En Venezuela, la posibilidad de adquirir vivienda propia se ha convertido en un objetivo cada vez más distante para gran parte de la población. La razón principal se encuentra en la enorme brecha entre los ingresos formales y los precios del mercado inmobiliario.
El punto de partida del problema es el salario mínimo vigente en el país. El último ajuste formal que lo ubicó en 130 bolívares mensuales quedó establecido en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.691 en marzo de 2022, cifra que —en la práctica— equivale a menos de un dólar al mes por la depreciación acumulada del bolívar, y que no ha aumentado desde esa fecha.
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Aunque el ingreso base es extremadamente reducido, en la práctica muchos trabajadores reciben complementos a través de bonos del sistema Patria. Sin embargo, incluso con esas transferencias, el ingreso promedio sigue siendo insuficiente para cubrir necesidades básicas.
El economista José Guerra, profesor de Economía de la Universidad Central de Venezuela, explicó a BBC Mundo que el ingreso real de muchos trabajadores se ubica apenas por encima del salario mínimo formal: “El gobierno otorga bonos que hacen que el salario promedio esté entre US$60 y US$70, algo aún muy por debajo de la canasta básica alimentaria, que para una familia de cuatro miembros estaba en US$470 por mes”, dijo.
Esa diferencia entre ingresos y costo de vida empuja a millones de venezolanos hacia la informalidad. El economista Jesús Palacios explicó también a BBC Mundo que el trabajo “por cuenta propia” y los “rebusques” se han convertido en una estrategia generalizada: “El venezolano común tiende a tener varios empleos… Está constantemente rebuscándose. Cerca del 60 % de la población tiene actividades complementarias”, afirmó.
Un mercado inmobiliario que maneja precios inalcanzables para el ciudadano de a pie en Venezuela
Mientras los ingresos se calculan principalmente en bolívares (y se complementan con bonos), el mercado inmobiliario venezolano está en precios difíciles de alcanzar para un ciudadano con ingresos promedios.

Según los rangos de Ángel Pintón Inmobiliaria (información sectorial que se usa como referencia de mercado), en Caracas las zonas más exclusivas concentran los precios más elevados.
En sectores como Las Mercedes, los valores pueden oscilar entre US$900 y US$3.500 por metro cuadrado, mientras que urbanizaciones de alto perfil como Campo Alegre o El Rosal aparecen en rangos cercanos a US$1.900 y US$2.200 por metro cuadrado.
En áreas residenciales como El Hatillo, se mencionan niveles de US$800 a US$1.100 por metro cuadrado. En zonas de clase media o popular, los rangos bajan a US$300 a US$700 por metro cuadrado, dependiendo del estado del inmueble, la seguridad del sector y la ubicación.
Fuera de la capital, la dispersión es grande. En Valencia —según esa misma referencia sectorial— se han observado ventas de estudios entre US$20.000 y US$25.000 en zonas de demanda, mientras que en mercados de menor presión también aparecen opciones entre US$12.000 y US$30.000, especialmente si requieren remodelaciones.
La trayectoria de precios también muestra sensibilidad a choques de expectativas. En Ciudad Guayana, la agente inmobiliaria Diogelis Pocaterra describió un salto de valor en una casa adosada: de US$55.000 a US$85.000 en dos años. Y atribuyó esa revalorización a un cambio de percepción del riesgo: “solo por el hecho de la detención de Maduro”, dijo al The New York Times.
¿Cuánto tardaría un hogar con ingreso “promedio” en pagar una vivienda?
Con las cifras anteriores, el cálculo es directo y ayuda a dimensionar el tamaño de la brecha. Tomemos el rango que José Guerra mencionó a BBC Mundo como ingreso promedio “real” (bonos incluidos): US$60 a US$70 al mes.
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A partir de ahí, se pueden estimar tiempos solo de ahorro, sin considerar intereses, costos de cierre, gastos de mudanza o mantenimiento (y asumiendo, además, que el hogar puede ahorrar una parte del ingreso, algo difícil con una canasta alimentaria alta).

En un primer escenario en el que un ciudadano ahorre el 100% del ingreso, algo poco probable teniendo en cuenta los gastos normales, las cuentas serían las siguientes:
- Vivienda “económica” de US$12.000: entre 14 y 17 años (US$70 vs. US$60/mes).
- Estudio de US$20.000 a US$25.000: entre 24 y 35 años.
- Casa de US$85.000 (caso Ciudad Guayana): entre 101 y 118 años.
En otro escenario, más cercano a la realidad, en el que una persona ahorrara el 30 % de su ingreso, comprar una vivienda sería una tarea de toda una vida.
- US$12.000: entre 47 y 56 años.
- US$20.000: entre 79 y 93 años.
- US$25.000: entre 99 y 116 años.
- US$85.000: entre 337 y 393 años.
Incluso con un ahorro agresivo del 50 %, los plazos siguen siendo extraordinariamente largos para precios medios del mercado (por ejemplo, un estudio de US$20.000 tomaría cerca de 48 a 56 años).




