Entrevista | “El sistema tributario colombiano está pensado para recaudar, no para atraer inversión”

Colombia sigue siendo un país atractivo para invertir, pero eso no implica que operar sea fácil. Así lo reveló el más reciente ranking de complejidad de TMF.

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Aunque Colombia sigue siendo un mercado atractivo para la inversión, hacer negocios en el país continúa siendo una tarea compleja. Así lo vuelve a mostrar el más reciente ranking de complejidad TMF Group, que ubica al país en el sexto lugar más difícil a nivel global y el tercero de América Latina.

Y es que, más allá de la posición en el listado, el resultado refleja un entorno en el que las empresas siguen enfrentando trabas regulatorias, cargas administrativas y un factor que hoy pesa cada vez más: la incertidumbre. Para entender qué hay detrás de ese diagnóstico y cuáles son hoy los principales desafíos, Valora Analitik habló con Cristhian Fresen, country head de TMF para Colombia, Ecuador y Venezuela.

En los últimos años, Colombia se ha mantenido entre los países más complejos para hacer negocios. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan hoy las empresas en el país?

Hay una mezcla de factores que hacen que nos mantengamos en esa posición, que además se comparten a través de la región. 

Lo principal que vemos es la inestabilidad política. Más que los cambios de gobierno, lo que genera complejidad es la incertidumbre alrededor de las reformas y la falta de continuidad en las políticas públicas. Esa falta de continuidad se traduce en incertidumbre y eso hace más complejo hacer negocios en estos territorios, incluido Colombia.

Otro factor importante es la burocracia. Colombia ha sido pionera en volverse más eficiente en algunos temas, como la constitución de empresas SAS, pero todavía hay muchos procesos que siguen siendo excesivamente complejos. Entonces, hay demasiada minucia operativa, logística y administrativa que termina dificultando el entorno de negocios.

Y cuando mezclas esa incertidumbre política con la burocracia, el problema se amplifica para los inversionistas extranjeros. Una empresa que llega al país muchas veces no sabe qué va a pasar con su negocio, cómo se va a desarrollar su operación, etc. Todo eso aumenta la percepción de complejidad.

Si se compara con los países que aparecen como menos complejos en el ranking, ¿qué oportunidades de mejora tendría Colombia para atraer más inversión extranjera?

Más que dar recomendaciones, lo que vemos desde nuestra perspectiva es qué cosas generan dolor para las compañías. Y ahí aparecen temas como el exceso de reformas, el formalismo y la complejidad regulatoria, que, si lo traduces en positivo, esas son las áreas de oportunidad. 

Por ejemplo, el sistema tributario colombiano es excesivamente complejo. Después de Brasil, probablemente es el más complejo de América Latina. Hay demasiadas reglas, exclusiones y diferencias técnicas que hacen muy difícil operar.

En contraste, hay países con sistemas tributarios mucho más sencillos y flexibles, pensados para atraer inversión extranjera y fomentar la inversión local. En Colombia, el sistema tributario está diseñado principalmente para generar ingresos para la Nación, no necesariamente para impulsar inversión o dinamizar la economía localmente.

Otra área de oportunidad es el sistema laboral. Las reglas laborales tienden a ser cada vez más proteccionistas del trabajador. Eso no necesariamente es malo, pero sí puede afectar la inversión extranjera y la generación de empleo, especialmente cuando las reglas cambian de forma impredecible. 

Al final, lo más importante es tener reglas de juego claras, institucionalidad y capacidad de anticiparse a los cambios. Además, de confianza en que las instituciones del Estado las van a hacer cumplir.

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Cristhian Fresen, country head de TMF para Colombia, Ecuador y Venezuela.
Cristhian Fresen, country head de TMF para Colombia, Ecuador y Venezuela.

¿Qué criterios se tienen en cuenta para medir la complejidad de los países?

Hay varios factores. Uno de ellos es el sistema tributario. También se analiza el marco regulatorio laboral, es decir, todos los procesos asociados a recursos humanos, nómina, contratación, desvinculación y seguridad social.

En términos macro, se tiene en cuenta el sistema regulatorio general del país, las sanciones y el marco de cumplimiento aplicable a las compañías. Finalmente, también pesa el tema del supply chain (cadenas de suministro) y qué tan fáciles o complejos son los corredores comerciales entre países. El resultado de todos esos elementos es lo que construye el índice.

