Las tasas de interés altas en Colombia, que hoy se ubican en 10,25 % según la tasa de intervención vigente del Banco de la República a febrero de 2026, están generando un giro en la lectura del mercado financiero: lo que para el crédito es un freno, para la renta fija puede convertirse en una de las ventanas más atractivas de la última década.
En medio de un entorno de política monetaria aún restrictiva y con señales de moderación inflacionaria, el mercado local empieza a posicionarse frente a un eventual cambio de ciclo.
Así lo advierte Skandia en un análisis divulgado este mes, en el que señala que el contexto actual “podría representar una de las oportunidades más atractivas para estructurar inversiones a mediano plazo”
Colombia viene de atravesar uno de los ciclos de endurecimiento monetario más fuertes de los últimos años. Tras el repunte inflacionario posterior a la pandemia y los choques internacionales de precios, el Banco de la República llevó su tasa de intervención a niveles de dos dígitos.

Este entorno ha encarecido el crédito para hogares y empresas, moderando el consumo y la inversión productiva. Sin embargo, también ha elevado los rendimientos de instrumentos como CDT, bonos corporativos y títulos de deuda pública (TES).
De acuerdo con el análisis de Skandia, “tras varios meses de tasas de interés en niveles elevados, el mercado financiero colombiano se encuentra en un punto de inflexión”
La clave está en que la inflación muestra señales de moderación y el ciclo monetario podría empezar a transitar hacia eventuales recortes.
Si ese escenario se materializa en los próximos trimestres, los inversionistas que hoy aseguren tasas altas podrían capturar rendimientos difíciles de replicar cuando el ciclo cambie.
Tasas de interés reales entre 6 % y 7 %
Uno de los datos más relevantes del análisis es el nivel de tasas reales que hoy se pueden capturar. Según Skandia, el entorno actual “permite capturar tasas reales estimadas entre 6 % y 7 %, niveles superiores a los promedios observados tanto en Colombia como en otros mercados en la última década”.
En términos económicos, esto significa que, descontando la inflación esperada, el inversionista podría obtener retornos con poder adquisitivo positivo en horizontes definidos. En ciclos de tasas bajas, esa condición no siempre está garantizada.
“Estamos en un momento en el que las tasas altas, que suelen percibirse únicamente como un freno económico, también representan una ventana estratégica para quienes toman decisiones con visión de mediano y largo plazo. La política monetaria es cíclica, pero las estrategias de inversión deben ser estructurales”, afirma Catalina Tobón, gerente de Estrategia de Inversión de Skandia.
El regreso de las inversiones a término
En este contexto, las inversiones a término fijo vuelven a ganar protagonismo. Más allá del rendimiento nominal, permiten fijar condiciones actuales antes de que un eventual recorte del Banco de la República reduzca las tasas disponibles en el mercado

Además, estos instrumentos ofrecen previsibilidad en el flujo esperado, un atributo clave en escenarios de volatilidad financiera global. “Contar con un horizonte claro y una rentabilidad estimada aporta disciplina financiera y visibilidad sobre los flujos futuros. En entornos volátiles, la previsibilidad se convierte en un activo estratégico”, agrega Tobón.
Dentro de estas alternativas se encuentran los portafolios C.A.T (Certificados de Ahorro a Término estructurados) de Skandia, diseñados para estructurar inversiones con plazo definido y rentabilidad estimada, siempre que el inversionista no requiera liquidez inmediata y gestione adecuadamente el riesgo de crédito.
Impacto para empresas e inversionistas
Para las empresas, el entorno implica un doble efecto: mayores costos financieros si requieren endeudamiento, pero también mejores retornos si cuentan con excedentes de liquidez para invertir. La gestión eficiente de caja se vuelve un componente estratégico.
Para inversionistas individuales y patrimonios familiares, el mensaje no es concentrar todo en renta fija, sino integrar estas oportunidades dentro de una estrategia diversificada. El análisis advierte que no se trata de “concentrar excesivamente el portafolio en un solo tipo de activo”, sino de mantener coherencia con el perfil de riesgo y las necesidades de liquidez.
Los errores más frecuentes en estos ciclos suelen estar asociados a decisiones tácticas de corto plazo o falta de planeación frente a necesidades futuras de liquidez.
De cara a 2026, el mercado estará atento a tres variables determinantes: la trayectoria de la inflación, las próximas decisiones del Banco de la República y el comportamiento del entorno internacional, especialmente las tasas en economías desarrolladas.
Si la inflación continúa moderándose y el banco central inicia recortes graduales, el actual nivel de tasas podría marcar uno de los puntos más altos del ciclo. En ese escenario, quienes estructuren inversiones en este momento podrían haber asegurado condiciones históricamente atractivas.
El mensaje de fondo es claro: “las coyunturas cambian, pero la disciplina financiera y la diversificación siguen siendo los pilares de una estrategia sólida”, concluye Skandia.




