Millones de colombianos se despiertan todos los días para atender su emprendimiento. Camino que, aunque muchas veces es estrecho, en otras es la forma de sobrevivir y transformar su entorno.
Y es que Colombia cuenta con más de 5,5 millones de micronegocios según el DANE (Encuesta de Micronegocios EMICRON), unidades que representan el 94,3 % del tejido empresarial del país (Informe de Tejido Empresarial, DANE-Confecámaras, junio 2025).
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Sin embargo, operan en uno de los entornos más exigentes de la última década: la inflación nacional llegó a 5,56 % anual en marzo de 2026 (DANE), Medellín registró 6,39 % —la segunda más alta del país— y S&P Global Ratings rebajó la calificación crediticia de Colombia proyectando un déficit fiscal del 5,6 % del PIB para 2026.
En ese contexto retador para ellos, Interactuar resaltó algunas cifras y elementos que destacan la importancia de los emprendedores.

El primero tiene que ver con que existir ya es un acto de resistencia: Colombia cerró 2025 con más de 1,5 millones de empresas activas registradas en el RUES, pero esta cifra no captura la totalidad del tejido productivo: millones de micronegocios operan por fuera de la formalidad.
A lo anterior se suma que, en el primer semestre, por cada 100 empresas creadas, 138 cerraron (Informa Colombia, noviembre 2025), con saldos netos negativos en regiones como Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca.
Luego sigue que la microempresa es el motor real del empleo, pues mientras el PIB crece al 2,5 % proyectado para 2026 (S&P), el empleo en las 13 principales áreas metropolitanas del país crece y se ocupa en un 9,2 %, —la tasa de desempleo más baja de los últimos años, según el DANE—. Es decir, la microempresa aporta cerca del 79 % del empleo total.
La informalidad no define a la microempresa, pero sí condiciona su punto de partida: en Colombia, más del 55 % del empleo es informal (DANE, 2026), y en los micronegocios esta realidad es aún más profunda.

Por otra parte, el precio sube; la propuesta de valor también debe hacerlo: Los alimentos subieron 6,27 % en el último año; le siguieron restaurantes y hoteles (9,92 %), salud (7,87 %), educación (7,54 %) (DANE, marzo 2026).
Interactuar advierte que, en Medellín, el problema no es que el gasto haya subido mucho, sino que varios pagos cotidianos subieron al mismo tiempo.
El quinto punto se relaciona con que el acceso a financiamiento es un habilitador clave, pero aún es limitado para la microempresa: en un entorno de tasas como el actual 11,25 % (Banco de la República), el crédito formal puede resultar costoso y difícil de alcanzar, especialmente para negocios con baja formalización o sin historial financiero.
Finalmente, la sostenibilidad fiscal del Estado también impacta a la microempresa, ya que con un déficit que se mueve entre el 5 % y el 7 % del PIB y presiones de financiamiento cercanas a $16,3 billones, el país enfrenta un menor margen para invertir en salud, educación e infraestructura —los entornos donde operan y crecen los micronegocios—.
Así las cosas, Interactuar concluyó que “el emprendimiento colombiano no necesita aplausos. Necesita política pública inteligente, tasas de interés accesibles y un Estado que entienda que proteger a la microempresa es proteger el empleo y la cohesión del tejido productivo nacional”.




