La intervención de Estados Unidos que derivó en la remoción de Nicolás Maduro del poder vuelve a ubicar a Venezuela en el centro del escenario regional. Aunque los resultados inmediatos siguen siendo inciertos, el movimiento de Estados Unidos apunta a buscar reforzar su influencia en el hemisferio occidental y reordenar sus prioridades en América Latina, en un contexto de competencia con China y Rusia.
De acuerdo con un análisis de Fitch Ratings, no se esperan efectos inmediatos sobre las calificaciones soberanas como consecuencia directa de este hecho, en parte porque Venezuela mantiene vínculos comerciales y financieros limitados con el resto de la región. Sin embargo, el impacto más relevante no está en los mercados, sino en el plano geopolítico.
Venezuela: petróleo en el centro
La situación política interna de Venezuela sigue siendo cambiante e incierta. Tras condenar la acción de Estados Unidos, la presidenta interina Delcy Rodríguez señaló que el gobierno venezolano estaría dispuesto a trabajar con Washington en una agenda de cooperación orientada al “desarrollo compartido”.
Desde la perspectiva estadounidense, la administración de Donald Trump justificó su intervención en los presuntos vínculos del régimen de Maduro con el narcotráfico y ha dejado claro que uno de sus principales objetivos es acceder al petróleo venezolano y avanzar en la recuperación de su infraestructura energética. Sin embargo, está claro si ese interés estará acompañado de una apuesta real por una transición democrática.
Trump, además, ha advertido que podría lanzar nuevas acciones si las exigencias de Estados Unidos no son atendidas, lo que mantiene latente el riesgo de una escalada y añade un componente de incertidumbre adicional al escenario regional.

La presión política de Estados Unidos y el efecto regional
Fitch advierte que una desestabilización política profunda o una escalada militar en Venezuela podría generar desafíos de seguridad y tensiones macroeconómicas en países cercanos. En ausencia de ese escenario, los efectos de corto plazo serían contenidos.
El mayor impacto se daría en el plano político. La actuación de Estados Unidos es consistente con una relectura contemporánea de la Doctrina Monroe, orientada a reforzar su liderazgo en el hemisferio occidental y a limitar la influencia de China y Rusia, como se plantea en su Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre.
En este contexto, Colombia aparece como uno de los países más expuestos. Tras absorber el mayor flujo de migrantes venezolanos durante el gobierno de Maduro, Colombia fue recientemente descertificada por el gobierno Trump por no demostrar avances suficientes en la lucha contra el narcotráfico. Esto podría traducirse en mayores niveles de presión política, dependiendo del resultado de las elecciones presidenciales previstas para mayo y de la disposición del próximo gobierno a cooperar con la agenda estadounidense.
Comercio, seguridad y política exterior
La próxima revisión del United States–Mexico–Canada Agreement (Usmca), el tratado entre Estados Unidos, México y Canadá que sustituyó al Nafta en 2020, podría incorporar temas de seguridad y otros asuntos no comerciales, lo que aumentaría la complejidad de la negociación. El tratado regula el comercio de bienes y servicios, la inversión, las reglas de origen, los mecanismos de solución de controversias y disposiciones en materia laboral y ambiental. Aunque el gobierno de Claudia Sheinbaum ha incrementado las extradiciones de presuntos miembros de cárteles, Fitch anticipa un proceso difícil y con alta incertidumbre económica.
Otros países de la región también forman parte del foco de la política estadounidense. Nicaragua podría enfrentar mayores presiones diplomáticas, mientras que algunos gobiernos han optado por alinearse con Estados Unidos. República Dominicana, por ejemplo, ha permitido el acceso de Estados Unidos a bases aéreas.
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En un horizonte de más largo plazo, una eventual recuperación de la producción petrolera venezolana podría influir en los precios internacionales del crudo, con implicaciones para las economías de la región dependientes del sector energético. No obstante, Fitch subraya que este escenario dependerá de factores globales de oferta y demanda y de la capacidad real de Venezuela para atraer inversión y reactivar su industria.
Este episodio no solo redefine el panorama político interno de Venezuela, sino que vuelve a poner a América Latina bajo el foco de Estados Unidos, con efectos directos sobre la estabilidad económica regional.




