Venezuela intenta cerrar este año una de las reestructuraciones de deuda más grandes y complejas de la región. El gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez calcula obligaciones que, según Wall Street, van de US$ 150.000 millones a US$ 200.000 millones.
El problema es cómo: sin una evaluación reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI), con los mismos funcionarios que estuvieron al frente durante años de crisis y con dos terremotos encima.
La mayoría de los bonos soberanos en incumplimiento y los emitidos por Petróleos de Venezuela (PDVSA) pierden más de 10 % desde que el proceso arrancó a mediados de mayo, según datos recopilados por Bloomberg. La caída se aceleró tras los sismos.
Los terremotos
Los dos sismos dejaron más de 2.500 muertos y miles de damnificados, con las mayores afectaciones al oeste de Caracas. Naciones Unidas estimó los daños directos en unos US$ 6.700 millones y advirtió que las pérdidas totales podrían triplicar esa cifra.
Para un país que intenta demostrar capacidad de pago, el golpe llega en el peor momento. No solo suma una factura de reconstrucción a una economía ya debilitada por años de crisis: también amenaza con retrasar el documento que iba a marcar el rumbo de toda la negociación.
El análisis de sostenibilidad de la deuda, previsto para junio, lo elabora el gobierno junto con su asesor financiero, Centerview Partners. De ahí saldrá el marco para reestructurar bonos, préstamos, sentencias judiciales y demás obligaciones del país. En la práctica, va a definir cuánta deuda tendrán que resignar los acreedores.
Los inversionistas temen que el informe muestre una economía más débil de lo que esperaban y que, por eso, plantee un recorte más grande al valor de la deuda. David Austerweil, subgerente de cartera de VanEck, dijo a Bloomberg que el mercado está nervioso y que espera más caídas, porque el gobierno pedirá una condonación amplia.

Un artículo del Financial Times, dice que la deuda total podría ascender a US$240.000 millones, frente a un PIB estimado en cerca de US$ 100.000 millones. Según Citigroup, una deuda de ese tamaño obligaría a un recorte mayor al previsto y a valores de recuperación entre 30 % y 35 % por debajo de los precios actuales.
Los bonos soberanos más líquidos, con vencimiento en 2027, cayeron hasta cerca de US$ 0,48, desde los US$ 0,56 que tocaron el 13 de mayo, cuando se anunció la reestructuración.
El repunte previo
La promesa de cerrar la reestructuración este año disparó uno de los mayores repuntes recientes de la deuda emergente, con ganancias cercanas al 70 % para los títulos soberanos.
Los bonos de Venezuela llevaban años tratados como papel casi sin valor; la sola idea de un país volviendo a ordenar sus cuentas tras la captura de Nicolás Maduro en enero, bastó para atraer a los inversionistas.
Ese optimismo es el que ahora se enfría. No porque el proceso se haya caído, sino porque el mercado empieza a medir con más frialdad si los plazos se van a cumplir y qué tan dura será la negociación.
A Venezuela le falta una evaluación reciente del FMI, el tipo de aval técnico que suele servir de ancla en estos procesos. Las conversaciones con el organismo apenas apuntan a trazar una hoja de ruta hacia una consulta del Artículo IV, la revisión periódica que el FMI hace a las economías de sus miembros y el país no pasa por ese trámite desde 2004.
La vocera del FMI, Julie Kozack, dijo la semana pasada que el organismo mantiene contacto con las autoridades venezolanas tras los sismos, pero aclaró que no participa en la reestructuración.
Y con esa ausencia queda una duda para los acreedores: ¿puede ser creíble un análisis técnico sin auditorías independientes y sin la supervisión del Fondo, y hecho por los mismos funcionarios que condujeron años de colapso e hiperinflación? Matthew Graves, gestor de cartera de PPM America, advirtió sobre los riesgos de avanzar por fuera de un programa del FMI.
La respuesta no llegará pronto y hasta que el análisis de sostenibilidad se publique, los inversionistas seguirán negociando a ciegas sobre la deuda de un país que lleva tiempo sin mostrar sus números.




