El tenis mundial atraviesa una nueva tensión por el reparto económico de los torneos Grand Slam. Roland Garros 2026 anunció un premio total de 61,7 millones de euros, un aumento de 9,5 % frente a 2025. Sin embargo, esa cifra representa solo el 14 % de los ingresos totales del torneo, lo que ha generado rechazo entre jugadores de los circuitos ATP y WTA, que consideran insuficiente su participación en el negocio.
La diferencia frente a otros torneos es uno de los principales puntos de conflicto. En eventos regulares del circuito, los jugadores reciben cerca del 22 % de los ingresos. En contraste, los Grand Slams mantienen un modelo más restrictivo, pese a que estos torneos concentran la mayor audiencia, patrocinio y derechos de televisión del tenis mundial. Según estimaciones del sector, Roland Garros incrementa sus ingresos anuales alrededor de 14 %, pero el crecimiento del ‘prize money’ no sigue el mismo ritmo.
El malestar se intensificó tras la falta de comunicación. De acuerdo con información publicada por The Guardian, los jugadores no fueron comunicados previamente sobre la estructura del premio económico y conocieron los detalles a través del anuncio oficial del torneo. Esto motivó el envío de una carta conjunta por parte de tenistas de ATP y WTA exigiendo mayor transparencia en las decisiones financieras.
La discusión no es nueva, pero sí alcanza un punto crítico. Jugadores de alto nivel consideran que el reparto debería ubicarse entre 30 % y 50 % de los ingresos, en línea con otros deportes profesionales donde los atletas tienen mayor participación en las utilidades.

Prize money de Roland Garros desata presión en ATP y WTA
Las críticas se han hecho públicas con figuras como Aryna Sabalenka, actual número uno del mundo, quien planteó la posibilidad de un boicot a los Grand Slams. La tenista señaló que los jugadores son el eje del espectáculo y que el modelo actual no refleja su aporte económico al negocio del tenis.
El descontento también incluye a Coco Gauff, campeona vigente de Roland Garros y número cuatro del ranking. La estadounidense propuso la creación de un sindicato de jugadores como mecanismo para negociar mejores condiciones. En otros deportes, este tipo de organizaciones ha sido clave para aumentar salarios y beneficios.
El incremento del prize money en rondas clasificatorias, que sube 12,9 %, y el ajuste general del 10,1 % frente al año anterior, no han sido suficientes para reducir la inconformidad. Los jugadores argumentan que estos aumentos no compensan la brecha frente al crecimiento de los ingresos del torneo.
El escenario de un boicot, aunque aún no confirmado, introduce un riesgo relevante para la industria del tenis. Los Grand Slams, incluidos Australia, Wimbledon y el US Open, dependen de la participación de las principales figuras para sostener sus niveles de audiencia y contratos comerciales.

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Una eventual ausencia de jugadores de élite afectaría la venta de derechos de transmisión, patrocinadores y asistencia a los estadios. Además, abriría un debate sobre la gobernanza del tenis, actualmente distribuida entre ATP, WTA, ITF y los organizadores de los cuatro grandes torneos.




