Para muchos viajeros, viajar a un safari en África representa mucho más que un viaje: es la materialización de un imaginario construido durante años entre películas, documentales y fotografías de paisajes abiertos con fauna salvaje en libertad.
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La idea de ver de cerca leones, elefantes o jirafas en su hábitat natural sigue siendo uno de los mayores atractivos del turismo global, pero detrás de ese sueño hay una industria en transformación, con nuevos hábitos de consumo y costos que redefinen quiénes pueden acceder realmente a esta experiencia.
Y es que el mercado global de safaris en África está cambiando de forma acelerada. Más viajeros, decisiones más informadas y un aumento sostenido en el gasto están redefiniendo este segmento del turismo internacional.
En ese escenario, América Latina empieza a ganar terreno como origen de nuevos viajeros interesados en experiencias de alto valor.
El informe State of Safari 2025, elaborado por Go2Africa, muestra que el interés por este tipo de viajes mantiene una tendencia creciente, pero también evidencia transformaciones clave en la forma en que se planifican y consumen estas experiencias.
Uno de los cambios más relevantes está en el perfil del viajero. En 2025, el 82 % de quienes buscan un safari ya tienen definido su destino antes de iniciar el proceso, el nivel más alto registrado en los últimos años.

Desde la industria, este fenómeno se interpreta como un cambio estructural en la forma de planificar viajes. Según Liesel van Zyl, responsable de desarrollo de producto en Go2Africa, “los datos de consulta ofrecen una ventana valiosa para entender la mentalidad del viajero en las primeras etapas de su recorrido… sin embargo, esas preferencias iniciales suelen evolucionar a medida que se ajusta el itinerario”, lo que confirma que, aunque el cliente llega más preparado, la experiencia sigue siendo altamente personalizada.
Viajar a un safari a África: destinos consolidados y nuevas tendencias
El interés global sigue concentrado en los destinos más tradicionales. Sudáfrica lidera con el 24 % de las consultas, seguido por Kenia (21 %) y Tanzania (19 %), consolidando el dominio de África oriental y austral en este mercado.
No obstante, el informe también muestra una apertura hacia nuevos destinos. Países como Botsuana han ganado relevancia, mientras que opciones más nicho como Madagascar o Malaui comienzan a captar la atención de viajeros que buscan experiencias diferentes.
En paralelo, los hábitos de viaje están cambiando. Por primera vez, la temporada media —abril, mayo, septiembre y octubre— concentra el mayor volumen de consultas, con un 38 %, superando a la temporada alta tradicional.
El concepto de safari también se está transformando. Aunque la observación de fauna sigue siendo central, el viaje ahora incorpora más elementos. Las combinaciones de safari y playa, por ejemplo, ya representan cerca del 10 % de las consultas, al igual que experiencias como visitas a las cataratas Victoria o actividades culturales y de conservación.
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El factor determinante de viajar a un safari: el costo
En medio de estas transformaciones, el elemento que termina marcando la diferencia es el nivel de inversión requerido. El informe evidencia un giro claro hacia presupuestos más altos, con un crecimiento significativo de los viajes de gama media-alta.
Este cambio responde a una mayor demanda por experiencias exclusivas, itinerarios más largos y servicios personalizados. Además, los costos asociados a este tipo de turismo también han aumentado, impulsando el gasto promedio.

En ese contexto, el valor medio por persona para un safari en 2025 se ubica en torno a los US$8.625, es decir, cerca de $34 millones de pesos colombianos.
Llevado a la realidad colombiana, el dato evidencia la magnitud económica de este tipo de viaje. Con un salario mínimo para 2026 de $1.750.905 (alrededor de $2 millones con auxilio), el costo promedio de un safari equivale a cerca de 17 salarios mínimos mensuales.
Esto significa que un solo viaje puede representar más de un año completo de ingresos para un trabajador que perciba el mínimo, lo que posiciona esta experiencia dentro de un segmento claramente premium.
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El crecimiento del interés desde América Latina, especialmente desde países como México, muestra que la región empieza a integrarse con mayor fuerza en este segmento. Sin embargo, el costo seguirá siendo una barrera estructural para su expansión masiva.




