muchos menús acompaña el arroz y la proteína, fue el producto con mayor aumento interanual: 35,1 %. La porción de 250 gramos pasó de $460 a $714. El fríjol bolón subió 26,7 %, al pasar de $2.514 a $3.430 por porción. La carne de res (corte chatas) aumentó 13,9 %, de $8.736 a $10.147.

Si bien algunos productos como el tomate (-18,1 %), el huevo (-15,4 %) y el arroz (-11,3 %) registraron caídas, el efecto agregado sigue presionando el costo final del menú. El componente proteico, que es el de mayor peso dentro del plato, mantiene una tendencia alcista.
En otras palabras: el restaurante no está aumentando el precio solo por estrategia comercial, sino porque su estructura de costos cambió.
Además, el incremento de costos laborales ha sido mayor al previsto. Si bien el alza del salario mínimo de 23,7 % está en vilo por cuenta de la decisión del Consejo de Estado, en restaurantes el incremento termina siendo mayor, y con las cifras del incremento que al momento está provisionalmente suspendido, resultaría representando una cifra de “entre el 30% y el 35% por la estructura de turnos nocturnos y dominicales que manejamos en el sector de restaurantes”, explican desde Acodres.
Entre tanto, las cadenas como Crepes & Waffles operan bajo otro modelo: economías de escala, centralización de compras y mayor rotación de inventario. Esto les permite absorber parcialmente incrementos sin trasladarlos de inmediato al consumidor, aunque también han ajustado precios en los últimos años.
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Hoy la factura habla por sí sola: en El Poblado, la diferencia entre un almuerzo ejecutivo y un plato con bebida en una de las cadenas más reconocidas del país ya es mínima. Y ese dato, más que simbólico, es una señal clara de cómo el costo de comer fuera está redefiniendo las decisiones del consumidor colombiano.




