A menos de tres meses del inicio del Mundial 2026, la FIFA tomó una decisión definitiva sobre la participación de Irán en el torneo, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, amenazas de retiro y dudas sobre su presencia en Estados Unidos.
El anuncio, hecho por el presidente del organismo, Gianni Infantino, despeja uno de los mayores focos de incertidumbre deportiva y logística de la próxima Copa del Mundo.
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En declaraciones recientes desde Turquía, Infantino confirmó que la selección iraní sí participará en el Mundial y que disputará sus partidos en territorio estadounidense, tal como estaba previsto en el calendario oficial.
“Irán estará en la Copa del Mundo. Estamos aquí para esto. Nos congratulamos porque es un equipo muy fuerte. Estoy muy contento”, afirmó el dirigente, tras acompañar un partido amistoso del equipo asiático ante Costa Rica, en el que se impusieron 5-0.

La definición no es menor. Durante semanas, la participación de Irán estuvo en duda luego de que el ministro de Deportes del país, Ahmad Donyamali, planteara públicamente la posibilidad de no asistir al torneo debido a la escalada del conflicto en Medio Oriente y las tensiones diplomáticas con Estados Unidos.
Ese escenario incluso abría la puerta a sanciones económicas y a la necesidad de que la FIFA reorganizara el cuadro del campeonato.
La tensión política que puso en riesgo el Mundial
El punto crítico se dio tras los ataques aéreos registrados a finales de febrero y el aumento de la confrontación en la región, lo que llevó a las autoridades iraníes a cuestionar las condiciones para competir en un país con el que mantiene un conflicto abierto.
En ese momento, el propio Donyamali había sido enfático: “no tenemos condiciones para participar en el Mundial”, en referencia a la situación política y de seguridad.
Ese anuncio generó una alerta inmediata en la FIFA, no solo por el impacto deportivo, sino por las implicaciones contractuales y organizativas. El reglamento del organismo contempla sanciones económicas de hasta 500.000 francos suizos (cerca de $2.250 millones) en caso de retiro, además de la devolución de recursos destinados a la preparación del torneo.
Adicionalmente, una eventual salida de Irán habría obligado a redefinir el grupo y la logística del campeonato, afectando derechos de transmisión, planificación de sedes y operaciones comerciales en un evento que se disputará simultáneamente en Estados Unidos, México y Canadá.
Pese a ese contexto, Infantino ratificó que el equipo no solo participará, sino que cumplirá el calendario establecido. “He visto al equipo, he hablado con los jugadores, con el entrenador, así que todo va bien”, señaló, dejando claro que no habrá cambios en la programación.
Irán integrará el Grupo G y disputará la fase de grupos frente a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto. Los dos primeros encuentros se jugarán en Los Ángeles, mientras que el tercero será en Seattle. Además, el equipo tendrá su base de concentración en Tucson, Arizona, lo que confirma que toda su operación se desarrollará en territorio estadounidense.
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Esta decisión se mantiene incluso después de que la federación iraní solicitara trasladar sus partidos a México, buscando evitar su presencia en Estados Unidos.
La FIFA optó por respetar el sorteo y la planificación original del torneo, enviando una señal de estabilidad organizativa en medio de un entorno geopolítico complejo.




