Más de 236.000 hectáreas bajo el agua en la región Caribe y 113.641 hectáreas inundadas solo en Córdoba. Esa es la dimensión, medida con tecnología satelital internacional, de la emergencia climática que atraviesa el departamento y que hoy redefine la conversación sobre riesgo, infraestructura y sostenibilidad productiva en el norte del país.
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La cifra no proviene de estimaciones preliminares ni de sobrevuelos aislados. Según informó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte al 10 de febrero de 2026, la mancha de inundación fue delimitada con apoyo de los sistemas International Charter: Space and Major Disasters y Copernicus Emergency Management Service (CEMS), dos de las plataformas internacionales más robustas en observación de la Tierra.
El resultado: un mapa técnico que confirma que Córdoba es el departamento más golpeado por esta ola invernal atípica en pleno inicio de año.
La emergencia en Córdoba vista desde el espacio
Las imágenes satelitales —como las captadas por Sentinel-2 el 9 de febrero de 2026 en la zona de Lorica y el río Sinú— muestran extensas áreas anegadas donde antes predominaban suelos agrícolas y zonas ganaderas. La comparación con registros de diciembre de 2025 evidencia el cambio abrupto del paisaje: cuerpos de agua ampliados, terrenos productivos cubiertos y bordes urbanos bajo presión hídrica.

La UNGRD detalló que desde el 7 de febrero se activó de manera exitosa el mecanismo International Charter, que a la fecha ha entregado 152 productos satelitales, entre imágenes ópticas y de radar, con resoluciones que oscilan entre 50 centímetros y 100 metros.
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De manera complementaria, y a solicitud de la entidad, se activó el servicio Copernicus, orientado a respaldar la evaluación de daños y fortalecer la respuesta en territorio. Estos mapas temáticos permiten delimitar con alta precisión la mancha de inundación, estimar impactos y orientar decisiones operativas con mayor respaldo técnico.

El impacto de 113.641 hectáreas inundadas en Córdoba
Para dimensionarlo en términos económicos, 113.641 hectáreas equivalen a más de 1.100 kilómetros cuadrados, una extensión superior al área urbana de varias capitales intermedias del país.
En departamentos como Córdoba, donde una parte sustancial del PIB depende de actividades agropecuarias, el impacto trasciende lo humanitario y comienza a presionar cifras macroeconómicas regionales.

Las zonas afectadas incluyen áreas cercanas al río Sinú, eje hídrico y productivo del departamento, y municipios como Lorica y Montería, donde la expansión del agua compromete tanto suelos rurales como periferias urbanas.
Las inundaciones no solo deterioran cultivos y pasturas; alteran los ciclos productivos, encarecen la logística y tensionan la infraestructura vial secundaria y terciaria.
En una economía con fuerte base ganadera, la pérdida de forraje y las dificultades de movilización animal elevan el riesgo sanitario y los costos operativos. El efecto dominó impacta transporte, comercio minorista y abastecimiento regional.
La activación de estos sistemas internacionales implica acceso prioritario a imágenes de alta resolución y análisis especializados para escenarios de desastre.
Según la UNGRD, la activación “representa un avance significativo en la gestión de la emergencia, al proporcionar evidencia técnica que optimiza la coordinación interinstitucional y mejora la planificación de las acciones de respuesta”.
En términos prácticos, el mapeo satelital permite cruzar la mancha de inundación con redes viales, centros poblados, infraestructura eléctrica y áreas productivas. Eso cambia la forma en que se distribuyen ayudas, se priorizan intervenciones y se proyectan impactos económicos. No es solo una fotografía; es una herramienta de gestión estratégica.
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Lo que añade complejidad a esta emergencia es su temporalidad. Febrero suele marcar una transición hacia condiciones más secas en varias zonas del Caribe colombiano. Sin embargo, la presencia de frentes fríos y anomalías en los patrones de precipitación ha generado lluvias intensas fuera de temporada.
El Ideam ha advertido que el trimestre febrero–abril de 2026 podría registrar precipitaciones por encima de los promedios históricos en algunas regiones del país, lo que mantiene activas las alertas por posibles nuevas crecientes súbitas y deslizamientos.