Además de Colombia, México también aparece entre los países más complejos de la región. Teniendo eso en cuenta, ¿qué tan atractivo sigue siendo hacer negocios en América Latina?

Aquí entramos a separar dos conceptos: una cosa es qué tan atractivo es un país y otra qué tan fácil es hacer negocios allí.

América Latina sigue siendo muy atractiva para invertir. México, por ejemplo, tiene ventajas enormes por su cercanía con Estados Unidos y por sus acuerdos comerciales. Colombia, por su parte, tiene una posición privilegiada para atraer centros de servicios compartidos y data centers, gracias a su ubicación geográfica y a un sistema regulatorio que abraza a esa industria.

Lo mismo ocurre con otros países. Panamá sigue siendo atractivo, Uruguay es muy estable, Argentina está generando más confianza por la certidumbre alrededor de sus políticas económicas y Ecuador tiene el beneficio de una economía dolarizada.

Entonces, la región sí tiene mucho atractivo para hacer negocios, aunque eso no significa que operar sea sencillo.

El informe destaca la digitalización como uno de los factores de valor para las compañías. ¿Por qué es tan importante avanzar en esa transición tecnológica?

Principalmente porque la digitalización ayuda a las empresas a operar mejor, vender más y, sobre todo, tomar mejores decisiones. La digitalización definitivamente es una palanca, no para reemplazar personas, sino para empoderar a los equipos y que sean más eficientes.

Además, mejora la calidad de la información disponible. Hoy una compañía puede acceder a datos en tiempo real sobre ventas, costos, clientes, inventarios o productividad, lo que permite tomar decisiones basadas en evidencia y no únicamente en intuición.

Y también mejora la experiencia del cliente. Por ejemplo, nosotros en TMF estamos avanzando muchísimo en herramientas e interfaces digitales porque ayudan a mejorar la capacidad de respuesta, los procesos de seguimiento y la simplificación de servicios.

En un contexto de alta tensión geopolítica, ¿cómo se está impactando el entorno de negocios?

La tensión geopolítica impacta transversalmente la manera en que las empresas compran, venden, invierten, se financian y operan. Hoy vemos problemas de inflación, aumento en costos de producción, sanciones, disputas comerciales, aranceles y afectaciones en las cadenas de suministro. Todo eso impacta directamente en el entorno empresarial.

También afecta el costo del capital. Los inversionistas perciben más riesgo, los bancos son más cautelosos y las tasas de interés se ajustan. Y además cambia el comportamiento de la demanda. Cuando hay incertidumbre, se afecta el turismo, la capacidad de gasto y las decisiones de inversión.

En términos simples, la tensión geopolítica hace que decisiones que normalmente serían comerciales terminen convirtiéndose en decisiones de riesgo. Es como estar estresado todo el tiempo. 

¿Cuáles son las principales conclusiones que deja el reporte de este año?

Una de las principales conclusiones es que las compañías saben hacer su negocio, pero no necesariamente conocen los matices legales, fiscales o administrativos de cada mercado. 

Otro punto importante es que la regulación no siempre es el problema, sino la falta de claridad. Ahí entran proveedores como TMF, que ayudan a reducir esa incertidumbre y brindan ese acompañamiento para generar un mayor entendimiento. También queda claro que hay que diferenciar entre el atractivo de un país y su complejidad, porque un país puede ser muy atractivo para invertir y al mismo tiempo ser complejo para operar.

Y quizá una de las conclusiones más importantes es que la incertidumbre pesa más que la complejidad. La complejidad se puede administrar; la incertidumbre es mucho más difícil de gestionar porque altera las decisiones de inversión y operación.

La complejidad, además, crea, si se quiere, una prima de ejecución. Las empresas que logran operar con orden, con datos, talento, procesos claros, tienen una ventaja; las que no, pierden velocidad, margen y capacidad de crecimiento. 

Finalmente, ¿cómo pueden adaptarse las empresas a estos entornos de complejidad?

Lo primero es dejar de ver la complejidad como un ruido externo y empezar a incorporarla dentro del modelo operativo de las compañías. Para eso es clave mapear las complejidades, apoyarse en buenos partners, digitalizar procesos críticos, simplificar estructuras e invertir en talento estratégico.

La capacidad de adaptación, planeación y ejecución también es fundamental. Y, sobre todo, entender que la clave no es evitar la complejidad, sino aprender a gestionarla de la mejor manera posible.

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