Si hay algo que no estaba en las cuentas de nadie antes y después del 3 de enero de 2026, tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, era que Delcy Rodríguez lograría lo que muy pocas veces en la historia republicana de Venezuela se ha vivido: unidad. No es por popularidad, ni por la astucia de Donald Trump, ni por las Fuerzas Armadas, ni la oposición, empresarios o sindicatos. La fórmula que ha logrado alinear los astros se llama equilibrio.
La responsabilidad del 90 % de este equilibrio la tiene el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien desde un principio fijó las reglas de juego y el petróleo como su prioridad. Las medidas implementadas en el último mes han dejado claro que la estabilidad es fundamental para atraer inversión y evitar los errores de intervenciones en el pasado.
Un ejemplo de lo anterior fue la visita oficial del secretario de Energía de los Estados Unidos Chris Wright, quién estuvo el 11 y 12 de febrero en Caracas, convirtiéndose en el funcionario de más alto nivel en visitar el país en casi tres décadas. Wright se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez y recorrió instalaciones clave como Petroindependencia, en Anzoátegui. El acercamiento busca reabrir el sector energético venezolano a la inversión extranjera y reactivar la producción mediante la flexibilización de sanciones y la cooperación con empresas como Chevron.
“Traigo un mensaje del presidente Trump: está profundamente comprometido con transformar por completo la relación entre Estados Unidos y Venezuela. Esto forma parte de una agenda más amplia para devolver la grandeza a las Américas, acercar nuestros países y llevar el comercio, la paz, la prosperidad, el empleo y las oportunidades al pueblo de Venezuela en colaboración con Estados Unidos. No se trata solo de palabras o ambiciones. Ya tenemos planes y medidas muy concretos”, afirmó el secretario de Energía desde Caracas.
Estas declaraciones se suman a las del secretario de Estado, Marco Rubio, quien desde el Congreso advirtió que levantar las sanciones petroleras a Venezuela “no puede convertirse en un cheque en blanco para el régimen”, e instó a la administración a condicionar cualquier alivio a avances verificables en materia política. Sus declaraciones coincidieron con el anuncio oficial de Washington sobre la eliminación de restricciones clave al crudo venezolano, una medida presentada como un incentivo estratégico para acelerar la transición del país y estabilizar los mercados energéticos internacionales.
“¿Por qué Estados Unidos ha adoptado este enfoque? Parte de la explicación, por supuesto, proviene de los errores que cometió en Irak y Afganistán: el impulso en Irak hacia el cambio radical institucional y, luego, el hecho de que esos países terminaran envueltos en guerras dejó a Estados Unidos atrapado en una especie de guerra civil durante décadas. Ahora quiere evitar repetir esa situación, por lo que ha decidido trabajar con el liderazgo que, en teoría, permite un enfoque más automatizado o controlado”, afirmó Dan Alamariu, estratega jefe de geopolítica en Alpine Macro, una empresa de Oxford Economics.
La estrategia de ‘apretar sin ahorcar’ hasta el momento le ha funcionado a Estados Unidos para mantener alineadas a las principales figuras del chavismo y consolidar a Delcy Rodríguez como la lideresa que controla el 10 % restante de la fórmula del equilibrio haciendo malabares con las Fuerzas Armadas, el chavismo, la oposición y la economía.
Las Fuerzas Armadas y el chavismo: lealtad condicionada y pragmatismo
Uno de sus principales logros ha sido que el ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Diosdado Cabello, y el de Defensa, Vladimir Padrino López, declararan la lealtad «absoluta» de los cuerpos de seguridad y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en un acto para reconocerla como comandante en jefe del cuerpo castrense.

