El WEF alerta: la economía deja de contener los conflictos y eleva los riesgos para mercados e inversión

La economía global dejó de funcionar como zona de amortiguación. Esa es la premisa del Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico mundial (WEF).

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El Informe de Riesgos Globales 2026 es el ejercicio anual del Foro Económico Mundial (WEF) que busca anticipar los principales focos de inestabilidad para la economía y la política internacional.

El informe se basa en la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales 2025–2026, que recoge las respuestas de más de 1.300 expertos y líderes del sector empresarial, gobiernos, academia, organizaciones internacionales y sociedad civil en más de 110 países. El WEF construye el reporte como un sistema de alerta temprana, evaluando la probabilidad y la gravedad de 33 riesgos globales en tres horizontes: inmediato (2026), corto plazo (dos años) y largo plazo (diez años).

El punto de partida del ejercicio es político y económico a la vez: el mundo entra en lo que el propio WEF define como una era de la competencia, en la que comercio, finanzas y tecnología dejan de ser espacios neutrales y se convierten en instrumentos de poder. El clima que reflejan las respuestas es revelador: el 50 % de los encuestados anticipa un panorama global “turbulento o problemático” en los próximos dos años, y ese pesimismo aumenta a 57 % cuando se amplía la mirada a la próxima década. Solo 1 % cree que el mundo se encamina hacia un escenario apacible.

Foro Económico Mundial WEF 2024
Foto: Presidencia

Ese estado de ánimo explica el orden de prioridades en el corto plazo. En el ranking de gravedad a dos años, el primer lugar lo ocupa la confrontación geoeconómica, seguida por la desinformación y la polarización social. Los fenómenos meteorológicos extremos caen al cuarto puesto, no porque pierdan relevancia, sino porque quedan desplazados por la urgencia política y económica del momento.

Cuando el horizonte se extiende a diez años, la lectura cambia de forma sustancial. Los expertos vuelven a ubicar a los riesgos ambientales como los más graves para la estabilidad global: eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad y colapso de ecosistemas, y cambios críticos en los sistemas terrestres ocupan los tres primeros lugares. En paralelo, la desinformación se mantiene como un riesgo estructural persistente, capaz de amplificar tensiones sociales, debilitar instituciones y afectar decisiones económicas a gran escala.

La economía como arma: menos reglas, más presión sobre comercio y cadenas de suministro

El WEF no está hablando solo de aranceles. Dice algo más delicado: los gobiernos están perdiendo fe en el marco legal del comercio global. El ejemplo está en la OMC: los casos llevados al sistema de disputa han caído a cerca de un tercio del nivel que tenían antes de que el Órgano de Apelación quedara paralizado en 2019. Cada vez menos países creen que las reglas resuelven, y cada vez más prefieren “cobrar” por su cuenta.

En esa dinámica, el informe advierte que la confrontación se está extendiendo a sanciones, restricciones de capital, controles de inversión y “weaponization” (uso de la economía como arma) de cadenas de suministro. De hecho, el propio reporte incluye como escenario físico y ciberfísico el daño a infraestructura crítica, como cables submarinos de comunicación o redes satelitales, además de ataques o bloqueos logísticos.

La actuación de Estados Unidos en Venezuela se inscribe en una estrategia orientada a reforzar su liderazgo en el hemisferio occidental. Imagen: Pexels.
La actuación de Estados Unidos en Venezuela se inscribe en una estrategia orientada a reforzar su liderazgo en el hemisferio occidental. Imagen: Pexels.

Si el comercio se organiza por bloques políticos, incluso una fragmentación en inversión, finanzas o tecnología sube costos y enfría la actividad global. El WEF lo dice sin rodeos: Los países no alineados quedan más expuestos si no logran maniobrar entre bloques sin quedar atrapados en las disputas de las grandes potencias.

Mercados e inversión: la factura de la deuda y una inflación empujada por la política

Aquí el informe problematiza algunos de los supuestos centrales del debate financiero. El WEF advierte que la deuda global total (pública + privada) llegó a US$251 billones, equivalente a 235 % del PIB en 2024.

Pero el dato que más pesa para 2026–2028 es que casi 45 % de la deuda soberana de países OCDE vence entre 2025 y 2027, lo que obliga a refinanciar en un mundo de tasas más altas y costos de servicio de deuda más pesados.  A eso se suma que cerca de un tercio de la deuda corporativa global también tendrá que refinanciarse en ese mismo periodo. Además, como consecuencia indirecta de estas tensiones, el informe señala que el despliegue de infraestructura para inteligencia artificial podría impulsar emisiones masivas de deuda: hasta US$1,5 billones en bonos grado inversión en los próximos cinco años.

Destacado: El PIB de Colombia podría crecer cerca de 52 % hacia 2040, jalonado por centros de datos, servicios digitales y agroindustria.

Por eso, en el ranking a dos años los riesgos económicos son los que más escalan: la desaceleración y la inflación suben ocho posiciones (hasta los puestos 11 y 21), y el riesgo de una corrección abrupta de activos avanza siete lugares (hasta el 18).

El informe agrega un matiz interesante: aunque el FMI proyecta crecimiento global de 3,1 % en 2026 (por debajo del promedio 2000–2019 de 3,7 %), los riesgos están sesgados a la baja por proteccionismo y debilitamiento institucional.

En otras palabras: el riesgo inflacionario no vuelve solo por demanda; puede volver por política, más barreras, más subsidios, más fractura del comercio, y por presión sobre bancos centrales en un mundo con deuda.

A 10 años: el clima vuelve al top 3 y la IA escala como riesgo sistémico

Lo urgente está desplazando lo importante: a dos años, el clima cae en el ranking; a diez años, domina la lista. En el largo plazo, el top 3 está compuesto por fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, colapso de ecosistemas y cambio crítico en sistemas terrestres.

Y aparece un cuarto actor que cambia la discusión: la IA. El WEF resalta el salto de consecuencias adversas de tecnologías de IA, que pasa del puesto 30 a dos años al 5 en diez años. La preocupación habla de efectos sobre mercado laboral, cohesión social y seguridad.

inteligencia artificial
Inteligencia artificial. Foto: tomada de Freepik

En paralelo, el informe conecta la crisis social con la degradación del ecosistema informativo. Según Reuters Institute, entre 2018 y 2025 aumentó el news avoidance (personas que dejan de ver y leer noticias) de 32 % a 40 % y creció la preocupación por desinformación de 54 % a 58 %.
Además, en EE. UU. el peso de redes como fuente principal de noticias subió de 4 % en 2015 a 34 % en 2025, y el uso de herramientas de IA para buscar información pasó de 11 % en 2024 a 24 %. Ese deterioro del ecosistema informativo facilita la circulación de deepfakes y campañas de desinformación con impacto directo en procesos electorales, confianza institucional y decisiones económicas.

En el corto plazo, la confrontación geoeconómica, la deuda y la inflación empujada por decisiones políticas elevan la volatilidad y reducen márgenes de acción para mercados e inversión. En el largo plazo, los riesgos ambientales, tecnológicos y sociales vuelven a imponerse, pero en un contexto de menor cooperación y mayor fragmentación. La señal para empresas, inversionistas y gobiernos es que el principal riesgo ya no es solo económico, sino político, y la capacidad de anticipar escenarios dependerá menos de modelos tradicionales y más de entender cómo el poder, la tecnología y la confianza están redefiniendo las reglas.