“La Fuerza Armada sigue siendo el sostén fundamental del gobierno, eso no se puede olvidar. El reconocimiento de Delcy Rodríguez como comandante en jefe tiene un gran simbolismo, y un gran peso, porque la Fuerza Armada no puede tener dos comandantes en jefe, tiene que tener uno solo, y ya no es Nicolás Maduro que está preso, o secuestrado, o está retenido, o cualquier otra figura. Ya hay una nueva realidad y una nueva comandante en jefe. Eso es lo que marca la diferencia entre un gobierno fuerte y un gobierno débil”, explicó Vladimir Villegas, periodista y político venezolano.
La venta de petróleo a Estados Unidos, la llegada de dólares mediante subastas canalizadas por los principales bancos privados, y la aprobación de la Ley de Hidrocarburos, resumen el optimismo de los empresarios en estas primeras semanas de transición y también por qué le apuestan al éxito de Delcy Rodríguez.
“La reforma es un gran avance porque es muy pragmática, especialmente para los incumbentes (empresas ya presentes como Chevron, Repsol, ENI y los CPP), aunque tenemos que ponerle el apellido de transicional. Es decir, ante un Gobierno y una Asamblea Nacional de transición, no es posible elaborar una ley orgánica de hidrocarburos moderna, con el debido debate, entre otras cosas porque muchos expertos petroleros no pueden ingresar al país. Sin embargo, con los beneficios otorgados a los incumbentes, en Ecoanalítica estimamos que se podría aumentar la producción en más de 200.000 barriles diarios y elevar el crecimiento económico hasta 15 %, en el 2026”, indicó Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica.

Ante la vorágine de anuncios, noticias y hechos, los empresarios son optimistas, pero cautos a la vez, debido a que son conscientes de la fragilidad del equilibrio alcanzado. Celebran las victorias tempranas, pero hacen un llamado a pisar el acelerador en el Legislativo para abordar otras reformas que permitan una recuperación más transversal de la economía.
Las reformas pendientes: electricidad, inversión y seguridad jurídica
Valora Analitik habló con el vicepresidente de la Cámara Venezolana de la Construcción, Rafael Torrealba, quien hace un llamado a priorizar la reforma al sector eléctrico para poder impulsar el sector petrolero e industrial. “Si tomamos como base las nuevas condiciones de la ley de hidrocarburos, donde ya se está dejando un espacio para que nuevos inversionistas puedan negociar mejores condiciones con PDVSA o el Estado, e hiciéramos lo mismo con el sector de energía eléctrica, probablemente inversionistas se sentarían en la mesa a evaluar oportunidades de inversión para prestar servicios privados. Ahora, con el marco regulatorio como está, se hace más cuesta arriba”, destacó.
A pesar de las inversiones de las petroleras que ya tienen presencia en Venezuela, y que son las protagonistas de la esperanza en materia económica en el corto plazo, los expertos prevén que las grandes inversiones sólo empezarán a llegar cuando haya reglas claras en materia de expropiaciones, para lo cual se requiere un plan más detallado sobre la transición democrática.
“Ahora bien, lo que ocurra en los próximos meses será realmente crítico, porque Estados Unidos no tiene paciencia infinita. Sabe, además, que al gobierno actual le gustan los juegos dilatorios, tratando de prolongar la situación más allá del mandato de la administración Trump. Así que, en los próximos meses, habrá varios indicadores clave para evaluar si el régimen avanza nuevamente hacia algún tipo de liberalización: pasos iniciales para reducir, obviamente, la represión política —algo que apenas ha comenzado a ocurrir— y, nuevamente, la creación de espacios para la sociedad civil y para la democratización”, añadió Dan Alamariu, estratega jefe de geopolítica en Alpine Macro.
A medida que se clarifica la hoja de ruta que Estados Unidos busca aplicar en Venezuela —y cuya ejecución, por ahora, parece estar bajo el control de Delcy Rodríguez—, dentro y fuera del país crece la apuesta por mantener la calma. El sentimiento dominante se resume en una frase que hoy ronda por las calles de Caracas: “Si ves que funciona, déjalo quieto”.




